Salvan vida de joven cubano en medio de huracán

El caso de Alfredo González Valdés, herido en la frente mientras Ike azotaba, es testimonio de profesionalidad, valentía y solidaridad

Autor:

Zenia Regalado

Alfredito junto a su papá, el profesor Iván Arenas y el residente de Mali. Foto: Santiago Calero PINAR DEL RÍO.— Salvar una vida siempre es un acto para el que no hay adjetivos; pero hacerlo bajo un huracán cobra ribetes épicos.

El jovencito Alfredo González Valdés, de 16 años, nació por segunda vez el día en que el huracán Ike azotaba la provincia.

Una herida en su frente así lo denota. Aún hoy su padre, Alfredo González González, no ha podido borrar las huellas de la tensión de su rostro: creyó que su hijo había muerto.

Ambos salieron a ver cómo se encontraban los evacuados que estaban en la unidad básica de servicios de Bahía Honda, de la cual Alfredo es el director. Se trataba de enfermos ingresados en el hospital del municipio, el cual está en una zona que generalmente se inunda. Por ello fueron trasladados.

A las 8 de esa mañana padre e hijo iniciaron su recorrido. Después Alfredo decidió echarle aire a una goma de repuesto del carro que no tenía aro. Así lo hizo hasta que llegó a las 30 libras.

Colocó el pie encima de ella y trató de echarle un poco más. No tuvo tiempo de pensar ni darse cuenta de nada ante aquella explosión que dejó a su hijo tendido en el suelo, con una herida en la frente y la cara ensangrentada. Pensó que estaba muerto. La presión del aire dobló el aro de la llanta.

Un carro que pasaba llevó al muchacho hasta el Puesto de urgencias del municipio, ubicado en la sala de maternidad y reforzado con médicos del hospital de San Cristóbal.

En el pueblo de Bahía Honda había tres ambulancias para cualquier eventualidad.

Después de tanta zozobra el padre afirmó en la sala R de Neurocirugía del hospital docente Abel Santamaría, pocas horas antes del alta médica: «Mi hijo vive gracias a la rapidez con la cual actuaron los médicos y paramédicos, sobre todo el doctor Lázaro Silva Ramos quien, junto al resto del personal que estaba en esas funciones, organizó inmediatamente el traslado hacia el hospital Comandante Pinares, de San Cristóbal».

Ráfagas en San Cristóbal

Relata el padre que al llegar a ese pueblo ya se sentían los vientos del meteoro; pero los médicos esperaban la llegada de Alfredito y sabían en qué condiciones estaba.

El profesor y especialista Iván Arenas, jefe de los Servicios de Neurocirugía del Abel Santamaría se comunicó con el equipo de San Cristóbal.

«Todo fue preciso como el mecanismo de un reloj; he pensado mucho en ello», afirma el progenitor.

Poco tiempo después de estar allí, el falso techo comenzó a desplomarse ante la intensidad de los vientos. El personal de salud pública trasladaba a los enfermos hacia áreas más seguras.

Después de realizarle varias placas, lo sitúan en Pediatría, reubicada en ese momento en el lugar más resguardado, en la planta baja. Allí lo atendió el doctor Yerri.

Traslado a Pinar

No hay un solo detalle que se escape de la memoria del padre al recordar aquel difícil itinerario:

«En el recorrido desde San Cristóbal, al llegar a Los Palacios el huracán Ike azotaba con fuerza. En el puente de San Diego de los Baños nos detuvimos, pues el equipo de la ambulancia 304, de La Habana, que estaba de apoyo en el Abel Santamaría, nos indicó a mi esposa y a mí que nos corriéramos para la parte de mayor impacto del viento y así hacer contrapeso.

«Entonces el chofer continuó despacio bajo las ráfagas, hasta que poco a poco salimos de lo más difícil. Llegamos a las tres y diez de la tarde al hospital Abel Santamaría, en el cual se encontraban Iván Arenas y su equipo, quien desde la mañana se había comunicado con el personal de San Cristóbal.

«Desde el día de Ike hasta la fecha no he tenido ninguna queja aquí. Diariamente en esta sala, la R, lo ven varios neurólogos y discuten el caso. Veo a mi hijo muy bien y me parece que es mentira», asevera Alfredo mientras mueve la cabeza a ambos lados como quien aparta una pesada carga.

El crimen de un experto

Iván Arenas explica que el accidente le provocó a Alfredito una fractura de cráneo con hundimiento del hueso frontal, a lo cual se le añadieron complicaciones anatómicas.

«Inicialmente —abunda— el sistema de urgencia médica lo trasladó al hospital de San Cristóbal, un centro muy afectado por Gustav, el primer huracán, y que sin embargo durante el segundo ciclón mantuvo su vitalidad en los servicios de emergencia.

«A las nueve de la mañana el Puesto de mando del sistema de urgencias médicas nos comunicó el estado del paciente, lo cual no se podía aislar de la grave situación meteorológica. Nos comunicamos con el hospital Comandante Pinares, y a mi juicio, de manera científica y solidaria decidimos que lo más prudente era no transportar al muchacho hacia el Abel, pese a que sabíamos que necesitaba intervención neuroquirúrgica.

«Nos pusimos de acuerdo en la conducta e indicaciones médicas que se debían seguir para mantener al paciente con adecuada vitalidad y sin agregar complicaciones.

«En horas del mediodía ya el salón de operaciones estaba preparado para tal contingencia, a pesar del impacto de Ike.

«A mi juicio lo más importante no fue la operación neurológica, la cual es una cirugía convencional: esquirlectomía con plastia y sutura de la duramadre, de la cual se hacen decenas en un mes; lo que más se destacó fue la profesionalidad del Servicio de emergencias del hospital Comandante Pinares; la valentía y pericia en el traslado, así como la actitud y de-

senvolvimiento del residente de Neurocirugía, Mahamadou Dama, de Mali, el primer especialista de esta rama que tendrá dicho país africano».

El africano cubano

La familia de Alfredito está encantada con Dama, por lo certero que es en el diagnóstico de los síntomas, lo cual ha hecho que se sientan confiados.

Con este joven de 30 años, que llegó a Cuba en septiembre de 1998 —un día antes del aniversario de la independencia de Mali— conversamos en la sala de Neurocirugía.

Nos contó que especialistas cubanos son los que dan este tipo de atención en su país, cuyos pacientes deben trasladarse a Senegal o a países árabes para someterse a operaciones como la de Alfredito.

Dama estudió Medicina en Cuba y retornó a Mali después de ser el mejor graduado extranjero en 2005. Estando allí su presidente vino a Cuba y otros estudiantes africanos le hablaron de la necesidad de formar neurocirujanos. Entonces surgió el nombre del entrevistado.

«Nuestro presidente —refiere Dama— habló con Fidel para la posibilidad de enviar a alguien a dichos estudios, por suerte me tocó a mí, que había sido antes alumno-ayudante de Medicina interna.

«Iván Arenas ha sido más que un profesor; ha sido como un padre. También Sergio Márquez me ha enseñado muchísimo. En el pregrado recibí magníficas enseñanzas de los doctores Pucho Paz y de las clínicas María de los Ángeles y María Teresa».

Dama es un genuino resultado de las relaciones de la Isla con los países africanos.

«Cuba también es mi tierra y cambió mi vida. Lo que se dice de aquí en el extranjero me molesta. Su sistema de educación médica enseña mucho porque el alumno desde bien temprano se vincula con los centros asistenciales, con pacientes y enfermedades».

Alfredito

«Me siento bien. Los médicos me han atendido muy bien. Todos los días vienen a mi cama y hablan conmigo.

«Estudio en el politécnico Grito de Baire, de Luis Carrasco, Bahía Honda».

Conversa coherentemente, sin tartamudeos y sin siquiera tener que detenerse a pensar.

No pudimos hablar con su mamá y la hermana que habían salido, pero que se han mantenido todo el tiempo en el hospital, alternándose gracias a la ayuda de unos familiares que viven en la capital provincial.

Quizá en el momento de publicar este reportaje ya Alfredito esté de vuelta a casa, pues su evolución ha sido satisfactoria. A partir de ahora celebrará dos cumpleaños.

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