Santa Cruz, una ciudad de mellizos

Quien pase unas horas en este pueblo del sur camagüeyano puede llegar a creer que allí se ejecuta un experimento de clonación humana

Autores:

Mileyda Menéndez Dávila
Eyling Ruiz

SANTA CRUZ DEL SUR, Camagüey.— Cualquier visitante que pase más de tres días en este pueblo, tarde o temprano terminará creyendo que es víctima de una rara paranoia o ha empezado a ver doble por efecto del calor.

Imagínense entrar en la tienda Costa Sur, recibir atención del dependiente Ariel Macides Viamonte y la cajera Yanet Alcalá Espinosa, y a los pocos minutos ver de nuevo esos mismos rostros en similar función, pero en la TRD Caribe, bajo los nombres de Yunier y Yaneisy.

Aún sin reponerse de la sorpresa, le invito a visitar la ESBU Camilo Cienfuegos, donde hay ¡cinco! parejas de mellizos entre el alumnado, además de la profesora Mayelín Cárdenas Ballester, cuya gemela Maylín trabaja en Salud, donde también se puede ubicar a Dianerys, hermana de la trabajadora social Dianelys Lachicot Toledo, quien a su vez es colega de las mellizas Yaneisy y Yunaysi Torres.

Pero ahí no acaba todo: en Barrio Paloma, nacido a raíz del pasado huracán para acoger a personas damnificadas de la playa, viven Bárbara y Regla Rodríguez Ávalo, ambas clarinetistas de la banda municipal.

Según Emilio Fonseca Amador, historiador del poblado, Santa Cruz del Sur cuenta actualmente con unos 49 000 habitantes. Hace apenas una década rebasaban los 60 000, pero la tendencia que se vislumbra es a seguir bajando ¡a pesar de los partos múltiples!, un fenómeno que merece ser estudiado.

Los mellizos más jóvenes del territorio son Edenis y Edelis Olazábal Nápoles, nacidos el 16 de noviembre de 2005, nos informa Nelson Collot, jefe de la Oficina del Carné de Identidad y Registro de Población santacruceña. Los mayores mellizos vivos son Homero y Onelio Ruiz Senoceaín, quienes esperan cumplir 82 años de admirable salud el 7 de febrero de 2010, fecha en que los inscribieron, aunque nacieron un mes antes.

Ni a la pelota...

Mucho se cuenta sobre las bromas que suelen gastar las personas mellizas a quienes no logran distinguirlas, pero Onelio y Homero aseguran no haber intercambiado nunca las novias u organizado escapadas de la escuela, a pesar de ser tan idénticos que incluso ahora se les puede confundir.

Ambos hablan despacio, con el mismo timbre y tono de voz. Cada uno deja la idea a medias, y el otro la concluye con naturalidad, tal vez sin percatarse. A cada momento debemos levantar la vista de la agenda o no podríamos diferenciar quién habla en esta curiosa charla doble.

«De pequeñitos, mamá nos reconocía por los lunares que tengo en la espalda», recuerda Homero, y cuenta también que las malas lenguas los acusaban de intercambiar camisas a la hora de batear en el equipo Hatuey, al que ambos pertenecían en su lejanísima juventud.

Onelio dice no recordar algo así: «¿Para qué, si ambos éramos buenísimos en la pelota?», afirma suavemente, y el tema se desvía hacia la actuación del equipo Cuba en el reciente campeonato mundial.

La esposa de Onelio, Avelina Corona Senoceaín, asegura que ambos han sido siempre muy tranquilos y unidos. Se parecen en la forma de caminar, de pararse, en el pelo… Ambos usan gorras y toda la vida se levantaron muy temprano para hacer el café en coladera, a la antigua usanza. También se apasionan por las mismas cosas y cultivan en el pueblo su prestigio de ser gente honrada y trabajadora.

Según pudimos comprobar, muchas veces reciben saludos en la calle de gente que no conocen, pero siempre responden con afecto, por educación, y para no dar una mala imagen del hermano, pues se quieren tanto que no pasan un día sin llamarse o visitarse si no coincidieron en la tienda, aunque uno viva al fondo de la cuadra del otro.

Avelina y Onelio se casaron en 1959. Homero desposó a Emma antes, en 1952. Ambas parejas permanecen unidas, y para la familia resultó siempre simpático ver cómo los nietos, de pequeños, confundían cada abuelo con su mellizo.

Le preguntamos sobre esas teorías que afirman que los gemelos se enferman juntos o sienten el mismo pesar aunque estén lejos. Ambos se miran como consultándose y niegan que les ocurriera algo así de manera especial.

«Por lo general somos muy sanos», afirma Onelio. «Claro que ni fumamos ni bebemos alcohol. Yo me retiré en el año 2003, y mi hermano en el 2000». Ninguno de los dos faltó al trabajo un solo día por quedarse dormido o hacer otras cosas por ahí. «¡Hasta se nos acumulaban las vacaciones de un año para otro!», dicen a coro, con orgullo.

Viven con la tranquila seguridad de quien espera ver aún muchas cosas en el mundo. Antes de nacer ellos, la madre tuvo otro parto de mellizos. Uno de los bebés murió a los pocos meses y el sobreviviente rebasó los 70 años. La hermana mayor de la familia, Estela, cumplirá pronto 92 años en Camagüey.

Ningún descendiente de los cuatro hermanos, hasta el momento, ha tenido mellizos, pero en este pueblo de duplas y sorpresas cualquier cosa puede suceder.

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