¿Toques que no nos «tocan»?

Las acciones de la campaña antivectorial no pueden dejar de acometerse aunque puedan resultar molestas para algunas personas

Autor:

Ana María Domínguez Cruz

Osmany Boloy toca a la puerta... pasan diez minutos. Vuelve a tocar y pasan diez minutos más. No se da por vencido. Sabe que la casa no está sola y esperará. A tanta insistencia, finalmente le abren.

—¡Los «mosquitos» otra vez!, dice una voz.

—Sí, una vez más.

«Debemos tener mucha paciencia. A veces no nos abren la puerta o nos atienden de mala gana, e incluso, nos dan el papel para que firmemos nada más. Eso no es lo más importante. Nuestro trabajo en la Campaña contra el Aedes aegypti es dejar cada vivienda libre de sospechas, revisar todos los depósitos, los vasos espirituales, fumigar, aplicar el flameo o el abate. No es tan simple, y necesitamos de todos para ayudar a la comunidad al mismo tiempo», cuenta Boloy, un joven operario de vectores.

«Es lógico que las personas sientan molestia cuando interrumpimos sus quehaceres, pero es necesario dejarnos trabajar. ¿Por qué esperar a que algún familiar o un vecino se enferme para preocuparse, si el trabajo día a día es más efectivo?», comentó Osvaldo Rodríguez, otro operario de vectores.

El dengue es una de las enfermedades que ha venido amenazando la salud en los últimos tiempos debido a las condiciones climáticas, favorables a la proliferación del mosquito Aedes aegypti. La constante y eficiente atención médica no debiera ser el único eslabón de la cadena, pues el trabajo preventivo garantiza mejores resultados, sin llegar a casos extremos.

Por ello, ante la llegada del invierno y la confluencia de otras enfermedades como la conjuntivitis y la Influenza A (H1N1) —esta última con síntomas similares al dengue— la campaña enfrenta una etapa de ofensiva.

Cada mañana en el policlínico Héroes del Moncada, del municipio capitalino de Plaza de la Revolución, sus 32 operarios se alistan para una jornada más de intensa faena. A ellos se suman trabajadores de disímiles centros laborales, quienes brindan un servicio de apoyo en las 9 732 viviendas de la zona atendida.

Focos peligrosos

El tratamiento adulticida y el focal son desarrollados con igual intensidad. Este último, mucho menos agresivo, garantiza una mayor higienización y atención en las viviendas, lo que, incluso, pudiera evitar la fumigación.

«En el área que atendemos, desde la calle G hasta 8 y desde 35 hasta Línea, se han detectado focos, fundamentalmente intradomiciliarios.

«También tenemos tres zonas de alto riesgo en las que trabajamos durante todo el año, además de la gran cantidad de centros laborales, por ejemplo, todos los hospitales en el Anillo del Príncipe, la zona del Teatro Nacional y la zona del Ministerio de la Construcción», explicó Leticia Gosli, vicedirectora de Higiene del policlínico.

Hace tan solo dos meses que Holy Ballester trabaja como operario de vectores en esta zona. Reconoce que el cansancio se hace más evidente cuando ya son más de las seis de la tarde y aún no ha concluido.

«Comenzamos a trabajar desde temprano, pero no en todas las casas hay personas durante el día. Esas viviendas, que no se pueden atender en ese momento, debemos recuperarlas después de las cinco de la tarde. A esa hora, llegan la mayoría de las personas que trabajan y les resulta complicado atendernos o fumigar. Es lógico, pero preservar la salud es lo primero y ese es el objetivo de nuestro trabajo, sobre todo en momentos como este.

«Existe un sistema de multas y sanciones para aquellas personas que desperdicien el abate o se nieguen al tratamiento adulticida, pero no creo que sea necesario llegar a ese extremo, si se permite la revisión de las viviendas con frecuencia», añadió.

Para Gerardo González, otro operario que labora en la zona, el problema fundamental radica en que la población no tiene suficiente conciencia de la importancia de esta labor.

«A pesar del tiempo que llevamos trabajando en la prevención del dengue y de la información reiterada en la televisión y en otros medios, eso es lo que se refleja. Y resulta contradictorio porque una vivienda atendida, revisada y fumigada, es una vivienda libre de riesgo de infestación del mosquito, y eso es lo que todos deseamos».

Ahora soy quien toca

Desde julio de este año, Alberto Martínez no viste de blanco y negro, los colores habituales de su uniforme de gastronómico. Tampoco en su casa se esconde de los fumigadores o de los inspectores, porque ahora es uno de ellos.

Cada mañana, «bazuca» en mano, apoya a los trabajadores del policlínico Héroes del Moncada en la Campaña contra el Aedes aegypti. Diariamente recorre las casas que le asignan y él siempre les lleva su sonrisa.

«Ya no soy un simple ciudadano que mira por el visor de la puerta para huir de los “mosquitos”. Ahora soy yo quien toca aunque no vista de gris. Precisamente por eso me ha resultado difícil hacer este trabajo, porque no tengo uniforme ni identificación de operario. No en todas las viviendas te abren las puertas para dejarte fumigar o revisar los depósitos.

«Resulta muy agotador ir de casa en casa durante todo el día para garantizar el cumplimiento de la campaña. Pero ese es mi trabajo ahora, cuidar de la vida de los demás. Y en la situación actual debe ser más intenso pues, aunque hay mucha divulgación, la población debe tomar más conciencia».

Durante la etapa intensiva todos cooperan, pero no es necesario esperar a que llegue ese momento para actuar de forma correcta. Posiblemente, hasta que no se tiene conocimiento de un caso de alguien enfermo, las personas no se preocupan realmente.

Por eso es que Elba Carmenate, trabajadora de la Dirección Nacional de la ECOI-5, piensa que hace falta un trabajo persuasivo más fuerte para que cada ciudadano sea un campañista en su hogar o en su centro de trabajo, donde con más frecuencia ha visto actitudes de indiferencia.

«A veces las personas se quejan de la frecuencia de nuestras visitas y es necesario explicarles la gravedad de la situación que hoy vive el país en cuestiones de salud.

Hay que recordar que la calidad del producto con que se fumiga está garantizada, pero que es importante mantener la vivienda cerrada completamente durante 30 minutos como mínimo, tiempo que sabemos no siempre se cumple en la práctica», expresó.

Según Yamilé Pérez, jefa del Departamento de Vectores del policlínico, la efectividad del producto es la misma aunque haya diferencias en la manera en que se efectúe el tratamiento adulticida.

«En la bazuca se mezclan productos insecticidas como la cipermetrina con petróleo y gasolina, de ahí que se produzca humo al fumigar. Ese mismo producto, pero mezclado con agua, es lo que llevan las motomochilas. Es menos fuerte pero de imprescindible uso en aquellos domicilios donde haya alguna persona enferma o discapacitada, que no pueda salir de la casa en el momento de la fumigación», añadió.

En muchas ocasiones, los operarios y todo el personal que labora en la campaña se han enfrentado a la penosa situación de que las personas se quejan de no saber cuándo fumigarán sus casas.

Sin embargo, la doctora Leticia revela que la programación del tratamiento adulticida se diseña en el puesto de mando del policlínico diariamente, con la participación de los factores de cada circunscripción y algún miembro de la comunidad. A través de los médicos de la familia también se divulga esa información, que lamentablemente no siempre llega a los vecinos.

No se interfiere en la rutina de los centros educacionales, pues la fumigación allí se efectúa después de las 5:00 p.m. o los sábados, día en que también se atienden  los hospitales.

La labor sanitaria de prevención se complementa con las visitas de los médicos de familia a los hogares para detectar casos de fiebre.

Los prejuicios de la población afectan realmente el trabajo del personal de la Campaña, pero no mellan su disposición de cumplir con su deber.

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