Celia Sánchez, su memoria en el pueblo

El cumpleaños 90 de la revolucionaria cubana, Celia Sánchez Manduley, fue recordado con un encuentro entre especialistas de su casa natal y los de la institución homónima que perpetúa la memoria de Vilma Espín

Autores:

Luis Hernández Serrano
Osviel Castro Medel

Había como una luna nueva y el viento soplaba desde el oeste cuando Celia Esther de los Desamparados Sánchez Manduley nació en Media Luna, Oriente, el 9 de mayo de 1920. Y hoy, que cumple 90 años, apenas está disimulada en la eternidad.

Ejerció sus primeras diabluras y vivió gran parte de sus primeros veinte años, en una Media Luna en la que se sentía más arraigada, porque allí transcurrió toda su niñez, su adolescencia y los primeros años juveniles.

Manzanillo —que la acogió durante su juventud— fue para ella una época linda, el escenario de su lucha clandestina y la ciudad que supo retribuir su heroísmo.

Pilón le resultó algo especial, lugar recóndito que amó entrañablemente y la marcó por toda su vida como ha expresado Maritza Acuña Núñez en la Casa Natal, su Museo.

Aunque cubana por encima de todo, desde los abismos de su ser, Celia extrañaba Media Luna, Pilón, Manzanillo y Granma, porque la mejor relación que se puede tener con un pedazo de tierra es justamente la añoranza.

Desde joven sabía cómo se llamaban las cosas, y por eso siempre tuvo salvada la mitad de su alma, en particular desde aquel 21 de mayo de 1953 en que filmó con una camarita aficionada de ocho milímetros la película del develamiento del busto del Apóstol en la cima del Turquino, junto a la escultora pinareña Gilma Madera y su padre, el doctor Manuel Sánchez Silveira, donde varios años después estuvo, fusil en mano, con Fidel y Raúl.

Cuando aún no sabía si el jefe del yate insurrecto y fundador se había salvado, las ideas le venían a golpe de mochila y le dolían. Pero cuando supo que Fidel estaba vivo, sintió como si soltara algo dentro de sí que hubiera zafado un nudo, convencida de que el arribo a nuestras costas era apenas el comienzo de todo.

Junto a la voluntad y la confianza de 82 hombres, estaba su apoyo en tierra firme, donde ella vibraba —infatigable y oportuna— como líder y hacedora de caminos, mucho más que una brújula de las acciones que desde hacía meses se preparaban, con el Grupo de Apoyo, para recibir a los expedicionarios.

Celia combatió por primera vez en Uvero, cuando todavía no estaba incorporada definitivamente a la guerrilla. Allí estuvo en la primera línea de fuego y empuñó por primera vez la carabina M-1 que la acompañó durante su estancia en la Sierra Maestra y se guarda en el museo que la recuerda.

Participó también en el combate de Pino del Agua, en la batalla de Guisa y estuvo en las acciones más importantes de la Columna 1 José Martí, comandada por Fidel.

Ya tras 1959, también al lado del Comandante en Jefe, era una verdadera artista en la obtención de la verdad, en el acopio de documentos históricos y en descubrir zonas de interés allí donde otros ojos se posaban indiferentes.

Anduvo por donde no había sitio para andar, y alegre como una niña en vacaciones, disfrutó los años de la Revolución que ayudó a forjar y a crecer, creadora, contenta y feliz junto a Fidel.

Murió de una herida sin cura, con su arco tenso, adusta como un paraje volcánico. Pero es inolvidable, porque el más artista de los pájaros —la alondra— cuando la hiere el cazador, herida canta. Y ella lo hace en nuestros corazones: así permanece en su marcha inexorable hacia el confín de su destino.

El tiempo no ha disecado sus pétalos. No es una rosa mustia su memoria en el pueblo. Y todo… porque Celia —a más de Flor— es sangre propia y reliquia del alma.

Dos grandes cubanas unidas por la historia

MEDIA LUNA, Granma.— La Heroína de la Sierra y el Llano, Celia Sánchez Manduley, fue recordada en este poblado donde vivió hasta los 20 años y en la propia casa en que nació, hace exactamente este domingo nueve décadas justas.

El homenaje a la primera guerrillera de Cuba propició un conversatorio entre especialistas del museo Casa Natal de Celia y la institución homónima que perpetúa, en la provincia de Santiago de Cuba, la memoria de la presidenta eterna de la FMC, Vilma Espín.

En el encuentro, la historiadora anfitriona Maritza Acuña, expuso que pesquisas de investigadores del Consejo de Estado habían revelado una feliz coincidencia: el domingo 9 de mayo, en el que nació Celia, se celebró en el país el Día de las Madres.

«Si bien Celia no concibió hijos sanguíneos siempre tuvo una actitud maternal y fue madre de miles de cubanos que vieron en ella un refugio tierno», dijo la directora de la institución, Monumento Nacional.

En la charla, antecedida por compases de guitarras, el historiador Aldo Daniel Naranjo, autor de varios libros, hizo una apretada síntesis de algunos rasgos de Celia y recordó cómo Fidel sin conocerla, después de la descripción que le hiciera Frank País en México y ante la pretensión de la mujer de convertirse en expedicionaria del Granma, reconoció que su mejor lugar era la zona de Manzanillo porque allí apoyaría mejor el desembarco.

Por su parte, Margiola Sánchez, directora del museo Casa Natal de Vilma evocó cómo ambas guerrilleras coincidieron en tiempo y espacio para dar luz a la nación.

En el encuentro los trabajadores de ambos museos explicaron algunos de sus proyectos comunitarios, que pretenden acercar desde un perfil más humano las figuras de las dos excepcionales luchadoras al pueblo.

En el tributo por el 90 cumpleaños de la Heroína, el pueblo de Media Luna depositó en el Parque de los Mártires, donde existe una escultura de Celia, una ofrenda floral.

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