Que cante libre el tomeguín

«Echar a pelear a estos hermosos y tiernos animalitos es una tendencia creciente en diversas regiones del país», denuncia el joven biólogo Seriocha Amaro Valdés, investigador del Instituto de Ecología y Sistemática del CITMA

Autor:

Luis Hernández Serrano

Las peleas de gallos son una discutida tradición de Cuba. Ahora tenemos también las peleas de perros, y desde hace mucho tiempo personas indolentes comenzaron a practicar el pernicioso hábito de echar a pelear a los ejemplares machos del tomeguín del pinar, ave endémica de Cuba y, por tanto, uno de los tesoros de nuestra biodiversidad.

Por tratarse de un asunto de tanto interés y actualidad, conversamos, en su propia casa, en el municipio capitalino de Boyeros, con el joven biólogo Seriocha Amaro Valdés, investigador del Instituto de Ecología y Sistemática del CITMA, quien accedió a este interesante diálogo.

Seriocha comienza por apuntar que está en contra de la tenencia en alto número —en jaulas— de esta ave (salvo cuando se realice con fines de estudiar determinados parámetros de su biología, en particular su reproducción).

«Mucho menos tolero que empleen los machos del tomeguín del pinar para pelearlos como si fueran gallos finos. Esta lamentable conducta viene reportándose desde la década de los años 70 por el ornitólogo cubano —ya fallecido— Florentino García Montaña. Sin embargo, en la actualidad, ha aumentado en diferentes municipios de la región occidental del país, en los poblados de Artemisa, Guanajay, Cabaña, Quiebra Hacha, San José de las Lajas; en territorios pinareños de San Juan y Martínez; y el propio municipio de Pinar del Río, así como en localidades aisladas de la provincia de Matanzas.

«También en la capital del país se realiza esta penosa práctica. En las provincias centrales y en las orientales de la nación, no se conoce que se realicen estas censurables peleas de tomeguines propiciadas por el hombre».

—¿Cómo se efectúan las peleas?

—Las personas que participan colocan una jaula cerca de la otra, con dos parejas de esta especie cada una. Luego del lógico intercambio visual y sonoro de los machos de ambas parejas, colocan a los dos machos en una jaula mucho mayor, pero manteniendo las que ocupaban estos con las hembras a la vista de sus cónyuges, para que estimulen con su canto la inevitable y curiosa agresividad de los contendientes.

«Se conoce de peleas que han durado hasta 21 minutos, pero por lo general solo duran unos pocos, hasta que uno de los dos peleadores vence al otro. Afortunadamente, debido al pequeño tamaño del pico de estas avecillas rivales, los daños que se inflingen mutuamente no son de consideración. Los enfrentamientos no son tan cruentos como ocurre en el caso de otros animales.

—¿Qué medidas recomiendas para reducir esta desagradable práctica de echarlos a pelear?

—Como medida fundamental recomiendo la educación ambiental de la población. Hay que inculcar en las personas de diferentes edades el amor por la naturaleza, el valor y cuidado de nuestros recursos naturales, sobre todo aquellos que son exclusivos de nuestra nación, como este simpático e inquieto animalito de que hemos hablado.

«Es sumamente útil educar —en particular a los niños, adolescentes y jóvenes— en la realización de prácticas menos agresivas y mucho más nobles hacia la naturaleza, tal como vienen educando en este sentido a niños y jóvenes los especialistas de cuatro importantes instituciones: el Instituto de Ecología y Sistemática, la Facultad de Biología de la Universidad de La Habana, el Museo Nacional de Historia Natural y el Centro Oriental de Ecosistema y Biodiversidad (BIOECO).

«Recomiendo también —como hace tres décadas dijera Florentino García en el Tomo I de su obra Las aves de Cuba, que trata sobre las especies endémicas, publicada en 1982 por la Editorial Gente Nueva—, ir sustituyendo poco a poco los tomeguines y otros pájaros cubanos silvestres que enjaulamos, por canarios, pericos de amor o roseicollis, el perico collarino, los periquitos australianos, el gorrión gould, todas ellas aves del Viejo Mundo, que han sido adaptadas por el hombre al cautiverio desde hace muchos siglos.

«Es necesario mejorar y fortalecer los mecanismos de regulación y de control para prevenir y sancionar la caza ilícita, así como el comercio de diferentes especies y otros recursos de la naturaleza. Y en el caso concreto que nos asiste en esta ocasión, sugiero que se deje cantar libre al tomeguín».

—¿Qué característica tiene este pajarito?

—El tomeguín del pinar, conocido en la región oriental con el nombre de senserenico, nombrado científicamente Tiaris canorus, que alcanza 11 centímetros de longitud, se distingue por la presencia de un collar de plumas amarillas, dispuesto a cada lado del cuello, que rodea a un rostro de color negro lustroso.

«En la parte superior de su cuerpo posee plumas de color olivaceo y en la región ventral son de color pardo ceniciento y el pecho negro. Estas características corresponden al macho, porque en las hembras el color del plumaje es más claro, con algunas diferencias, debido al dimorfismo sexual. En la época reproductiva, después que se forman las parejas, ambos cónyuges establecen un fuerte vínculo. Esta especie construye un nido globoso con entrada lateral y la hembra pone dos o tres huevos de color blanco azuloso con manchas pardas».

—¿Dónde vive esta ave canora?

—El tomeguín del pinar está distribuido en todo el territorio nacional, aunque desde el siglo XIX, en que fue observado en Nueva Gerona por el célebre naturalista alemán radicado en Cuba, Juan Cristóbal Gundlach, no se ha reportado más en la Isla de la Juventud.

«Esta ave se localiza en sabanas, en la periferia de los bosques y en áreas naturales próximas a las zonas urbanas».

—¿Solo se localiza en Cuba?

—No. El tomeguín del pinar fue introducido y establecido en la isla de Nueva Providencia, perteneciente al archipiélago de Las Bahamas.

—¿Cómo llegó a ese lugar?

—El 23 de marzo de 1963 un avión que llevaba una carga de 600 pájaros de Cuba hacia España, hizo un aterrizaje de emergencia en Nassau. Aproximadamente 200 aves murieron antes de que pudieran soltarse. El resto se liberó por razones «humanitarias», como plantea Anthony White y colaboradores en un artículo de la revista American Birds, de 2005.

«Precisamente a partir de aquel año 1963, el tomeguín del pinar se hizo frecuente en la isla de Nueva Providencia. La introducción de esta ave allí no determina de ningún modo que deje de ser por eso considerada endémica de Cuba, ya que fue llevada a esa isla por el hombre de manera accidental y no arribó o no se estableció en ese territorio por instinto o “voluntad propia”. Sin embargo, esta especie aparece —erróneamente— considerada como “ave nativa” de Las Bahamas por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN)».

—¿Es un ave escasa, o común?

—Los ornitólogos cubanos Orlando Garrido y Arturo Kirkconnell, en 2000, plantearon que el tomeguín del pinar es común en algunas regiones del país, pero en los últimos tiempos está declinando en las áreas cercanas a los asentamientos humanos.

—¿Esta situación permite considerarla como una especie amenazada?

—Todavía no, el tomeguín del pinar se encuentra en la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, bajo la categoría de «preocupación menor», es decir, afortunadamente no figura entre las especies amenazadas de extinción.

—¿Cuántas especies del género Tiaris existen en Cuba?

—Hay tres: el tomeguín del pinar, el tomeguín de la tierra y el tomeguín prieto. Otras dos especies de este género se localizan en distintos lugares de Sudamérica. Y algo muy interesante: de las tres especies cubanas, solo el tomeguín del pinar es endémico de una isla, Cuba.

De la Lista Roja

Las nueve categorías de la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) son: Extinto (desaparecido); Extinto en estado silvestre (solo en cautiverio); En peligro crítico (al borde de la extinción); En peligro (muy amenazado); Vulnerable (amenazado); Casi amenazado (cercano a la amenaza); Preocupación menor (no está en peligro de extinción); Datos insuficientes (no hay información adecuada sobre su estado de conservación); No evaluado (no está categorizado por la UICN).

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