¿La edad de la peseta?

Disfunciones familiares, falta de preparación de algunos maestros para lidiar con estas edades, diversidad de influencias de los medios y determinadas actitudes presentes hoy en la sociedad, son fenómenos sociales que afectan el desarrollo de la personalidad de los adolescentes

Autores:

Margarita Barrios
Mayte María Jiménez

Si difícil resulta olvidar los momentos que más nos marcaron durante la niñez, la adolescencia es una etapa que siempre guardaremos. Aquellos días de rebeldía, de deseos de reír y llorar, de hiperactividad o apatía, del primer amor y la primera decepción, de sentirnos hombres o mujeres antes de tiempo… estarán acompañándonos hasta la vejez como una película que contaremos a los más jóvenes.

Las historias son disímiles y todos las narramos desde prismas muy diversos, pues durante esta etapa comienzan a conformarse la personalidad y aquellas conductas que hoy tildamos de imposibles, en ese momento eran totalmente realizables.

Ana Teresa Gómez, de 27 años de edad, recuerda su adolescencia con añoranza. Siente que quisiera regresar a aquellos años cuando no tenía que preocuparse de nada, salvo de sus obligaciones como estudiante, ayudar a su mamá en la casa de vez en cuando, y eso sí, se reunía con las amigas para hablar de las últimas noticias de la moda, de la música y la farándula.

Piensa que la adolescencia es un proceso necesario para alcanzar la madurez y comenzar a asumir las responsabilidades que nos depara la vida. Sin embargo, es también un momento importante, durante el cual deben sentarse las bases para ser justamente adultos.

En ello coincide el joven Carlos Madruga, quien recuerda sus años de adolescente rebelde, cuando iba a la contraria de sus padres. Confiesa que actualmente ni él mismo se explica estas actitudes, pues reconoce que muchas veces asumía esas conductas «por gusto».

«Pero es así. No en vano a esos primeros años les dicen “la edad de la peseta”, porque es verdad que somos insoportables, y ni la mayor dosis de paciencia es suficiente para tolerar a un adolescente», comentó.

En el caso de quienes están transitando por este período, las maneras de asumir y pensar sobre la adolescencia pueden ser muy diferentes. Yeisa Alcántara, de 14 años, siente que su mayor deseo ahora es cumplir sus 15, celebrarlo con sus amistades y poder tener «ropa bonita».

Conversa con sus amigas sobre el color del vestido que quiere, de la música de moda, de la manera de conseguir el número del celular del muchacho que le gusta y qué hacer para conquistarle.

Mientras que su hermano Bruno, de 16 años, tiene como talismán un iPod, y su gran ilusión es tener un celular «que tire fotos».

Es cierto que ambos están en la Secundaria Básica, lo cual entraña responsabilidades: el estudio, pensar en vocaciones, en el futuro… aunque en la realidad sus decisiones y pensamientos de seguro distan mucho de la preocupación por lo que pueda ocurrir mañana.

Etapa vital

Para la psicóloga Laura Domínguez, la adolescencia y la juventud son etapas de tránsito entre la niñez y la adultez, un período del ciclo vital, con un conjunto de cambios biológicos, entre los cuales se destaca la maduración sexual, que prepara al sujeto para la procreación.

«No obstante, la adolescencia y la juventud también constituyen momentos claves en el proceso de socialización del individuo. Este le prepara para cumplir determinados roles sociales. Adolescentes y jóvenes deberán regular su comportamiento, de forma tal que alcancen una competencia adecuada ante las exigencias presentes en la sociedad en que se desenvuelven», explicó.

Según refiere la especialista, la adolescencia, como todas las etapas que conforman el ciclo vital del desarrollo humano, tiene un condicionamiento sociohistórico, lo cual significa que en los últimos tiempos este período se ha extendido.

En la sociedad contemporánea el adolescente ocupa una posición social intermedia. Por una parte, ya no es un niño, si tenemos en cuenta su maduración biológica y determinadas características psicológicas que lo asemejan al adulto; mientras que por otra tiene un «sentimiento de adultez», aunque depende todavía económicamente de su familia.

Ahora bien —advirtió Laura Domínguez—, esta posición social intermedia y los cambios biológicos a los que hacíamos referencia, así como la intensa formación, desde lo psicológico, de la identidad personal de los adolescentes, se convierten en factores desencadenantes de la llamada «crisis de la adolescencia», la cual va acompañada de un conjunto de manifestaciones, que conllevan desde los conflictos con los adultos, hasta el uso exagerado de la moda y de un argot propio, así como rebeldía, inseguridad y una tendencia a la soledad, entre otras actitudes.

Destacó que se establecen nuevas formas de relación con los adultos, a veces generadoras de conflictos, así como se convierte en motivo de gran significación para su bienestar emocional la aceptación de sus coetáneos.

—¿Qué fenómenos sociales afectan actualmente esa etapa?

—Los fenómenos sociales que afectan negativamente el desarrollo de la personalidad de los adolescentes son las disfunciones de algunas familias o la falta de preparación de algunos maestros para desarrollar la labor educativa que se requiere, atendiendo a las características de estas edades.

«También está la influencia de los medios de difusión masiva, donde a veces, y sin una visión crítica de lo que se expone, se presentan modos de vida diferentes a los que nuestra sociedad quiere promover.

«A ello se suman determinadas actitudes presentes hoy en nuestra sociedad, las cuales se han ido desarrollando a partir del impacto del período especial en la subjetividad del cubano, como son el individualismo, la falta de compromiso con la tarea colectiva, la inercia, el conformismo y la doble moral, que de una u otra forma, también repercuten en la formación de la personalidad de adolescentes y jóvenes.

«Y una última cuestión, y no por eso menos importante, son las limitaciones de ofertas recreativas acordes con estas edades, así como al poder adquisitivo del promedio de los adolescentes y jóvenes para acceder a algunas de las existentes».

—¿Cómo sincronizar la vocación de los adolescentes con las necesidades técnicas y profesionales del país?

—En la adolescencia surgen intereses profesionales, pero la elección de la futura ocupación no constituye un elemento central en sus motivaciones.

«Esto parte de un proceso complejo, que para que se realice como verdadero acto de autodeterminación debe ser resultado de una valoración de los intereses y competencias personales de cada quien.

«Esta posibilidad se encuentra en mayor medida en la juventud, en la que surge una importante formación psicológica, que es la concepción del mundo, y se consolida el pensamiento teórico, surgido en la adolescencia.

«Elegir profesión, desde la autodeterminación, significa que ellos deben estar medianamente seguros de qué les interesa, pero también implica valorar si tienen aptitudes para acometer las tareas que se deriven de ese perfil profesional. A esto hay que sumarle que deben tener presente si en la realidad dicha elección es posible, en términos de acceso a los estudios que eligió, teniendo en cuenta los mecanismos establecidos de acceso a las especialidades de técnico de nivel medio y a los estudios de nivel superior.

«Por todo ello se trata de un proceso bien complejo, para el cual el adolescente no cuenta con toda la madurez psicológica requerida.

«Esto no significa que no debamos realizar acciones de orientación profesional con los adolescentes, para brindarles información y sensibilizarlos con las necesidades técnicas y profesionales del país.

«Aunque la familia desempeña un importante papel en el proceso de orientación profesional de estos muchachos, es el maestro el orientador profesional por excelencia, y quien desde las mismas asignaturas del currículo, puede vincular sus contenidos con las diferentes especialidades y carreras que sean, en cada momento, más necesarias para el país».

Organización primaria

En Cuba el bienestar de los niños ha sido un propósito inherente al proyecto social desarrollado durante medio siglo. El respeto y la atención a sus derechos constituyen una estrategia que de manera consciente y planificada permite la proyección de acciones en favor de la infancia.

El Estado protege los derechos de los más pequeños mediante la Constitución de la República y a través de los diferentes códigos, leyes y decretos del país, como el Código de la Niñez y la Juventud, el de la Familia, el Civil y el Penal.

Desde hace 20 años nuestro país asumió como ley la Convención sobre los Derechos del Niño, promulgada por el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), así como cuenta con un gran número de medidas legislativas, judiciales y administrativas relacionadas con la maternidad, la paternidad y la filiación en general.

A partir de los cambios socioeconómicos ocurridos en el país en la década de los 90, y basado en los aportes que brindan los estudios e investigaciones jurídicas y sociales, se continúa modificando y adecuando el cuerpo de leyes que favorece a la población infantil.

Adscrita a la Asamblea Nacional del Poder Popular funciona, con carácter permanente, la Comisión de Atención a la Niñez, la Juventud y la Igualdad de Derechos de la Mujer, la que en materia de protección desarrolla sus funciones auxiliando al Parlamento y al Consejo de Estado para una mejor atención a esos grupos poblacionales.

La Organización de Pioneros José Martí tiene como objetivo contribuir con una mayor intencionalidad en la formación integral de las nuevas generaciones, explicó Yamilé Ramos Cordero, presidenta de la OPJM.

La dirigente estudiantil advirtió que si bien la organización agrupa desde niños pequeños hasta adolescentes, trabaja de manera diferenciada según las edades y grados escolares.

«Hay movimientos pioneriles y procesos que desarrollamos en la Secundaria Básica que no los hacemos en la Primaria o los realizamos de manera diferente», apuntó.

Yamilé significó que en la etapa de la adolescencia surgen en los pioneros otros intereses. «A veces se desvían un poco del estudio, de la disciplina, del uso correcto del uniforme; incluso pierden interés en las actividades propias de la organización, porque se sienten grandes.

«Por eso dirigimos acciones con mayor exigencia, convocando y organizando actividades que permitan una participación más directa de ellos, que los motiven y estén más acordes con sus intereses y motivaciones.

«Por poner un ejemplo —dijo—, las elecciones pioneriles en la Primaria se desarrollan mediante el voto directo y público; sin embargo, en la Secundaria lo hacemos a través del voto secreto.

«Lo realizamos así porque ya están más cercanos a participar en las elecciones generales del país, y es una manera de prepararlos para ese momento», precisó.

Señaló también que actividades propias de la organización como los concursos, la emulación y el trabajo con la Historia de Cuba se llevan a cabo de maneras diferentes en la Primaria y en la Secundaria.

«Incluso las categorías del Movimiento de Pioneros Exploradores se diferencian y proponen tareas más complicadas para los de más edad.

«Y de forma especial los comenzamos a preparar para su futuro ingreso a la UJC, para que conozcan y se interesen por esa organización».

Realidad invariable

Desgraciadamente no todos los adolescentes del mundo llegan a esta edad con tan pocas preocupaciones o responsabilidades. Una buena parte tiene que aprender a ganarse la vida incluso desde niños, y sufre explotación laboral o sexual para obtener un bocado de comida.

«Estamos hablando de 1 900 millones de adolescentes. De ellos, el 88 por ciento vive en los países en desarrollo y solo el 12 por ciento en los Estados ricos; su desatención puede ser la brecha de una catástrofe insoluble, porque ellos son los adultos del mañana», destacó José Juan Ortiz, representante en Cuba del UNICEF.

El informe anual de esta institución en 2010 estuvo dedicado a la adolescencia. Ese estudio, el más importante que realiza el organismo de Naciones Unidas, arrojó cifras que ponen al descubierto la urgencia de proteger a quienes tienen en sus manos el futuro de la humanidad.

«Son seres muy activos, con un alto nivel de conocimiento con respecto al uso de las nuevas tecnologías, pero siguen siendo adolescentes.

«Es la etapa más compleja de la vida en el ámbito del desarrollo psicoemocional; por lo tanto son “seres problemáticos” con grandes potencialidades. Eso genera que hoy 240 millones de adolescentes en el mundo tienen problemas de salud mental».

Significó José Juan Ortiz la necesidad de que los Estados generen políticas públicas con una mirada diferenciada entre niños, adolescentes y jóvenes.

El funcionario explicó que este llamado significa decirle a la comunidad internacional que los adolescentes no son niños, pero están igual de desprotegidos. Ellos son nuestro mayor tesoro y también nuestro mayor reto, expresó.

«Cuba fue el primer país, y sigue siendo el único, en que el programa de colaboración con UNICEF tiene particularizado ese trabajo», acotó.

Ejemplos que entristecen

Los esfuerzos por proteger a la infancia en los últimos diez años en América Latina permitieron que a través de programas de salud 26 000 niños salvaran sus vidas.

Sin embargo, en ese mismo período, 80 000 adolescentes fueron asesinados. «La falta de políticas sociales ha disminuido la edad de los agentes violentos», explicó José Juan.

«El crimen organizado, el mundo del narcotráfico, el negocio de las mafias tiene un impacto muy negativo en los adolescentes, porque los adultos los utilizan; son más baratos y vulnerables.

«Más de un millón de adolescentes están hoy en cárceles, cuando la Convención de los Derechos del Niño, aceptada como ley nacional por 190 países —solo no fue ratificada por Estados Unidos y Somalia— les despenaliza.

«Los menores cometen actos tipificados como delitos, no delitos, por lo cual no deben ir a la cárcel, sino a instituciones como las que posee Cuba, que son escuelas de educación integral».

El informe señala que, aunque se ha conseguido aumentar la escolarización, solo el 50 por ciento de los adolescentes hacen la Secundaria Básica. En un mundo cada vez más tecnificado el noveno grado es fundamental, incluso para aprender algún oficio.

Por otra parte, 150 millones de menores de 15 años se ven obligados a trabajar, lo cual los convierte en esclavos, pues el trabajo infantil es ilegal. Sin una adecuada preparación para acceder al mundo laboral, van a estar para siempre excluidos del desarrollo.

«Cuando el niño abandona la escuela, la gran oferta que tiene es la calle, donde va a encontrar marginación y explotación», explicó José Juan.

«El riesgo tiene que ser combatido por políticas que garanticen la permanencia en la escuela hasta la Secundaria Básica; y que en el último año el adolescente decida si va a la formación laboral, que logrará en uno, dos o tres años de estudios, para pasar con una preparación adecuada al mercado laboral o seguir hacia la Universidad».

Embarazo adolescente

A finales del siglo pasado el inicio de las relaciones sexuales en el mundo estaba entre los 14 y 16 años; hoy está entre los diez y 14 años. Ello conlleva a que un 20 por ciento de los matrimonios tengan lugar forzados por la familia, antes de los 16 años.

«A esa edad no tienen capacidad y formación para analizar las consecuencias de un embarazo, o no se les ha informado de los riesgos que corren», destacó José Juan Ortiz, representante del UNICEF en Cuba.

«En la publicidad ponemos el consejo del Ministerio de Salud Pública, de mamá o papá, acerca de que tu cuerpo no está desarrollado para la maternidad…

«Cuba es un buen ejemplo y estamos empezando a cambiar esos mensajes, para que sean los mismos adolescentes los que establezcan la comunicación entre ellos.

«Que sea la misma muchacha la que cuente que ahora no puede ir más a la escuela, y desarrollarse emocionalmente con los muchachos de su edad. Ellos son los protagonistas de la crisis, la comunicación tiene que ser entre ellos.

También en el ámbito de la salud, el informe recoge que en relación con el VIH-sida, y aunque la pandemia se ha reducido en muchos países, solo el 30 por ciento de los adolescentes tienen una información adecuada sobre los riesgos, y de ellos el 19 por ciento son mujeres; los indicadores señalan que el contagio crece en la población femenina.

«La prevención tiene menos costo que la actuación —recordó el funcionario—; por ello las políticas de formación en salud son hoy más necesarias que nunca en los adolescentes».

Por último, el representante del UNICEF destacó: «Las implicaciones del futuro son políticas públicas que hay que aplicar en el presente. Cuando los adolescentes ejerciten sus derechos, asumirán sus responsabilidades».

La mejor garantía de la infancia y la adolescencia es la actitud responsable de cada país en la aplicación de las esencias de la Convención sobre los Derechos del Niño, adoptada como ley nacional por casi la totalidad de los países. Pongámosla en práctica.

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