La primera sangre en la guerrilla boliviana

Cuando se es revolucionario verdadero, se siente la necesidad de servir a la Revolución desde los lugares más difíciles, en los puestos de vanguardia, dijo Jesús Suárez Gayol en carta a su madre, antes de partir a la selva junto al Che

Autor:

Luis Hernández Serrano

Con el temor de que el Che lo descalificara y retirara del entrenamiento que servía para la selección definitiva de los guerrilleros de Bolivia, el hombre de esta historia caminó, sin decirlo, con gran dolor y molestia con un clavo hundido en un pie, pesada mochila al hombro, canana de balas y fusil en mano.

Esa fue una de las primeras pruebas de entereza y decisión revolucionaria de un combatiente especial que ha traspasado las fronteras de la muerte y el tiempo: Jesús Suárez Gayol. Joven, rubio, de mediana estatura y fuerte complexión, ejemplo de valentía, decisión, tenacidad e internacionalismo.

En la carta en que se despide de su madre para partir hacia Bolivia, el 2 de diciembre de 1966, le asegura: «Cuando se es revolucionario verdadero, se siente la necesidad de servir a la Revolución desde los lugares más difíciles, en los puestos de vanguardia».

En Camagüey había enriquecido su espíritu de lucha. Fue líder estudiantil, preparó huelgas y mítines contra el régimen de Batista, pronunció discursos, denunció al Gobierno y las torturas de la policía. Varias veces lo apalearon en los calabozos batistianos.

El asalto al Moncada lo marcó grandemente, y vio en la figura de Fidel y en la lucha armada el camino para conseguir la independencia verdadera; de ahí que en 1955 fuera en la ciudad de Agramonte uno de los fundadores del Movimiento 26 de Julio.

Matriculó Arquitectura en La Habana, y desde la histórica colina universitaria prosiguió su pelea contra la tiranía. Precisamente recibió allí su bautismo de fuego: un balazo a sedal en una manifestación. En marzo de 1957 se convirtió en combatiente clandestino en la capital cubana, donde también cayó prisionero. Después de múltiples gestiones, Aurora Gayol logró arrebatárselo a los esbirros de Batista y lo embarcó hacia los Estados Unidos para salvarle la vida.

Pronto viajó a Ciudad México y regresó a Cuba en abril de 1958, como miembro de la expedición de El Corojo. Por orden del Movimiento 26 de Julio organizó acciones combativas en la provincia de Pinar del Río, incendió una emisora de radio, acción en la que sufrió quemaduras en los pies, y a partir de ese instante lo persiguieron sin descanso para asesinarlo.

Debido a la represión, ya clandestino, apeló a los pseudónimos «Furia», «Dionisio», «Félix», «Armando» y otros, hasta que lo trasladaron hacia Las Villas, al mando del Comandante Guevara, quien poco después lo ascendió a capitán.

Luego del primero de enero de 1959 dirigió varias empresas azucareras en Cuba, entre estas el central Braulio Coroneaux, antiguo Ingenio Macagua, uno de los primeros nacionalizados por la Revolución.

Cuando fue convocado por el Che para viajar a Bolivia, ocupaba el cargo de viceministro de Industria. Orlando Borrego Díaz (veterano de la Columna 8 Ciro Redondo, entonces viceministro primero de Industrias y después titular de la industria azucarera), contaría que «al comunicárselo su reacción fue como la de un niño al que se premia con el más preciado juguete. Daba saltos de alegría y me abrazaba».

Semanas más tarde, en diciembre de 1966, se incorporó a la guerrilla. Ochenta y cinco días estuvo Suárez Gayol en la selva boliviana con el Che, hasta su muerte en combate.

La caída de el rubio

En la selva boliviana Gayol era «Félix» y «El Rubio». En distintas ocasiones el Che lo menciona en su Diario. El 10 de abril de 1967, el Guerrillero Heroico deja la dolorosa constancia de su pérdida: «A media mañana llegó muy agitado el Negro a avisar que venían 15 soldados río abajo. Inti había ido a avisar a Rolando en la emboscada. No quedaba otra cosa que esperar y eso se hizo; mandé a Tuma para que estuviera listo a informarme. Pronto llegaron las primeras noticias, con un saldo desagradable: El Rubio, Jesús Suárez Gayol, estaba herido de muerte. Y muerto llegó a nuestro campamento; un balazo en la cabeza.

«La cosa sucedió así: La emboscada estaba compuesta por 8 hombres de la retaguardia —1 refuerzo de tres de la vanguardia, distribuidos a ambos lados del río. Al informar de la llegada de los 15 soldados, Inti pasó por donde estaba el Rubio y observó que este estaba en muy mala posición, pues era claramente visible desde el río. Los soldados avanzaban sin mayores preocupaciones, pero explorando las márgenes en busca de sendas y por una de estas se internaron chocando con Braulio o Pedro antes de penetrar en la emboscada. El fuego duró unos segundos, quedando sobre el terreno un muerto y 3 heridos, más 6 prisioneros; al rato cayó también un suboficial y se escaparon 4. Junto a un herido encontraron al Rubio ya agonizante; su garand estaba trabado y una granada, con espoleta suelta, pero sin estallar, estaba a su lado».

El mismo 10 de abril, como lógica reacción a la muerte de Gayol, los guerrilleros lograron infligirle al enemigo otra derrota, y el Che lo dice también en su Diario: «Avanzaron desplegados por el río, pero sin mayores precauciones y la sorpresa fue completa. Esta vez hay 7 muertos, 5 heridos y un total de 22 prisioneros».

Al otro día, el 11: «Por la mañana (…) enterramos al Rubio en una pequeña fosa a flor de tierra, dada la falta de materiales».

El 12: «A las 6:30 reuní a todos los combatientes menos los 4 de la resaca para hacer una pequeña recordación del Rubio y significar que la primera sangre derramada fue cubana».

Fuente: El Diario del Che en Bolivia. Ilustrado, Adys Cupull y Froilán González, Editora Política, La Habana, 1988. CubaDebate y archivos de Juventud Rebelde y del autor.

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