El asalto a La Universidad del aire

La primera acción brutal de la tiranía batistiana tras el golpe del 10 de marzo de 1952 fue contra los estudiantes universitarios, y tuvo lugar un día como hoy hace 60 años

Autor:

Luis Hernández Serrano

El domingo 4 de mayo de 1952, un grupo de jóvenes universitarios de la capital del país escuchaban tranquilamente la conferencia de un panel de intelectuales cubanos en el programa radial La Universidad del aire, en el estudio 15 de Radiocentro, hoy ICRT, en la capital, cuando agentes represivos de la tiranía irrumpieron y golpearon de forma brutal a dos de los estudiantes: Armando Hart Dávalos y Faustino Pérez Hernández.

Han transcurrido 60 años de aquel hecho y lo traemos a nuestras páginas porque precisamente las primeras víctimas de la tiranía que había tomado el poder el 10 de marzo de 1952, encabezada por el dictador Fulgencio Batista, fueron representantes de la juventud universitaria, bastión indiscutible de nuestras luchas libertarias.

El hecho lo conocimos de boca de ambos combatientes revolucionarios, el 17 de mayo de 1979, en el bohío del «Santaclarero», en La Plata, Sierra Maestra, cuando el diario nos envió —también al colega Amado de la Rosa Labrada, entonces corresponsal de la provincia de Granma y hoy el periodista más antiguo en nuestra plantilla—, a reportar el aniversario 20 de la Primera Ley de Reforma Agraria.

Las vidas del doctor Faustino Pérez —quien falleció en 1992— y del también doctor (abogado) Armando Hart —director de la Oficina del Programa Martiano y presidente de la Sociedad Cultural José Martí— están cargadas de audacias, peligros y aventuras.

Hart, por ejemplo, se escapó varias veces de las cárceles del tirano y, cuando lo golpearon sorpresivamente aquel día en pleno rostro, aún no había cumplido 22 años. Después, como clandestino, se vio obligado a emplear los seudónimos «Darío», «Alfredo» y «Jacinto», para no caer en las garras de los mismos enemigos que aquel día lo agredieron criminalmente.

En el capítulo Desde el llano, de su libro Aldabonazo, referido a la clandestinidad revolucionaria cubana, Hart cita una nota que Fidel le envió por medio de Celia Sánchez, en abril de 1957, que no deja lugar a dudas sobre la confianza del líder de la Revolución en la capacidad y la lealtad del joven:

«(…) Exprésale a Jacinto que la Dirección Nacional del Movimiento cuenta con toda nuestra confianza; que debe actuar con plenas facultades según lo requieran las circunstancias; que virtualmente resulta imposible consultarnos a tiempo en muchos casos; que confío en su talento para ir sorteando las dificultades y adoptando los pasos más convenientes al triunfo definitivo de nuestra causa. En dos palabras, que puede actuar como representante de nuestro Movimiento. Yo pienso como él: que nada impedirá la Revolución Cubana (…)».

El propio joven abogado Fidel Castro, en su alegato La historia me absolverá, comentaría de esta forma aquella insólita golpeadura:

«De inmediato, después del 10 de marzo, comenzaron a producirse otra vez actos verdaderamente vandálicos que se creían desterrados para siempre en Cuba; el asalto a La Universidad del aire, atentado sin precedentes a una institución cultural, donde los gánsteres del SIM (Servicio de Inteligencia Militar) se mezclaron con los mocosos del PAU (Partido Acción Unitaria)», de Batista.

Ese día, nos contó Hart, disertaban el profesor universitario Elías Entralgo y el profesor de Segunda Enseñanza Gerardo Canet. Integraba también el panel del espacio, su director, el conocido biógrafo de José Martí, Jorge Mañach.

Ya desde ese momento, el joven Hart se vinculaba con la vida y la obra de nuestro Apóstol. Se impartía un curso denominado Saldo del Cincuentenario. Entralgo acababa de pintar un cuadro objetivo de los 50 años de república, pero uno de los personeros del régimen, sentado en el público, se puso de pie y dijo que allí no se podía hacer política.

Luego del cuartelazo de Batista, el programa fue utilizado por los estudiantes universitarios para formular preguntas acusatorias a la tiranía, aunque todo dentro de un lenguaje esencialmente académico, científico y cultural, nos explica Hart.

Cuenta que él iba a salir y se abrió la puerta abruptamente y, cuando trató de que no le dieran y se viró, recibió un tremendo golpe en la cara. También fue agredido Faustino Pérez.

Al regresar a los dos o tres días al aula, los compañeros lo recibieron con un sorpresivo aplauso y posteriormente le hicieron un pequeño homenaje.

Anécdota aparte, lo más significativo es que tal suceso constituyó la primera acción brutal de la tiranía después del golpe de Estado. Las primeras víctimas del dictador fueron precisamente los estudiantes universitarios.

La Universidad: una trinchera

Justamente La Universidad del aire fue una tribuna del estudiantado universitario y, en definitiva, de nuestro pueblo. En aquellos momentos la revista Bohemia, siempre al tanto del latido revolucionario juvenil, publicó la gráfica que uno de sus fotógrafos le tomó en su propia casa, en 25 y Paseo, a uno de los dos jóvenes agredidos. Tenía solo 21 años. La publicación de aquella foto hizo que relevantes intelectuales revolucionarios fueran a visitar a Hart a la casa de sus padres, como, por ejemplo, Vicentina Antuña, ensayista, lingüista, profesora de Latín y directora después de la entonces Escuela de Letras y de Arte de la Universidad de La Habana.

Sin duda la Universidad capitalina devino trinchera de combate. Hart ha dicho que desde el 10 de marzo de 1952 y hasta el 26 de julio de 1953, la Colina universitaria habanera se transformó en el centro político revolucionario más importante del país en la lucha contra la tiranía batistiana.

Armando Hart ingresó en el curso 1947-48, y aunque siempre le interesaron la Historia, la Sociología y la Filosofía, decidió estudiar Derecho para encauzar su vocación de lucha por la justicia. En el último curso de esta carrera, era vicepresidente de la Asociación de Estudiantes, cuando el golpe del tirano. En junio de 1955 fue uno de los miembros fundadores del Movimiento 26 de Julio y de su Dirección Nacional, como también lo fue Faustino Pérez.

Apresado y encarcelado en abril de 1957, escapó audazmente en julio y fue nombrado coordinador nacional del Movimiento 26 de Julio tras el asesinato de Frank País, el 30 de julio. Desde mediados de noviembre de 1957 subió a la Sierra Maestra para sostener consultas políticas con Fidel y otros dirigentes del Ejército Rebelde.

Cuando, en enero de 1958, retornaba a sus actividades habituales en el llano, él y otros líderes del Movimiento fueron arrestados y puestos en prisión. Gracias a la pronta acción y a la campaña pública de la organización, salvó la vida. Estuvo preso todo 1958 y pasó la segunda mitad del año en la prisión de Isla de Pinos, donde estaban encarcelados cientos de prisioneros políticos. Como hicieran sus compañeros de aula de entonces, el Diario de la Juventud Cubana les rinde hoy este modesto homenaje.

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