Muchos años… en unas horas

Los guardabosques en todo el país siguen intentando hacer frente a la negligencia. En Villa Clara y Ciego de Ávila no hay descanso contra los incendios y las ilegalidades

 

Autor:

Nyliam Vázquez García

Cuando un árbol se quema o muere por la tala indiscriminada, nadie lo siente más que aquellos hombres encargados del cuidado de los bosques cubanos. Es un dolor hondo porque, como explica José Luis Espinosa Pérez, jefe del Circuito de Guardabosques Sabanas de Manacas, en Villa Clara, «son muchos años que se van en unas horas». La vida sigue y el gris de la tierra arrasada se queda un tiempo, y también el recuerdo de las llamas, esas que él y sus hombres han domado tantas veces.

El mejor recurso que tiene José Luis para hacerle frente a la negligencia —principal causa de los incendios a nivel nacional— es ese grupo de valientes que bajo su mando han salvado no pocas hectáreas de bosques y plantaciones. Yusmari, Eduardo, Redy, Yoan y su padre, José Manuel, y otros, hasta completar unos 24 hombres que conforman la brigada profesional.

Ellos custodian, además, el único bosque modelo de Cuba, una superficie de 171 000 hectáreas que abarca los municipios de Santo Domingo y Corralillo. Lo mismo sembrando frutales, que robándole tiempo al descanso para jugar un poco a la pelota, que conversando con los transeúntes sobre las medidas para evitar el fuego, que enfrentando grandes incendios, como si las cuatro  cosas fueran lo mismo, los guardabosques no pierden de vista la responsabilidad que les atañe. Lo mejor de llegar hasta ellos es respirar el ambiente familiar y la certeza de un mancomunado trabajo en equipo ante la mayor eventualidad.

Los héroes de la candela

El 2 de abril de 2012 es un día que quedará grabado en la mente de cada uno. Las llamas comenzaron a las 11:55 p.m. Vivieron y sofocaron allí, en Sabanas de Manacas, el primer y único incendio de grandes magnitudes que han tenido hasta el momento. Más de 50 hectáreas se perdieron y pasaron más de cuatro horas hasta que pudieron tener la situación bajo control.

Ahora a Yusmari Coba, de 29 años y jefe de Brigada, lo llaman el héroe de la candela. Recuerdan la faena con una sonrisa, pero «aquello se puso feo», aseguran. Yoan Rodríguez, el más joven de la brigada profesional, con solo 21 abriles, también se destacó entonces, reconocen sus compañeros, y a su padre, José Manuel Rodríguez, con casi una veintena de años de experiencia como chofer de la técnica en el circuito, no le queda más remedio que sentirse orgulloso y reconocer que su muchacho es arrestado.

«Mi hijo desde edades tempranas estuvo conmigo en la unidad. Le gustó desde siempre el trabajo de guardabosque; cuando tuvo edad comenzó a trabajar. Uno con más experiencia los guía, pero ellos se portan bien, aunque son impulsivos y a veces no sopesan el peligro», comenta José Manuel.

«Nos respetamos, y como soy uno de los más veteranos en el circuito los guío a ellos. Ser guardabosques es un buen futuro para mi hijo».

Y Yoan, que ha heredado lo mejor de su padre y un amor esencial por el bosque, también comparte sus impresiones.

«Yo quería ser como mi papá, desde pequeño admiré su trabajo», asegura quien se siente orgulloso de haber participado en la extinción de todos los incendios de esta etapa crítica y ha pasado varios cursos de los que oferta el Minint para hacerlo mejor cada vez.

Al muchacho, muy parecido físicamente a su padre, se le nubla la sonrisa pícara cuando recuerda el incendio más difícil en el que ha participado.

«Fue en la localidad de Motembo, difícil porque ocurrió entre lomas y tenía muchas ramificaciones. Tardamos cuatro horas y tuvieron que llamar a otros medios para poder controlarlo».

Pero a pesar del riesgo y las dificultades de su trabajo, Yoan se ve en el futuro siendo lo que es hoy. Para él es sencillo, más allá de la tradición familiar: «El cuidado del medio ambiente es la vida de nosotros».

La maldita negligencia

Como 2011 fue el año de mayor número de incendios forestales en Villa Clara, resultó normal la alerta y el seguimiento en la etapa crítica, comprendida prácticamente desde el 1ro. de enero hasta el 31 de mayo. Según dio a conocer el mayor Orlando Pérez Rodríguez, especialista en Manejo de fuego de la jefatura provincial del Cuerpo de Guardabosques, en esa etapa se produjeron 18 incendios forestales, 28 menos que en 2011.

En los municipios de Santa Clara, Santo Domingo, Corralillo, Manicaragua y Placetas 124,95 hectáreas fueron afectadas , a pesar de que en el ciento por ciento de los casos los guardabosques detectaron el incendio antes de los cinco minutos y la llegada de las fuerzas al lugar ocurrió antes de los 15 minutos. A veces la rapidez no determina, sobre todo si cambia la velocidad del viento o algún otro factor incide en la propagación de las llamas. Las especies más dañadas fueron el pino, el eucalipto y la acacia.

En los últimos tres años, de los 113 incendios forestales que se han producido, 105 han ocurrido por negligencias, que incluyen a transeúntes, fumadores y quemas por parte de los campesinos. Aunque se aplican las medidas correspondientes, todavía queda mucho por hacer en la compleja tarea de concientizar a las personas sobre la importancia de la disciplina para evitar la pérdida de miles de pesos cada año en este tipo de incidente.

Sin embargo, en Villa Clara todos coinciden en que una de las fortalezas estuvo en las excelentes relaciones entre la Defensa Civil y el Minint y las medidas organizativas tomadas para enfrentar la campaña de este 2012.

Desde el gran humedal

A 338 metros sobre el nivel del mar, en la Loma de Cunagua, Ciego de Ávila, la vista es hermosa. Los mosquitos del bosque mortifican, pero con el gran humedal del norte de esa provincia a los pies, el segundo más grande del país, no queda otra alternativa que quedarse ensimismado.

Cunagua, como nos cuenta Ignacio Morales, director del área protegida, es una voz indígena que significa flor de agua y fue el nombre de un cacique de la zona. Con 24,4 kilómetros cuadrados y un área total de 33 228 hectáreas, que incluye el humedal, constituye un orgullo para los trabajadores el que no hayan ocurrido incendios dentro del área protegida, aunque lamentablemente sí bastante cerca.

Roberto Gómez Lozada, jefe de Guardabosques del Circuito Gran Humedal del Norte, asegura que para lograr la disminución de los incendios en lo que va de año y mantenerlo en cero en el área protegida ha sido esencial la alerta temprana y el sistema de vigías. Los guardabosques tienen ubicados  puntos de observación en los municipios que abarca el circuito y   desde ellos, ante cualquier elemento sospechoso, se activan las medidas. Además funciona, como en todo el país, el sistema de alerta temprana digital desde el puesto de mando provincial.

Aun así, en el período enero-mayo de este año ocurrieron 16 incendios en la provincia de Ciego de Ávila, con 1 233,70 hectáreas afectadas, de ellas, 398,0 de bosques y 835,70 de humedal. También informó Roberto Gómez que se han registrado hechos de tala ilícita y de caza furtiva, actividades prohibidas que también evitan los guardabosques. En el área protegida de la Loma de Cunagua viven especies protegidas como la cotorra, el catey y la jutía, al tiempo que crecen la palma y árboles de maderas preciosas como el cedro, el roble, entre otros.

Estos hombres, lo mismo en Villa Clara que en Ciego de Ávila, reconocen la popularidad que les ha proporcionado la serie televisiva Guardianes del Bosque. Ahora las personas en la calle conocen más su trabajo y lo agradecen. Los paran en las calles, comentan algunos, y les hacen preguntas. Hay que verles el brillo en los ojos cuando cuentan estas anécdotas.

A pesar del esfuerzo divulgativo y del trabajo concreto, la campaña de este 2012, con cierre en el mes de mayo, reportó 376 incendios en todo el país. Aunque ciertamente han disminuido aquellos provocados por el trasiego de autos sin matachispas, las colillas de cigarro y las quemas sin el adecuado permiso, estos motivos  siguen teniendo una gran incidencia. Los guardabosques reconocen que el esfuerzo se ha traducido en una menor cantidad de incendios, si se compara con igual etapa de 2011, pero no se puede estar conforme. Tiene sentido cuando para ellos, como debiera ser para todos, el dolor por la pérdida de un árbol es muy hondo… «son muchos años que se van en unas horas».

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