La Habana con melenas

La histórica Caravana de la Libertad fue trueno de júbilo después de balas. Fue caminata después de quietudes. Fue ilusión en fogonazo luego de noche sierra. Poco habrá en lo que se escriba que no deba recordarlo…

Autor:

Juventud Rebelde

«El alba de la posibilidad». Así llamó un gran poeta aquel intento con más agallas que fusiles contra los muros del Moncada. El Che, guerrillero intenso hasta en sus mínimos apuntes, lo vería años después como el asalto no solo a las oligarquías, sino también a los dogmas revolucionarios.

Únicamente de quebrar muros y dogmas podría armarse para el futuro una caravana como la que surcó el año Enero de la Isla: 1959. Y sí, ya se ha recordado mucho, ya se ha cantado y contado con palabras de andar y de salir, pero aún sigue siendo, en lo que de símbolo entraña, noticia fresca, pan multiplicado en harina de esperanza.

Fue trueno de júbilo después de balas. Fue caminata después de quietudes. Fue ilusión en fogonazo luego de noche sierra. Poco había antes escrito que se pareciera, y poco habrá en lo que se escriba que no deba recordarlo…

Junto a los monumentos y aplausos a los que guiaron, debía tal vez erigirse un mausoleo colosal a los que sostuvieron, a los que hicieron de cimiento y carretera sin nombre para que llegara al cielo de la historia aquella caravana.

¿Qué habrán cocinado ese día las madres que recibieron de vuelta las melenas adolescentes que se les habían escapado a las lomas? ¿Cómo se habrán abrazado los novios que solo por aquel minuto volvían a serlo en la sacudida imperiosa de la juventud quemante?

¿En qué calles, en qué balcones, en qué escaleras no habrá quedado esa noche sitio para la risa plena por el triunfo o para el llanto sin fondo por el que no llegó en los camiones jubilosos?

¿Cuántas dudas habrán surgido de pronto en los cautelosos? ¿Sería muy largo el tránsito hasta diciembre si enero arrancaba con semejante bullicio?

Lo más grande, tal vez, estaba en lo no dicho. En el silencio vivo, casi audible, tras la marcha radiante. Para no latir solo en los recuerdos; para que el país todo siga volcado a sus sueños y en algún vagón de tren descarrilado, como dijo el trovador, un hombre se ame con una mujer.

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