Reducir las «zonas de silencio» de la apicultura

Sesiona en La Habana V Congreso Cubano de Apicultura

Autor:

Marianela Martín González

Para desarrollar la apicultura en Cuba existe un programa que comprende a todos los factores que influyen directamente en esta rama, adscrita al Grupo Empresarial de Agricultura de Montaña.

Los pormenores de dicho proyecto, que se extenderá hasta el 2020, los dio a conocer este martes, durante la conferencia inaugural del V Congreso Cubano de Apicultura, el máster en Ciencias Adolfo Pérez Piñeiro, director del Centro de Investigaciones Apícolas, quien preside el evento que congrega en el capitalino Palacio de Convenciones a especialistas y productores de 12 naciones, y se extenderá hasta el 18 de julio.

En su disertación sobre las perspectivas y desarrollo de la apicultura en la Isla, Pérez Piñeiro recordó que Cuba fue una potencia exportadora de cera entre los siglos XVIII y XIX. Llegó a vender fuera de fronteras más de 2 000 toneladas de ese derivado de las colmenas, una cifra que, según el experto, es utópica en la actualidad debido a la situación desfavorable de la foresta.

Asimismo, apuntó que los récords productivos de miel del país se remontan a los años 1982 y 1983, cuando se registraron 10 200 toneladas de ese codiciado producto.

Aseguró que los volúmenes de los mejores años de la apicultura solo podrán reeditarse en el 2020, si se concreta cabalmente el programa de desarrollo, que tiene entre sus propósitos explotar las denominadas «áreas de silencio», enclavadas en las montañas y las costas fundamentalmente, donde se encuentra cerca del 40 por ciento de las potencialidades no aprovechadas de la apicultura por falta de infraestructura, sobre todo de vías de acceso.

Insistió en la importancia de desarrollar las abejas, las plantas melíferas y capacitar a los apicultores, quienes no deben ser aficionados, sino profesionales, para realizar de modo sustentable el programa que sacará adelante esta rama.

Para superar la producción de 10 000 toneladas de miel habrá que incrementar el número de abejas y colmenas. También deben incorporarse más apicultores a esta labor, que ahora cuenta con 1 325 productores y debe superar la cifra de 11 600.

«El ciento por ciento de la miel nuestra proviene de plantas autóctonas silvestres como la zarza, la varía, el mangle y el júcaro. Tenemos una flora privilegiada», apuntó Pérez Piñeiro, quien recalcó la importancia de sembrar plantas melíferas, como el dagame, las cuales le confieren a la miel criolla propiedades únicas, y por eso el 98 por ciento de su producción se comercializa en Europa, principalmente en Alemania.

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