Siembra sobre el asfalto

No ha sido fácil ir transformando en la capital la mentalidad de consumidora a productora. Con solo el 0,4 por ciento del área agrícola del país, la urbe produce hoy los alimentos que satisfacen el 20 por ciento de la demanda

Autor:

Marianela Martín González

La Habana no es solo esa ciudad que los artistas han comparado con una dama seductora que subyuga al visitante y a quienes nacieron bajo su cielo. Es un emporio de sabiduría que puede convertir sus 35 890  hectáreas cultivables en un rédito inestimable.

Para calcular objetivamente las potencialidades de la agricultura de la capital hay que contemplar el conocimiento académico y empírico, la voluntad, las sinergias entre estructuras y organismos, y el liderazgo de quienes conducen la actividad, los gobiernos locales y las organizaciones no gubernamentales que aglutinan a los campesinos y al potencial de científicos y técnicos de esta ciudad, donde residen más de dos millones de habitantes y existe una amplia población flotante.

Julio Martínez Roque, delegado de la Agricultura en La Habana, explicó que con solo el 0,4 por ciento del área agrícola del país, el territorio produce los alimentos que satisfacen el 20 por ciento de la demanda de los capitalinos. «Eso parece una nimiedad, sin embargo ha costado tiempo concientizar y crear condiciones para la transformación de una mentalidad de ser casi netamente consumidora a productora.

«Constituye una fortaleza el poder garantizar al consumo social —dígase más de    1 590 centros, entre ellos hospitales, escuelas y otras instituciones— el total de las hortalizas frescas, algunas viandas y frutas.

«Eso se dice fácil, pero es una labor de todos los días, porque esas instituciones no paran de funcionar. Se hace lidiando con problemas de todo tipo, entre estos logísticos, de transporte y organizativos», apuntó.

Se puede más

El Delegado de la Agricultura en La Habana considera que si se aprovechan al máximo los conocimientos técnicos que la capital atesora, por tratarse de una orbe generadora y aglutinadora de muchos saberes organizados en instituciones, los resultados fueran mayores.

«Hay conocimientos valiosos, que no solo emanan de los científicos y técnicos, sino también de la experiencia de los propios productores, que si se emplean como en realidad nos exigen estos tiempos, en función de elevar rendimientos y eficiencia tecnológica, los resultados productivos pudieran crecer de modo sostenible, como ha ocurrido en los dos últimos años con las hortalizas.

«En 2015 debemos producir 163 000 toneladas de cultivos varios, de estas más de 100 000 serán de hortalizas. Se prevé además más de 7 millones de litros de leche, más de 1 200 toneladas de carne de cerdo y similar cifra de carne bovina. Además hay un estimado para este período de 127 toneladas de carne de ganado ovino-caprino.

«También en la provincia de modo permanente acontecen actividades que suelen ser imperceptibles y contemplan las actividades silviculturales, el manejo de áreas forestales y el arbolado de la ciudad.

No es secreto, enfatizó el Delegado de la Agricultura en La Habana, que los precios altos de los productos agropecuarios son un problema insoluble hasta ahora. Sabemos y sufrimos las consecuencias de estos, y nos corresponde a las autoridades estatales exigir que las formas productivas participen de manera directa con sus producciones en la comercialización, como una de las vías para hacer más accesibles los alimentos demandados. Gran compromiso tiene el sistema de la Agricultura con la población capitalina, al contar con 208 mercados agropecuarios y 194 puntos de venta administrados por diferentes formas productivas.

Los técnicos y la tecnología

La ingeniera agrónoma Yaneisy Grana Rivero, quien atiende la actividad de cooperación en la filial de la Asociación Cubana de Técnicos Agropecuarios y Forestales (Actaf) en La Habana, explicó que esta asociación impulsa varios programas para que la capital prospere en la producción de alimentos.

Resaltó aquellos que promueven el Desarrollo Agrario Local, el cual tiene una prioridad destacada en la capital, por tratarse de una urgencia refrendada en los Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución, y que como todos sus acápites es fruto de las necesidades y las urgencias del país.

«Gestionamos fondos para ejecutar proyectos de colaboración destinados a ese fin. Con financiamiento de Noruega estamos ejecutando uno en el municipio de Guanabacoa, en el consejo popular Peñalver Bacuranao.

«Contempla todo el diseño de desarrollo agrario en este consejo popular, que tiene características específicas, porque en relación con otros es el que más área agrícola tiene, y el más comprometido con el abastecimiento, no solo de Guanabacoa, sino también con municipios urbanos de la capital, que como La Habana Vieja y Centro Habana dependen de las producciones de otros lugares.

«La estrategia se elaboró y potenciamos el tema de la infraestructura agrícola. Como resultado, entregamos sistemas de riego para la producción de hortalizas. Además, se favoreció con estos sistemas la producción de alimento animal, pues Guanabacoa es un municipio de gran desarrollo pecuario y la comida de los animales siempre ha sido una debilidad para su desarrollo.

«También con esos fondos de la colaboración le dimos prioridad a la rehabilitación de las plantaciones de mango. Estas son muy viejas; se remontan a la época del Cordón de La Habana y prácticamente son improductivas.

«La Empresa Agropecuaria Habana, específicamente la Granja Monumental, ubicada en el referido consejo, se trazó una estrategia, y el proyecto le facilitó los recursos para que pudiera acometerla. Con estas facilidades, en un período no muy lejano, se podrá contar con mayores producciones de mango para que estas lleguen a la población, y puedan abaratarse los precios de esta fruta, que sabemos son altos».

Egidio Páez Medina, presidente de la Actaf en La Habana, explicó que 18 campesinos del territorio recibieron,  a través del Gobierno de la provincia, un donativo consistente en paneles solares para el regadío, procedente de una organización solidaria alemana llamada Karen, la cual colabora hace más de 20 años con la Isla.

«Estos sistemas, principalmente, tienen como fin el incremento de la producción de hortalizas que se producen para el consumo social (escuelas y hospitales). Esas fincas no disponían de riego y ya de manera permanente pueden regar sus cultivos, solo hace falta que haya sol.

«Esos recursos ayudan a que las áreas beneficiadas incrementen producciones. Detrás de eso hay una intencionalidad de mejorar el funcionamiento a partir de la estructura esencial nuestra que es el órgano de base.

«Tenemos presencia en distintos escenarios: empresas, cooperativas, institutos de investigaciones, delegaciones municipales y en la delegación provincial. Si cada una de esas organizaciones hace lo que tiene que hacer para su funcionamiento, por ejemplo darle mayor atención al personal técnico especializado, La Habana produciría un poco más.

«Si promovemos actividades a nivel local, ya sea en un consejo popular o en una cooperativa, o como hacemos todos los años en el Instituto de Investigaciones Fundamentales en la Agricultura Tropical Alejandro de Humboldt (Inifat), con un evento de agricultores urbanos y suburbanos, estaríamos haciendo cumplir la misión de la asociación.

«Si promovemos talleres, capacitación y garantizamos que el personal técnico y especializado haga el mejor uso de la técnica, estamos en sintonía con los objetivos de la asociación.

«Hacer que funcionen los órganos de base, en esta etapa de actualización del Ministerio de la Agricultura, es uno de los cometidos esenciales sobre el cual hay que trabajar mucho todavía.

«Sabemos que para alcanzar el desarrollo local debe haber un orden, y este lo debe dar el gobierno de los municipios. La Lisa es un ejemplo positivo», señaló.

Guillermo Pérez Pacheco, productor de la finca Pinos Nuevos, de la CCS Leonor Pérez, en La Lisa, es uno de los productores que disfruta del panel solar para irrigar los cultivos. Según nos contó lleva un poco más de ocho años trabajando en casi siete hectáreas que le fueron entregadas en usufructo por el Decreto Ley 259.

«Esto ha sido una bendición. Como no necesito combustible para el regadío, y los rendimientos serán ahora superiores, podré además de cumplir con el encargo social, vender hortalizas a precios más asequibles a la población.

«El problema de los precios solo podrá resolverse con mayores producciones, y para eso se necesitan recursos y la aplicación de la ciencia y la técnica. En la capital hay mucha gente preparada para producir con calidad».

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