Siempre hay algo que aprender

Merecedora del Premio Nacional de Edición 2015, la destacada escritora nos adentra en el maravilloso mundo que es su profesión y se siente privilegiada al ser una de las primeras críticas que tiene un libro

Autor:

Sergio Félix González Murguía

Dice el refrán que a un libro no se le puede juzgar por la portada. Es necesario hojearlo, conocerlo, bebérselo de un tirón. El editor desempeña una función clave en todo ese proceso creativo y, Olga Marta Pérez, quien, próximamente, recibirá el Premio Nacional de Edición 2015, tiene sus consideraciones al respecto, pues le avalan más de 30 años dedicados a esta profesión.

Esta matancera siente una pasión infinita por la lectura. Desde muy pequeña, mediante una excelente biblioteca que tenía su padre, descubrió a Lorca, a quien «leí, agoté y amé furibundamente», y aún sigue siendo su autor de cabecera.

Adora la música de Pablo Milanés y de Marta Valdés. Es una fanática del cine policíaco y no concibe un fin de semana tranquilo sin dormir la siesta. Ama con devoción a sus dos hijos y disfruta en demasía de su labor como editora.

Olga Marta desmiente aquel concepto, tan arraigado, de que el editor tiene que ver solo con la portada de un libro. Es un profesional esencial en el proceso creativo de un texto. Ella lo considera un «catalizador entre el producto original que presenta el autor de la obra y lo que finalmente llega al lector. Él sugiere nuevos elementos al artista literario para que su obra tenga un mejor acabado.

«El trabajo del editor no se queda solamente en ese tratamiento del original, el cual presenta diferentes aristas en dependencia del género que trate. También existe un proceso de comunicación debida, en el cual el editor es el puente con ese público específico a partir del tipo de obra.

«Tenemos una relación directa con todo el proceso creativo del libro: es como coger un diamante en bruto y pulirlo hasta que quede al gusto del autor que solicita nuestros servicios. Debemos escoger al ilustrador para elaborar la portada, revisar a fondo el texto, ver la forma en que ha sido redactado, y si no hay errores gramaticales o estéticos, entre otras funciones. Considero que constituimos el primer crítico que tiene el libro y, sin duda alguna, la cultura que adquirimos con este trabajo es infinita.

«Es una profesión a veces ingrata, por los problemas y las necesidades que se presentan en el proceso creativo, así como la respuesta de algunos autores que olvidan el esfuerzo que realizan los trabajadores para publicar sus obras».

—Usted es actualmente la directora de Ediciones Unión, ¿cómo ha sido su transitar en esta profesión hasta llegar al cargo que ocupa actualmente?

—Soy graduada de Filología y en 1980 empecé a trabajar en la editorial Orbe. Fue allí donde comencé mis pasos en el mundo de la edición de libros. Recuerdo mi primer trabajo con un manuscrito, el cual era de halterofilia, y me fue muy complicado por los términos que nunca había escuchado.

«Luego entré a trabajar en la editorial Gente Nueva, donde aprendí mucho de mis compañeros, quienes eran muy profesionales, además se publicaba todo tipo de libros y acumulé mucha cultura y técnicas de la profesión.

«He tenido la suerte de trabajar en Ediciones Unión, pues es una editorial que realiza el proceso completo del libro, desde la creación hasta la venta, pasando por todo el proceso de promoción, y eso es muy interesante. Además, cuando se tiene la posibilidad de tener una imprenta, como es nuestro caso, todo el trabajo es más cómodo.

«Trato de atender directamente la edición de dos o tres libros al año para no perder el hábito ni la preparación, pues se entremezclan las tareas de dirección, que son muchas, y ellas me alejan, a veces, del trabajo de ver nacer un libro, para no convertirme en una simple tramitadora de órdenes».

—¿Cómo convive la escritora que usted lleva dentro con la editora?

—Tengo muy claro que soy editora de profesión y por pasión, pero también me encanta escribir para niños. Escribo de madrugada, pues es el único momento donde tengo la paz suficiente para hacerlo y es cuando se me ocurren las mejores ideas, a veces muy locas, pero por más extrañas e insignificantes que parezcan, siempre son propicias para iniciar una historia.

«Soy muy disciplinada con mis horarios, así que siempre tengo tiempo para hacerlo todo: cumplir con mi trabajo, con las tareas del hogar y sentarme luego a escribir. Lo hago, no porque esté obligada a ello, sino porque me apasiona muchísimo. Recuerdo con mucho cariño mi primer texto que fue Papatino y Mamagorda, un libro de cuentos que contaba con ocho historias infantiles.

«También he escrito algunos poemas, aunque mi obra narrativa es más amplia y se mueve entre el cuento, la noveleta y la historieta. Ellos se han difundido mucho en programas de emisoras como Radio Cadena Habana, Radio Metropolitana y Habana Radio».

—¿Considera que como editora es la primera crítica de sus obras literarias?

—Me gusta trabajar mucho los textos, pero necesito confiar en otro colega que vea los errores de mis ediciones. Porque uno se ciega a veces y no puede, o no quiere, ver sus propios fallos y es necesario que otras personas evalúen sus obras e identifiquen lo que está mal hecho, para que el producto final sea mejor.

—Con el auge de las nuevas tecnologías, la gran mayoría de los públicos prefiere el entretenimiento que ellas ofrecen, ¿cree que el libro puede perder la batalla contra lo novedoso y con ello poner en peligro la profesión que usted ejerce?

—No creo que sea preocupante la situación actual que experimentan el libro y la lectura como proceso de aprendizaje o de divertimento. La obra escrita se acomodará en la vida de las personas de la misma forma que lo han hecho el resto de los inventos concebidos por el hombre. Siempre habrá alguien que le guste agarrar el soporte de papel y sentarse en un parque a leer. Un libro no se descarga, no pierde baterías, no te abandonará nunca en medio de la lectura.

«Es como vivir en una casa con muchas personas dentro. Antes el libro era el rey de la vivienda porque no existía otra cosa, pero ahora debe buscar sus acomodos en un lugar donde convive con otros inquilinos.

«La informática ha posibilitado que el hombre organice su trabajo de una manera más eficaz y que pueda hacer gestiones más rápidas. Es verdad que muchas personas prefieren buscar información, e incluso entretenimiento, en Internet, pero el libro siempre prevalecerá dentro del gusto, solo que acomodado a las nuevas condiciones».

—El 15 de febrero recibirá el Premio Nacional de Edición 2015, durante la Feria Internacional del Libro Cuba 2016, ¿cree que este es el final del camino o seguirá creando?

—Este premio es un reconocimiento a la obra que he realizado, no a la que me falta por hacer. Siempre hay algo que aprender. Siento que no he hecho lo suficiente. A veces cojo un libro y veo cómo otro editor manejó una colección de una forma diferente o una técnica distinta.

«Cada libro es como una persona que nace: es inconmensurable. Esa diversidad tan enorme hace que uno esté aprendiendo constantemente y, obviamente, siempre te faltará algo por asimilar.

«La edición es un trabajo que me gusta mucho. La cultura es un lujo, aunque es cierto que se deprime con cualquier situación económica pues compite también con los productos de primera necesidad. Uno siempre sueña y piensa que mañana será todo mejor. Ojalá tenga siempre el ímpetu y la energía necesarias para poder contribuir a propagar la cultura entre la gente».

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