Buena fragua cementera

La Empresa Productora de Cemento Siguaney, de Sancti Spíritus, provincia sede del 26 de Julio, es una de las industrias emblemáticas en la fabricación de este producto en el país

Autor:

Lisandra Gómez Guerra

Siguaney, Taguasco, Sancti Spíritus.— Aunque el paso del tiempo parece borrarlo todo, cuando un grupo de personas padecen las secuelas de la estafa y el engaño, el recuerdo se vuelve inmortal. Así ha ocurrido entre varias generaciones de siguaneyenses, quienes no olvidan el hecho ocurrido en los primeros años de 1950, tras la llegada de dos supuestos inversionistas habaneros que, burlándose de la inocencia de algunos campesinos de esa localidad, manejaron la idea de construir en la zona la fábrica de cemento Portland Troya S.A.

Al estilo de los mayores empresarios del mundo les vendieron acciones a no pocos vecinos para que se convirtieran en socios de la industria. Después de recopilar todo el dinero que pudieron, los «distinguidos» foráneos levantaron con sus pies el mayor polvo posible del poblado, lo que hizo que nunca más nadie volviera a ver a los encopetados comerciantes, ni la millonaria inversión, de un capital «autorizado» de alrededor de 3 500 000 pesos.

Y aunque de lo malo siempre se debe aprender algo bueno, además de elevar la desconfianza entre los pobladores para no creer el primer «cuento chino», el suceso marcó, quizá sin proponérselo, el destino de la humilde y rural comunidad, entonces integrada por unas escasas y dispersas casas. Seguro que los estafadores Bouzas y Enríquez no imaginaron entonces que pocos años después nacería allí una fábrica de cemento que no necesitaría de socios para echar a andar y, mucho menos sería construida con cimientos de engaños y timos.

Luego del triunfo de la Revolución y tras un período de prueba y fases de ajuste de maquinaria, el 14 de junio de 1971 comenzaron a funcionar los silos, hornos y el resto de las instalaciones de una industria que durante sus 45 años de funcionamiento se ha distinguido en el país por sus producciones.

Cimientos

Toda la historia la conoce al dedillo Aníbal Acosta García, mecánico industrial A, quien inauguró lo que es hoy la Empresa Productora de Cemento Siguaney, cuando él tenía 17 abriles. Recuerda con nitidez extraordinaria aquellas primeras jornadas, cuando el entusiasmo juvenil y los conocimientos aprendidos en la República Socialista de Checoslovaquia, país con el que se hizo el convenio para el montaje, resultaron decisivos para obtener el tan necesario producto.

«Nos formamos al pie de la producción. Desde el primer día nos hicimos el compromiso de que Siguaney estaría entre las primeras del país y lo logramos», se refiere con orgullo al único centro laboral que ha conocido.

Rememora cómo la expansión industrial provocó la modernización para su época del poblado de Siguaney, ya que se construyeron cientos de apartamentos, inimaginados hasta ese momento. Creció, se urbanizó y arrastró a varios profesionales hasta allí, en busca de explotar sus saberes en una fábrica con tecnología de avanzada para aquellos tiempos.

También mantiene vivo el momento en que, a pocos meses de la inauguración, el Comandante en Jefe Fidel Castro recorrió, por vez primera, la industria y conversó con los obreros muy cerca de uno de sus silos.

«Nunca pensamos que estaría aquí. Nos dijo que éramos un colectivo aguerrido e imprescindible para la economía de Cuba, por lo que había que hacer cemento y luchar», agrega.

Las jóvenes generaciones representan un importante por ciento del colectivo de la industria.

Solidificación de una idea

Esta empresa, ubicada en el municipio espirituano de Taguasco, desde que surgió ha sido piloto en las líneas de la industria cementera. Se distingue por producir cemento blanco. En el período especial puso en práctica la idea de usar el crudo cubano y mantuvo gracias a ello sus producciones. Posee la única tecnología de América Latina con la que se efectúa el proceso de reconversión y quema de sustancias agotadoras de la capa de ozono, y está inmersa en la producción de cemento ecológico, junto a la Universidad Central Marta Abreu, de Las Villas.

Según Belkis Delgado, directora técnica, todo ello ha sido gracias al trabajo de obreros y técnicos, quienes se encuentran enfrascados en aumentar la producción de cementos especiales, entre estos el hidrófugo y el que se emplea en los pozos de petróleo.

Pero no pocos problemas con la tecnología, añeja y desgastada después de tantos años, han impedido que hasta el quinto mes de este año se cumplieran sus planes productivos.

A fin de revertir esa realidad, de acuerdo con Gonzalo Reina Aguilar, director general de la empresa, ya existe una estrategia sobre la base de un plan de inversiones que ronda los ocho millones de pesos y otro de capital de trabajo que ronda los cinco millones de pesos, lo cual permitirá la entrada de recursos pasado el primer semestre de este año.

De cumplirse con lo pactado pueden terminar 2016 con mejores resultados y elevar los salarios que, desde hace varios meses, se mantienen en alrededor de 602 pesos, gracias a las producciones, aclaró el directivo.

En la industria cementera nadie se queda de brazos cruzados. El grupo de aniristas e innovadores no pega ojo para que las obsoletas maquinarias funcionen. Tanto Aníbal Acosta como otro grupo de obreros arman y desarman cada una de las piezas que ya no dan más y logran otras, como la prensa, con sello criollo, que actualmente se exhibe en Pabexpo y que ha sido utilizada en Cienfuegos y Nuevitas.

Los jóvenes, que representan más del 17 por ciento del colectivo laboral, también se suman a la búsqueda constante de alternativas para revertir la mala racha de la industria de Siguaney. Bien lo sabe Yasmani Alfonso Sevallo, secretario del comité de la UJC, tras la realización de múltiples reuniones, en las que siempre afloran sugerencias para elevar las producciones.

Industria de la comunidad

La mayoría del colectivo laboral de la industria proviene del poblado Siguaney. Varias han sido las generaciones de una misma familia que han trabajado allí.

Alfonso Sevallo reconoce que la industria resulta el centro de interés de quienes han crecido, junto a sus padres, entre el polvo blanco que inunda las oficinas y edificaciones del área de producción.

Por ello, afirma, los más jóvenes, acompañados por los de mayor experiencia, participan con sistematicidad en matutinos, en la escuela primaria Ramón López Peña, de la localidad, así como también apoyan las semanas de la cultura de Siguaney.

Destaca que recientemente traspasaron los límites de la geografía espirituana por la celebración del aniversario 54 de la UJC y el cumpleaños 90 de Fidel, y se entregaron regalos, recogidos en las diferentes secciones sindicales, a hospitalizados en la sala de Oncología del Hospital Infantil José Luis Miranda, de Santa Clara.

«Esta es una industria familiar. La juventud tiene que mantener ese amor y sentido de pertenencia en que nos han educado sus fundadores, muchos de ellos nuestros padres. La fábrica no puede parar y hay que seguir apoyándola», comenta.

Y aunque los 45 años de la Empresa Productora de Cemento Siguaney no han llegado en la etapa de su mayor esplendor, el futuro de ese centro parece vislumbrarse feliz. A juicio de su joven director, la industria tiene vida asegurada por contar en sus alrededores con una materia prima de calidad para mantenerse como la única del país en la producción de cemento blanco.

Además, considera que la posibilidad que tiene de quemar sustancias agotadoras de la capa de ozono permitirá ofrecer esos servicios a países de la región del Caribe, ya que su etapa de prueba fue avalada como positiva por los expertos.

De esa forma, y con el continuo apoyo de su colectivo, los cementeros espirituanos confían en mantener el nombre de Siguaney entre las mejores industrias del país.

 

 

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