Le llegó la hora a las canoas en la montaña

Las lluvias fueron intensas. Lo demuestra el hecho de que la víspera continuaban incomunicados por vía terrestre cuatro de las 24 comunidades donde viven cerca de 8 000 personas

Autor:

Nelson García Santos

MANICARAGUA, Villa Clara.— Agua, lo que es decir aguaaaaaa en esas cantidades nunca las había visto por estas lomas del macizo Guamuhaya. Parecía que el cielo se estaba vaciando, sin piedad, sobre nosotros.

Lo expuesto deviene breve síntesis, hecha sobre la base de lo dicho por montañeses a Dunia Santana Álvarez, presidenta del Consejo Municipal de Defensa de este municipio.

En realidad, el largo brazo del huracán Irma, con un alcance de más de 300 kilómetros desde su centro, con rachas de vientos de más de cien kilómetros por hora, no anduvo creyendo en la coraza protectora de las montañas y revolcó a su paso como si andara por el llano.

De que las lluvias fueron intensas lo demuestra el hecho de que la víspera continuaban incomunicados por vía terrestre cuatro de las 24 comunidades donde viven cerca de 8 000 personas.

Los montañeses tenían razón, pues el estacazo de agua fue proverbial: Jibacoa, más de 400 milímetros; Manicaragua, sobrepasó los 300; La Moza, 240, y Mataguá, 218, según confirmó Amaury Machado Montes de Oca, jefe del Departamento de Pronósticos del Instituto de Meteorología en Villa Clara.

Santana Álvarez confirmó que en el territorio de Manicaragua ocurrieron 74 derrumbes totales de vivienda, 131 parciales y más de 700 afectaciones de techos. Además, hubo daños en instalaciones estatales de la agricultura y, en particular, en el café y el tabaco —aunque todavía no se ha podido cuantificar su magnitud— y en el sistema eléctrico.

Las personas que quedaron incomunicadas por carretera debido al desbordamiento de los ríos tenían reservas de alimentos y contaban con servicios médicos.

Luego, cuando bajó la inundación, le llegó la hora a las canoas que se utilizaban aun la víspera para llevar abastecimientos, como leche para los niños, medicamentos o, incluso, transportar sacos de café.

Se prefiere utilizar este tipo de embarcación para navegar en zonas inundadas, donde no se sabe a ciencia cierta qué está debajo de las aguas, porque al ser propulsadas por el hombre resultan más lentas y seguras, a diferencia de las lanchas. Pero de estas últimas también hay listas para si hicieran falta, por determinada circunstancia, ir más rápido.

Mileidy González González, jefa del Grupo de Trabajo Político Ideológico del Consejo de Defensa en Manicaragua, destacó también el lado bueno de las lluvias que han beneficiado sobremanera a las presas, como la Hanabanilla, y al manto freático. La recuperación progresa en Manicaragua, donde la población se ha involucrado para borrar la huella que les dejó Irma, a pesar de ser el municipio ubicado más al sur de la provincia.

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