Proeza de viernes

El establecimiento de una marca mundial de ensacado de arroz al costado del buque, con 11 529 de esos depósitos en un turno de siete horas, constituye un regalo de los nuevos portuarios santiagueros al Día Internacional de los Trabajadores

Autor:

Odalis Riquenes Cutiño

SANTIAGO DE CUBA.— El amanecer era aún una promesa cuando Ernesto Danger trepó los casi cinco pisos que equivale subir a la grúa de un barco para dar comienzo a las labores de su grupo, el No. 2, de la Brigada de Estibadores del puerto Guillermón Moncada.

Desde el día anterior, o desde días anteriores para ser más exactos, el reto y regocijo se paseaban por la rada, pues el empeño de estibadores y trabajadores de apoyo, bisoños y experimentados, golpe a golpe, como los buenos boxeadores, habían plantado batalla a los escollos cotidianos y conseguido triunfos sin precedentes.

Los meses de enero y la primera quincena de febrero habían sido pobres en arribos, por tanto los planes productivos y por ende las posibilidades de ingresos eran tímidos; en cambio, se presagiaba el comienzo de movimiento del bueno.

Convencidos de que su labor es decisiva en la carga y descarga de las mercancías que por vía marítima le llegan al Oriente cubano, los «guillermones» aprovechaban entonces para  revertir incumplimientos, impulsar planes y defender, a su manera, la economía personal y del país.

Dos ejemplos bastan para ilustrar la intensidad productiva que crecía entre patios y muelles del Guillermón Moncada. En dos días, empleando solo cinco horas del tiempo de plancha, se habían descargado las 1 929 toneladas de pienso en sacos que habían entrado a bordo de la motonave dominicana Carmita.

Se consiguió el pronto despacho y fue tan eficiente y rápida la manipulación que muchos ni se enteraron que se había descargado un buque el fin de semana.

Con anterioridad, se había enfrentado en la rada una situación operacional sin precedentes; simultáneamente se descargaron dos buques con carga a granel a ensacar al costado del barco: uno con arroz y otro con fosfato; al propio tiempo, se manipuló un buque de cemento y  tuvo lugar una extracción priorizada de harina de trigo.

Jorge Luis Ramis González, especialista de planificación de la Brigada de Estibadores, todavía vibra al hacer el cuento. «Nunca antes se habían movilizado tanta fuerza y equipos en los turnos de trabajo; por primera vez en la historia del puerto se ubicaron cuatro máquinas con ocho líneas de ensacado activadas y un alto nivel de organización y sincronización entre todas las partes. Pero si alta fue la descarga, alta fue la extracción. El plan de carga de casillas en el Puerto es de diez diarias, y en esos días se consiguió un promedio de 11,5 cada jornada.

Por eso, cuando procedente del puerto de La Habana entró al muelle 30 de Noviembre la motonave  brasileña Haydée, con tres día de atraso en las operaciones y 19 000 toneladas de arroz a granel para la canasta básica de las provincias orientales a bordo, el espíritu de trabajo alcanzado evocaba los viejos tiempos, aquellos en los que la emulación Al rojo vivo hinchaba el particular el orgullo de los portuarios.

«Había que virar el buque», fue la petición, dicha en el argot  de los portuarios, de la dirección del Grupo Empresarial, lo que en buen cubano equivalía a crear todas las condiciones para salvar al país a toda costa del pago de estadía.

La misión era acogida por una fuerza de trabajo motivada, dispuesta a imponerse a obstáculos como el que Santiago, por las condiciones de su muelle, no sea primer puerto de descarga, y en la que había entrado en escena esa sana vanidad de estibadores que hace a cada uno considerarse el más potente, el más diestro, el más resistente.

Cadena enardecida

De manera que cuando  con el primer «jaibazo» Dangert  llenó la tolva, desperezando aquel amanecer, la varilla estaba bien alta. Los grupos de trabajo del día anterior habían insuflado el orgullo portuario con sendas marcas de sacos llenados al costado del buque, pregonadas de la forma más estridente.

En la pizarra informativa, testigo de todo o casi todo entre estibadores, encendidos mensajes daban cuenta de la tenaz pugna: Con 9 282 sacos en su turno, el grupo de La O le dejó dicho a Noblet: «A papá se re’peta». Por eso Noblet, el    jefe del cuatro, se molestó, tiró 10 173 sacos y ripostó «solo se hizo un ligero esfuerzo…».

Bajo esos rigores comenzó su turno el grupo Dos, comandado por el Ruso, de quien se dice que entró «callaíto y mirando pa’ abajo», dispuesto a sincronizar esfuerzos en cadena y dejar bien claro el temple de los brazos curtidos y emprendedores de su gente.

Desde entonces no se perdió ni un minuto. Sin demora llegaban desde el almacén las pacas de sacos, que manos presurosas entregaban ya abiertos. ¡Qué la tolva nunca se vacíe!, se repetía entre los encargados de encerrar los 50 kilos de arroz que caben en cada saco… Más allá, con pericia milimétrica aquel cosía, el otro disponía, en carretillas avanzaban los bultos de arroz  y eran cargados a las casillas de ferrocarril…

Durante siete horas ininterrumpidas el hacer fue tan intenso que dolieron los brazos, apretó el engarrotamiento de las manos, el tiempo para beber agua fue corto, desde el saco llegó a la boca el pan de la merienda. Un equipo de música avivaba las energías. Cuando la fatiga se hacía sentir entre los menos entrenados,  y crecía la amenaza de bajar el ritmo, solidariamente se cambiaban los roles.

Como de una película en la que fueron protagónicos aún habla emocionado Ernesto Dangert, el winchero y secretario de la sección sindical del grupo Dos. Entre las seis de la mañana y la 1:15 de la tarde, en singular relevo, los wincheros fueron cargadores, cosedores, los tarjadores operaron montacargas… todos en uno, y hombres como Donatién, Maikel Hardy, Lechuga, Gardesuña, se sintieron imbatibles  a sus 25 o 35 años.

Tanto ardor productivo logró aquella cadena que, cuentan, hubo un momento en que el operario de la ensacadora, perteneciente a la compañía inglesa Néctar Group, que opera en Cuba desde hace más de 25 años, salió corriendo para pedirles a sus compañeros que bajaran el ritmo, pues  se corría riesgo de fundir la máquina, diseñada para llenar 12 sacos por minutos.

En siete horas 36 estibadores y personal de apoyo transformaron el orgullo portuario en proeza. El saldo fue la  implantación de un récord productivo internacional de 576 toneladas (t) de arroz:  11 529 sacos, 13,6 por minuto, envasados y cosidos al costado del buque.

Como otra prueba de la impresionante sincronía lograda entre hombres, tiempo, recursos, el grupo Dos implantó aquel día también la marca de haber llenado solo y de un golpe nueve casillas ferroviarias,  el plan de un día en el puerto oriental.

Aviso para el futuro

Así, como quien no ha hecho más que cumplir con un simple deber, los  nuevos estibadores santiagueros no solo le dieron al Haydée el pronto despacho que evitó al país el pago de estadía, sino que permitieron a la Empresa de Servicios Portuarios del Oriente (Serpo) sobrecumplir los planes de manipulación de cargas del mes y del trimestre, y apuntalaron el propósito de superar el millón de toneladas manipuladas al final del año.

En lo personal, el éxito les trajo también la recompensa salarial en moneda nacional —quizá no aún a la altura de esta proeza, piensan algunos— y la consabida estimulación en divisas y la Empresa exhibió la alta productividad con bajos gastos en recursos asociados, que deben caracterizar a un colectivo en perfeccionamiento empresarial como este.

Impresionados, los representantes de la firma inglesa Néctar Group salieron en busca de los elementos que les permitan registrar la marca productiva. Para el próximo barco, insisten, tal vez hasta traigan un juez de los Récords Guinnes.

Directivos de Serpo interpretan el éxito como el reverdecer del espíritu productivo y emulativo que convirtió a los «guillermones» en colectivo de referencia nacional  y un reflejo de la reanimación de la actividad portuaria.

La intensidad productiva conseguida es también un aviso para el futuro, una muestra de lo que vendrá cuando entre en funcionamiento la nueva terminal multipropósito que, con asesoría y capital chino, se levanta aquí y un homenaje desde el esfuerzo, el aporte y la eficiencia al Día Internacional de los Trabajadores y al aniversario 65 de la gesta del Moncada.

Para los estibadores, al decir de Ernesto Dangert, el trabajo intenso de estos días les ha traído de vuelta preocupaciones y peticiones: «…El país debería pensar, excepcionalmente, en bajar la edad de  jubilación de los estibadores; el oficio es recio y con este ritmo de trabajo, si uno se retira a los 65 años, a los 70 va para el ataúd…».

No obstante, asegura con una amplia sonrisa, el reto está en el ambiente, la rada está en explosión, y como en los buenos tiempos, los estibadores santiagueros, en el próximo barco, van por más, lo que en lenguaje portuario se traduce en: «Pa’donde maten…».

Los estibadores santiagueros consiguieron en solo un turno de trabajo llenar de un golpe nueve casillas de ferrocarril, el plan de un día de todo el puerto.

Los estibadores santiagueros consiguieron en solo un turno de trabajo llenar de un golpe nueve casillas de ferrocarril, el plan de un día de todo el puerto. Foto: Tele Turquino

Comparte esta noticia

Enviar por E-mail

  • Los comentarios deben basarse en el respeto a los criterios.
  • No se admitirán ofensas, frases vulgares, ni palabras obscenas.
  • Nos reservamos el derecho de no publicar los que incumplan con las normas de este sitio.