José Luis Serrano proyecta nuevo libro de compilación de sus poesías

El joven cubano, reconocido como uno de los poetas más importantes de su generación, muestra preferencia por el soneto

Autor:

Juventud Rebelde

Endemoniado y elocuente para los amigos, José Luis Serrano concedió a El Tintero una entrevista que rebasa los bordes de cualquier pregunta, un borbotón de palabras que se explican por sí solas y que dicen mucho y bien de este joven holguinero, autor de libros como Bufón de Dios (Reina del Mar Editores y Ediciones La Luz, 1997), Aneurisma (Editorial Capiro) y Examen de fe (Ediciones Sanlope, 2003), entre otros, y reconocido como uno de los poetas más importantes de su generación.

«Con mis 35 años a cuestas, yo soy de Estancia Lejos, que queda de Uñas para adentro, pasando Arroyo Seco, como quien va por atrás de Velazco, con una infancia sin luz eléctrica. De ahí que estudié Electricidad, y como estanza en latín o en italiano, (no me acuerdo), llevado al español quiere decir, ‘estrofa’, quedé reclutado en el batallón octosilábico. El soneto es una estancia clásica, como ves, un hecho premonitorio en mi vida y por eso lo mejor que escribo son sonetos y décimas atípicas. Al menos jamás en Estancia Lejos a alguien le publicaron siete libros, y otros tres como coautor. Por eso le agradezco a mi padre y a mi madre, que me formaran como lector bajo un candil, y por ellos me llamo José Luis, como mi abuelo, mi padre y mi hijo y mi primo. Solo otro hermano en medio de aquel mundo, y cada noche leyendo libros. Como verás, soy todo un éxito familiar y más con estos antecedentes: José Luis Serrano Serrano. Graduado de Ingeniero Eléctrico. Ubicado como Inspector Estatal del Trabajo desde hace 11 años. Investigador de accidentes mortales. Y poeta. No por gusto mi libro se llama Aneurisma. Y la cubierta es la Lección de Anatomía, de Rembrandt.

Habrán sido el vago azar o las precisas leyes, mas en la Universidad de Moa velé mis primeras lanzas, leí casi todo lo que he leído en mi corta vida y escuché mi primera décima y cayó en mis manos el primer libro de sonetos, de mi amigo Ronel; por algo quería ir allí a toda costa, aunque estudiara Metalurgia, Minería, Geología, o Ingeniería civil, porque encontré a Poe y a Elliot; y Vallejo y Rilke me nutrieron tanto como Silvio Rodríguez y Joaquín Sabina para vertebrar una poética propia. Imagínate entonces que estuve presentando a Sabina en la Feria Internacional del Libro en La Cabaña, 48 horas después de lamentarme en público de no poder conocerlo, porque era viernes el lanzamiento por Letras Cubanas de mi poemario El Yo Profundo, y tampoco sería posible entregárselo en persona, porque el pasaje de regreso en avión ya estaba hasta en mi mano y tú sabes lo que es ser escritor de provincia a 800 kilómetros de La Habana. Y de pronto estoy yo en medio de centenares de personas que no querían oírme a mí, con dos frases medio insulsas: «Joaquín Sabina es un Quevedo de estos tiempos...», y el muy maldito se enrolló la cara en la bufanda y replicó un ¡Ole!, que por poco me turba, antes de leer un soneto que se titula como su verso: Por la ciudad camino, no preguntéis adónde.

Para mí ha sido como saldar una deuda personal, o volver a explicar por qué no trabajo en Cultura. Ha sido mucho más fascinante preguntarse desde cómo se forma un grano de azúcar, hasta entrar a una mina de cromo bajo tierra única en Cuba, o ver nacer algo tan crepitante como el níquel más cobalto, para poder explicarte por qué alguien perdió la vida bajo esos riesgos. Ahora mismo investigo la muerte de un compañero electrocutado en una línea de alta tensión en Mayarí, y es también mi credo de sentirme útil, necesario, como mis poemas, donde me empeño en buscar palabras casi malditas, segregadas. Es la imagen de Raskolnikov cuando descubrí a Dostoievski, allá por la Vocacional, en donde me divertía con las matemáticas superiores. Las he nombrado «palabras Raskolnikov», y soy tan tolerante con ellas como mis profesores de primer año me abrían las integrales múltiples o el cálculo matricial. Ellas no entrarían nunca en un soneto, y menos en la rima de la décima, pero yo las busco, las provoco.

Entre mis planes futuros, no solo está pagar el motor del lamentable accidente en que involucré a mi amigo Ronel González y que no le costó la vida sino casi el hombro. Esto es una primicia: estoy trabajando en un ajuste de cuentas a toda mi poesía, a todo lo que he escrito hasta ahora. Es convocar a todos mis poemas, reunirlos bajo un mismo espacio que ya tiene título. Se llamará Axiomas y Sofismas y debe ser todo un éxito editorial, sobre todo si hay alguna editorial que se interese. Para terminar dejo un soneto:

El ciervo

   (...) vulnerado

   por el otero asoma.

   San Juan de la Cruz

   (...) herido

   que busca en el monte amparo.

              José Martí

                   para R. G.

 

No intentes ser el que jamás has sido.Quédate con tus dardos en el pecho.Siempre serás el mismo, el contrahecho,el ciervo vulnerado, el ciervo herido.

No pretendas ganarte lo perdido.No reclames justicia sin derecho.El que se marcha es un insatisfecho.El que regresa es un arrepentido.

Enfrenta tu dolor como una broma.Por el otero, ciervo herido, asoma.El pecho del amor muy lastimado.

¿Qué culpa tienes tú de haber nacidopara el sangriento rol predestinado?Busca en el monte amparo, ciervo herido.

Busca en el monte amparo.

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