Destacan la extensa obra literaria de Leonardo Acosta

El prolífico cubano, conocido como excelente escritor y también en el ámbito de la noticia y en el musical, recibirá el Premio Nacional de Literatura durante la Feria Internacional del Libro

Autor:

Juventud Rebelde

Foto: Cortesía del entrevistado Con cierta parsimonia ha recibido Leonardo Acosta, uno de los mejores ensayistas del país, los reconocimientos conferidos en los últimos tiempos. Quizá porque a la altura de los 73 años las emociones ya no son las mismas. O porque guarda recuerdos antiguos que le marcaron para toda la vida.

«Aunque en el caso del Premio Nacional de Literatura he podido disfrutar, en primer lugar, la alegría contagiosa y transparente de aquellos que me aprecian, y por añadidura comprobar, al menos en mi caso, la credibilidad de ese dicho popular de que la justicia tarda, pero llega», aclaró.

Luego de una intensa trayectoria de trabajo que incluyó a la música, el periodismo y la literatura, Leo, como le dicen sus amigos, está recogiendo los frutos que merece. Los aportes de este creador le han hecho ganador del Premio Nacional de la Crítica en cinco ocasiones. Con su libro Alejo en tierra firme: intertextualidad y encuentros fortuitos obtuvo además el de Investigación del Centro Juan Marinello y el de la Academia de la Lengua al Mejor Libro del Año en el 2005. Y ahora, por su quehacer literario de toda la vida, particularmente por sus numerosos ensayos, se le otorgó el Premio Nacional de Literatura, el cual le será adjudicado oficialmente durante la venidera Feria Internacional del Libro de La Habana.

Orgullo sano el del gremio literario desde que se dio la noticia, pero también el de los periodistas y los músicos. Pues este prolífico cubano, nacido en La Habana de 1933, en un ambiente familiar que favoreció su sólida formación, además de ser un escritor de talla mayor (ensayista, poeta y narrador) dejó su huella en el ámbito noticioso y en el musical. Fue fundador de la Agencia de Noticias Prensa Latina y trabajó como músico en importantes orquestas y con cantantes del movimiento feeling.

«Cuando uno es joven el tiempo es suficiente para todo, se puede estirar; ya de viejo apenas alcanza. Ese es el único secreto. Estudié también Arquitectura durante dos años y medio, o algo más, pero de cualquier manera nos cerraron la Universidad en 1954 y me dediqué a la música, ya a “tiempo completo”, o casi».

Figura indispensable dentro del jazz latino y el feeling, Acosta compartió escenarios, entre otros, con Benny Moré, Armando Roméu, José Antonio Méndez, Frank Emilio, Rosendo Ruiz Jr., El Niño Rivera, Chucho Valdés, y fue miembro del Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC.

«Tuve muchos profesores y maestros en la música, no así en la literatura, pero puedo mencionar a dos que influyeron en mí, tanto en una como en la otra, y es el “tándem” que constituyeron en los años 50 el compositor Julián Orbón y el novelista Alejo Carpentier. En cuanto a mi género preferido, el ensayo, mis mayores influencias provienen de Fernando Ortiz, Franz Fanon, Mariátegui, Octavio Paz y por supuesto, José Martí.

«Yo traté de estudiar Periodismo y acudí a José Z. Tallet, gran amigo de mi padre, pero entonces el gremio estaba marcado por el anticomunismo. El mismo Pepe era visto con sospechas y apenas lo aceptaban. Poco después un amigo del 26 de Julio me encomendó la tarea de proporcionarle la información extranjera sobre Cuba a un periodista que tenían escondido, y que resultó ser Jorge Ricardo Masetti. En enero del 59 lo conocí y me propuso trabajar en Prensa Latina, que era entonces un proyecto. Ahí permanecí nueve años y aprendí sobre la marcha, trabajando y compartiendo con periodistas de toda América Latina.

«Estuve como corresponsal en México y Praga, y como enviado especial en otros países. Hacia 1965, cuando Prensa Latina estuvo bajo la dirección de José Felipe Carneado, creamos una escuelita precursora de la actual Facultad de Periodismo, de la que hoy ni se habla, en la que fui profesor de Redacción de cables, asignatura que resultó muy práctica».

La obra ensayística de este acucioso investigador abarca temas del arte y la literatura en general e históricos, de Cuba y América Latina. Se detiene particularmente en José Martí y Alejo Carpentier. Pero sobre todo, en el ámbito musical, donde ha cosechado un significativo número de estudios relacionados con el jazz y la música cubana. Todo ello sin dejar a un lado el periodismo, profesión en la que se especializó primero en temas de política internacional y posteriormente en el área cultural.

«La práctica del periodismo me llevó gradualmente al ensayismo y a la investigación histórica, literaria y musicológica, aunque también me ayudó mi condición de bibliotecario, pues además tuve tiempo de estudiar Bibliotecología y graduarme, y es una carrera muy útil, te enseña dónde buscar la información».

Toda una vida dedicada a adentrarse en las raíces y esencias de nuestra cultura, que ahora le retribuye con el más importante galardón de las letras cubanas. Sin embargo, Acosta prefiere pasar inadvertido, entre papeles y sueños, disfrutar de la soledad en su apartamento del Vedado y de la compañía de Margarita, la esposa, quien lo protege con amor.

«Mi padre fue un gran fotógrafo, y en una época yo fui su “conejillo de Indias”. Como aparezco en tantas fotos, puedo identificarme en esa totalidad; con una sola, me veo como un extraterrestre, porque es una imagen parcial de mi persona, un “cliché”, una manera de atraparme y encasillarme. No me gusta, además, ni lucirme ni ser estrella. Mi padre decía que era mejor estar entre los primeros que ser el primero. Me gusta ser testigo y no actor, y cuando trabajé 11 años en la TV cubana siempre fue detrás de la cámara. En eso coincidí con casi todos los directores y camarógrafos de la televisión. Creo que eso explica por qué, desde siempre, mi personaje favorito fue el Hombre Invisible».

¿Proyectos?... «Escribir para no morir», como bien dijo Gabriel García Márquez.

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