Clausura Abel Prieto, ministro de Cultura, el VII Congreso de la UNEAC - Cultura

Clausura Abel Prieto, ministro de Cultura, el VII Congreso de la UNEAC

Aseguró que comienza una nueva etapa de sistematicidad, rigor,  profundidad y trabajo permanente

Autor:

Randol Peresalas

Promover sistemáticamente la participación, el debate, mantener esa unidad imprescindible en torno a la política de la Revolución, es un deber ineludible de la UNEAC, enfatizó Abel Prieto Jiménez, ministro de Cultura, al dejar clausurado este viernes el VII Congreso de los escritores y artistas cubanos.

Al dialogar con los cerca de 400 delegados que sesionaron desde el pasado martes en el Palacio de las Convenciones de La Habana, el miembro del Buró Político recordó que muchos de los programas de la Revolución que desde hace algún tiempo se llevan a cabo, como parte de la Batalla de Ideas, nacieron de los diferentes encuentros que sostuvo el compañero Fidel con los artistas y escritores cubanos en los últimos años, pero sobre todo del intercambio que tuvo lugar, una década atrás, durante el VI Congreso.

De aquellos magníficos debates con el líder de la Revolución surgieron iniciativas, de las cuales el titular de Cultura mencionó algunas de las más cercanas a los temas culturales.

Refiriéndose a la notable influencia de los medios masivos de comunicación, el miembro del Buró Político señaló que «debe existir conciencia de la necesidad de una producción atractiva y profunda, que sea respaldada por el mayor talento artístico del país. Esto tiene que comprometernos a trabajar sin descanso en pos de la Radio y la Televisión que necesita la nación.

«Esa constituye una misión estratégica. Debemos crear en el pueblo, especialmente entre los jóvenes, una capacidad crítica e inteligente ante los modelos falsos y la supuesta modernidad capitalista, desterrar la impresión de que esos enlatados televisivos foráneos son signos de diversión moderna y atractiva, y que lo nuestro es aburrido y carece de interés».

Otro asunto que mereció su atención estuvo relacionado con los instructores de arte. «En ellos hay un instrumento de gran utilidad; son una fuerza que hace diez años ni siquiera podíamos imaginar. En el congreso de 1998 se habló de cómo las Casas de Cultura estaban devastadas por la crisis; apenas había 1 900 instructores, personas memorables que seguían laborando con las comunidades en condiciones muy adversas, cargados de la mística de esa profesión; eso debe tenerse presente siempre.

«En la actualidad hay más de 13 300 jóvenes en 7 500 escuelas entre el horario escolar y extraescolar. A través de ellos es posible lograr una mayor efectividad en la formación de valores hondos y auténticos, la transmisión de los conceptos martianos y fidelistas acerca del poder emancipador de la cultura. Hay que seguir supervisando ese programa.

«Es preciso resolver el viejo dilema entre masividad y calidad. Los instructores de arte pueden ser una vía para ello. Nuestra vanguardia debe comprometerse moralmente con este programa; ha sido muy difícil reclutar profesores para las especialidades y un por ciento ínfimo es de la UNEAC. El talento artístico de este país debe participar más con esos jóvenes que están ávidos de relacionarse con ellos».

Abel llamó a revisar la funcionalidad de las grandes empresas que representan a una nutrida masa de artistas, y que justamente por ello no pueden atender de un modo diferenciado a estos. Nacieron con ese concepto y se distorsionaron.

El creciente movimiento de jóvenes realizadores y la democratización de los soportes audiovisuales, gracias al avance tecnológico, fue analizado por el Ministro a propósito de los frecuentes planteamientos hechos al respecto. Están las ideas de crear una especie de fondo para la producción de cine nacional de modo que estos autores puedan llevar sus proyectos, y sus propuestas se agilicen tanto en lo económico como en lo relativo a la divulgación y distribución.

Insistió en la necesidad de restaurar el tejido espiritual de la sociedad «en esas zonas más dañadas por el culto estúpido, la frivolidad, por los retrocesos éticos, la corrupción, el racismo, el sálvese quien pueda, todo eso en una mezcla diabólica. No se puede ser un Dr. Jekyll: revolucionario y antiimperialista en la mañana, y luego, por la noche, un Mr. Hyde entregado a lo peor de Hollywood; porque, como en el cuento de Robert Louis Stevenson, puede llegar el momento en que se produzca un cortocircuito y salir a relucir el lado oscuro e ingobernable de Mr. Hyde en el momento menos oportuno».

En cuanto a la diversión sana, el Ministro manifestó que hay que enriquecer el concepto de «recreación». «A ningún joven se le puede imponer un modelo de recreación, porque entonces deja de serlo. Existen iniciativas cuya amplia repercusión ha demostrado que la gente está ávida de formas nuevas, lo que hay es que pensarlas, diseñarlas, divulgarlas», dijo.

«Comienza una nueva etapa de sistematicidad, de rigor, de profundidad, de trabajo permanente por parte de las comisiones, reuniendo y aportando ideas; el Consejo Nacional electo debe citarse dos veces al año invariablemente y rendir cuenta de su gestión; el trabajo en equipo no se puede perder.

«La UNEAC, sin apartarse de los principios, la ética y el camino trazado por sus fundadores, se enfrenta al reto de salvar la cultura, que es salvar la Patria».

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