Poesía de...Osmany Oduardo Guerra - Cultura

Poesía de...Osmany Oduardo Guerra

Narrador, poeta y traductor (Las Tunas, 1975). Ha publicado Cantigas de escarnio y Poema consciente (Premio Nacional Décima Joven de Cuba) y Poeta en La Habana, Mención del Premio Casa de las Américas en el 2004. Estos poemas pertenecen a su cuaderno inédito Animal de feria (Ediciones Unión)

Autor:

Juventud Rebelde

Les dejo el tiempo, todo el tiempo.Eliseo Diego

Les dejo mi ventana sin barrotes,

mi corazón sin rejas, estas ansias

de tragarme el océano. Les dejo

una ciudad sin puertas que no es mía

pero me pertenece por cansancio,

porque asomé a su edad sin darme cuenta

aquella tarde al sur de piedras suaves.

Les dejo otras mujeres que se astillan

en mi cama pequeña y se retuercen

sobre mi soledad. Les dejo el tiempo

debidamente detenido en mí.

Se quedarán también con mis amigos

y algunos borradores que valdrán

muy poco (a mis amigos no los compran

con millones de estrellas y guijarros).

Si es posible les dejaré un licor

para hundir la tristeza. Si es posible,

un árbol para colgar los teléfonos.

Si es posible una mañana. Destierro

el amor, los secretos, porque ustedes,

amigos prestamistas, son tan limpios

que precisan de mí la mejor parte,

es decir: perros, mendigos, columnas,

ceniceros, espinas, baños públicos.

Soy un animal. Habito todos los teléfonos

vacíos y los parques sin pájaros. La muerte

es sólo una estación para piedras y mortales.

La vida es insípida y sin tiempo para mí.

Yo soy un animal que muere a secas. No quiero

una razón para implantar reinos, convocar

aceras al discurso nocturno de las fuentes.

Quisiera amanecer de vez en cuando, tan solo

que me astille así contra mi propia soledad.

Algo puede amortajarme la distancia, pero

nunca un paisaje, nunca un vestido de muchacha

que ha quedado herrumbrado y espera otro camino,

otra piedra contra su desnudez infinita.

Puede ser que otras mujeres inventen desde lejos

unas garras para amasar mi soledad, unos

dientes para estrenar mi piel sin huellas y un grito

para asustar las noches. Yo me pierdo cansado

para siempre en mi habitación: ciudad que recorro

una y otra vez y entonces desconozco gentes

apartándose de mí, horrorizadas y torpes.

Entonces es que pienso: mi sinrazón los harta,

mi condición de bestia los convierte en receta.

Entonces impaciento el reloj y me hago sitio

al otro lado de la muerte, y si hoy canto es

porque soy un animal terriblemente solo.

Yo no sé de alfileres en la voz.

Siempre el viento me trajo esos gorriones

taciturnos. Los trajo a morir en

mis sudores que se sabían fértiles

de atardecer y espanto. Se marcharon

y así noche se fue nublando en día.

Yo no sé de la paz en los umbrales

ni un grito soterrado en la memoria

ni esa lluvia agujereando mi casa.

Yo no sé si el pasado duerme absorto

en mi sien. Lo he visto morir golpeado

por mañanas imberbes y estampidas.

Pero sé de este día que me ahorca.

Pero sé de una estación para infelices.

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