Tania Vergara: como pez en el agua

La obra A los confines de la tierra resultó la ganadora del VI Concurso Iberoamericano de Coreografía CIC 2008

Autor:

José Luis Estrada Betancourt

Tania Vergara, ganadora del Concurso Iberoamericano de Coreografía. «¡Felicidades, has obtenido el premio!». Del otro lado de la línea telefónica la joven bailarina y coreógrafa camagüeyana Tania Vergara no podía creer lo que escuchaban sus oídos. La emoción, que todavía le dura, no solo fue consecuencia de la sorpresa porque A los confines de la tierra hubiera sido la obra ganadora del VI Concurso Iberoamericano de Coreografía CIC 2008, sino también porque la noticia vino acompañada, nada más y nada menos, que por la voz de la propia Alicia Alonso, «una figura que te impacta con solo oírla, verla, porque desde que naces estás escuchando hablar de ella y cuando entras a este mundo se convierte en tu paradigma, porque es una leyenda viva, y cualquier contacto que tengas con la prima ballerina assoluta te cautiva, te toca».

La directora y fundadora de la Compañía de Ballet Contemporáneo Endedans no puede mentir y asegurar que no lo esperaba. «Cuando uno compite siempre tiene la esperanza de ser el vencedor, pero lo que en verdad quería era que el jurado apreciara que en Camagüey existe una compañía que vale la pena ver y una coreógrafa que sabe lo que está haciendo. Ya lo de ganar era muy pretencioso, como un sueño».

Según explica Tania, A los confines de la tierra «es una obra que, de alguna manera, pretende ser un tributo a la emigración gallega, a pesar de que no cuenta exactamente una historia sobre ese tema, pero se respira en su espíritu, sobre todo en la escena final donde las mujeres permanecen y los hombres salen a buscar nuevos caminos, nuevos mundos.

«La idea apareció después que me puse a escuchar el más reciente disco de Luar na Lubre, Camiños das fin da terra, el cual me llegó por medio de su violinista Eduardo Cueva, un amigo con quien estudié cuando éramos niños y que forma parte de la agrupación gallega. Sucedió que la partitura musical me impactó de una manera tremenda. Los integrantes de Luar na Lubre son instrumentistas de academia que hacen música tradicional y folclórica, pero con aires contemporáneos.

«Me inspiraron las melodías de Camiños das fin da terra, las cuales tienen cierto toque desgarrador, emotivo. Escuchas las piezas y vez movimiento, danza; e incluso te permiten contar una historia. También el hecho de que en los últimos tiempos se habló mucho de Galicia, a raíz de haberse dedicado la pasada Feria Internacional del Libro a esa región española.

Tania Vergara mientras monta A los confines de la tierra. «El lenguaje de A los confines de la tierra es contemporáneo; no tan gestual como el que generalmente utilizo en Endedans, sino que es más danzario y está lleno de tiempo y contratiempo, de movimientos de hombros, de movimientos a partir del pecho, de otros que nacen de la colocación con la cabeza, o que son secos y cortos..., los cuales, aunque beben mucho de la danza clásica, tienen otros matices, otra fuerza; una connotación diferente.

«Me apoyo mucho en los telones, se trabaja casi en proscenio, esencialmente las mujeres, aunque los hombres están presentes. Es un recurso que no es usual y al que llegué experimentando en obras anteriores».

—¿Qué te motivó a presentar A los confines de la tierra al concurso?

—Lo que me llamaba la atención era que si ganaba podía trabajar con el Ballet Nacional de Cuba (BNC) y me abría las puertas para participar en el Festival Internacional de Ballet de La Habana; un evento muy selectivo, de alto prestigio, donde asisten renombrados coreógrafos, pero también aquellos que son menos conocidos. El hecho de que el Festival sea un suceso mundial de la danza hace que sea muy ambicionado por los creadores de Iberoamérica.

—Por tus palabras se infiere que tenías muchas ganas de trabajar con el Ballet Nacional de Cuba...

—No por mucho decirlo deja de ser cierto que quienes conforman el BNC poseen un alto nivel técnico, gracias a un sistema de enseñanza bien consolidado. Es una compañía que siempre está creciendo, que ha tenido la oportunidad de interpretar coreografías de George Balanchine, de William Forsythe, de Béjart..., o sea, que tiene un espectro danzario muy grande y ambicioso, muy renovador. Entonces está claro que entrar en el repertorio del BNC es un privilegio para cualquier coreógrafo.

«Tengo que decir que trabajar con sus bailarines es un goce. Hice muy buena química con ellos, porque son muy respetuosos. En los ensayos me pasaba de tiempo y ellos lo asimilaban con gusto aunque estaban involucrados en otras obras. Noté compromiso con lo que estaban haciendo conmigo, muchos deseos de entender qué era lo que yo quería, de defender A los confines de la tierra. Eso quiero agradecerlo, porque mi labor depende de los bailarines».

—¿Te gustaría montar otras obras para algún bailarín en específico?

—Me encantaría hacer un dúo contemporáneo con Viengsay Valdés y Rómel Frómeta; y con un joven de quien la maitre Mijaela Tesleoanu dice que es uno de los mejores bailarines del mundo, Alejandro Virelles. Me encantaría trabajar con él, pues tiene una figura muy estilizada, un relevé y una línea de piernas muy lindos, notable elasticidad y un ángel que lo hacen un privilegiado.

—¿Qué nos puedes contar de Endedans?

—Endedans forma parte de mi proyecto de vida. Tengo una vida personal y profesional magníficas, y la compañía está en las dos partes. Surgió en el 2002, porque yo necesitaba explorar con las cosas que estaba vislumbrando. Mi espectro danzario había cambiado después de ver las clases del maestro Ramiro Guerra, y de apreciar por la televisión las obras de los coreógrafos que participaban en los festivales internacionales de ballet.

«Todo eso hizo que me replanteara mi quehacer con la escuela, donde venía haciendo cosas diferentes. Mis compañeros me decían que estaba como pez fuera del agua, porque cada nueva propuesta era más “loca”, más osada, y ya no funcionaban para la escuela, y yo necesitaba un espacio permanente y de laboratorio. Así apareció Endedans, una compañía compuesta por bailarines muy jóvenes con quienes logro un excelente intercambio y de los cuales me nutro. Son tan creativos, que me cuesta trabajar con otros, porque ya estoy adaptada a que se entreguen totalmente a partir de patrones que les he ido sembrando y de las improvisaciones que siempre hacemos.

«Puedo decir que me siento bastante satisfecha por lo que hasta ahora se ha logrado con Endedans, gracias a que he podido entregarme en cuerpo y alma a ese proyecto. Claro, no hubiera podido hacer mucho sin mis bailarines; sin mi mamá, Amelia Pérez, que ha sido mi brazo derecho para poder llevar adelante mi carrera coreográfica, ser directora de la compañía, profesora de una escuela y madre de dos niños; y sin mi esposo, Guillermo López, excelente artista de la plástica que me ha sostenido».

—Tania, ¿te presentarías de nuevo al concurso?

—Me encantaría, tengo ideas nuevas que me parece que pudieran funcionar... Sí, me gustaría.

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