Mi arte toma lumbre del contexto cotidiano

El artista de la plástica Rafael Cáceres, al filo de sus 30 años en la creación, desarrolla una importante labor con jóvenes grabadores en Cienfuegos

Autor:

Julio Martínez Molina

CIENFUEGOS.— Rafael Cáceres es uno de los artistas que honran a la plástica de Cienfuegos, tanto por la calidad de su ejecutoria como por la valía humana del creador. Hombre afable, diáfano y querido por todos, sería el profesor con quien usted quisiera enviar a su hijo, si el vástago deseara convertirse en grabador.

El antiguo maestro de la desaparecida academia de artes plásticas Rolando Escardó —hoy de la escuela de arte Benny Moré— es también dibujante de los buenos.

Ama el oficio, el arte, la vida a las personas con quienes interactúa de forma cotidiana, a su familia, la labor intelectual constante.

El Consejo Provincial de las Artes Plásticas y la UNEAC del territorio (de la que fue vicepresidente primero durante una década) preparan varias celebraciones en ocasión de sus 30 años al servicio de la misión artística.

A su retorno de Ecuador —donde montará la expo Doce Lunas— tendrán lugar dichos homenajes.

Antes de partir, Cáceres dialogó con JR y recordó la franja inicial de su carrera: «Aquellos años en la Escardó resultaron muy bonitos, visto desde todo ángulo. Mi juventud, el hecho de trabajar con niños —me motiva siempre—, son cosas bellas para evocar.

«El saldo fundamental de dicho lapso fue que varios de mis educandos continuaron en el arte; se encargaron de confirmar más adelante su, entonces, talento en ciernes».

De forma paralela al magisterio, articulaba su obra, «básicamente en salones, y exposiciones personales».

Al cerrar la academia —rememora— pasé a dirigir la Galería de Arte, para 1991; con posterioridad se fundó el Consejo de las Artes Plásticas, y me eligieron para dirigirlo.

Pero el artista le atribuye la importancia mayor a la labor que desarrolla ahora en el Taller de Grabado de Cienfuegos, al lado de jóvenes a quienes adiestra en dicho arte, su disciplina predilecta.

«El Taller ha sido una escuela, no solo para los alumnos, sino también para los mismos artistas profesionales, pues en Cienfuegos no había una tradición de grabado. Ahora se va consolidando y me parece que la gestión del sitio, en tal sentido, representó un motor impulsor».

Si Cáceres mira en dibujos estos 30 años corridos (donde habrían de incluirse, como instantes básicos de su expresión creadora, las más de cien exposiciones colectivas, las 19 individuales), para localizar sus fuentes de inspiración, no duda en afirmar que su trabajo artístico se caracteriza por abrevar de forma explícita del entorno donde vive. «Creo que el sustrato del arte tiene bastante relación con captar dichos estímulos.

«Estudio mi contexto —añade—, lo reanalizo a través del prisma del arte. En eso halla razón quizá el hecho sentimental, me agrada apreciar la interacción entre los seres humanos, tengo un diapasón muy amplio de conversaciones con muchas personas, pues no establezco distingos. Ese fondo social que me tocó vivir y vivo constituye base de mi labor, lo cual disfruto sobremanera».

Hoy la labor del merecedor de innumerables condecoraciones e integrante del contingente Juan Marinello, la Asociación Difusora de la Obra Gráfica Internacional (ADOGI) y de la Sociedad Gráfica de Cienfuegos, se bifurca entre el Taller de Grabado y su carrera, que forman parte de una unidad indisoluble.

A su retorno de Quito, Cáceres montará la expo personal titulada Grafismos en la UNEAC cienfueguera: «Son 20 obras inéditas, donde me decanto en todo caso por la experimentación. No doy por sentado nada, innovo».

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