Ricardo Darín: Para verlo y vivirlo tienes que ir a Cuba

El reconocido actor argentino ha quedado muy impresionado con la avidez del público cubano por el séptimo arte en las ediciones del Festival de Cine de La Habana a las que ha asistido, confiesa en diálogo con JR

Autor:

Kaloian Santos Cabrera

BUENOS AIRES.— Sin dudas, el argentino Ricardo Darín se halla entre los artistas extranjeros más queridos y admirados por los cubanos. Desde hace más de una década, el actor ha desembarcado en la Isla en diferentes ediciones del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano. Es protagonista de una amplia filmografía donde destacan títulos como El hijo de la novia, Kamchatka, Nueve reinas, XXY y El secreto de sus ojos, entre otras.

Recientemente Darín fue agasajado por la Fundación Konex, una institución sociocultural que, desde 1980, reconoce a personalidades e instituciones en todas las ramas del quehacer argentino. En esta edición, Ricardo recibió el premio Konex de Brillante como el mejor artista argentino de las artes escénicas de la última década.

Tras la ceremonia, el galardonado se enfrentó a decenas de periodistas, cámaras de televisión y flashes de fotógrafos que, como jauría, se lo disputaban en una noche de primavera. Amable, ya acostumbrado al asedio y con un sentido del humor excepcional, el actor fue sorteando la cascada de preguntas.

Al parecer sabe lidiar con la algarabía alrededor de su persona. Se hace cargo de lo que inevitablemente genera la fama y gira la veleta para bien: por estas tierras Ricardo Darín no solo es reconocido por su profesión sino también por su buena onda.

Cuentan que el artista atiende a todos cuando lo paran por la calle o lo cercan para pedirle un autógrafo o una foto. Sea en su país o cruzando los mares, donde es muy popular en otras tierras como España o nuestro país.

De esta forma, en un aparte y en medio de la agitación, no puso reparos para conversar unos minutos con JR al cual le manifestó su admiración y cariño hacia la Mayor de las Antillas.

«Me llevo bien con los cubanos y no solo porque sea famoso o popular, sino por el contacto directo que he tenido con su gente», reveló el actor al instante de escuchar que la entrevista era para Cuba.

«Siempre me tratan muy bien. Todas las veces que fui la pasé de maravilla. En uno de esos viajes estuve dos semanas con un amigo recorriendo todo el país, escuchando buena música, conociendo pueblos y a mucha gente hermosa», reveló quien desde los cinco años de vida está delante de una cámara.

Y es que para Ricardo «lo que te hace querer a un lugar son las personas y no la parte geográfica. Partes lindas hay en todo el mundo. Lo que pasa es que de Cuba muchos solo conocen La Habana o Varadero y se pierden el resto, que es maravilloso», enfatizó.

Luego de recibir el premio Konex, al pronunciar su discurso, Darín expresó: «Debo agradecerle este privilegio al hecho de haber formado parte de películas que tuvieron muy buena aceptación».

Es cierto. Pero a esa especie de «suerte» hay que agregar profesionalidad, carisma, ética y calidad actoral que reúne y que hace que, como a pocos, lo mismo lo venere el público, que la crítica y los directores. Sobre todo los espectadores, que tanto en Argentina como en Cuba, en vez de mencionar el título de una película donde él interviene, dicen: «Vamos a ver la de Darín» o «debe ser buena porque trabaja Darín».

Con semejantes cartas de presentación también ha recorrido los más importantes festivales de cine del mundo. Sin embargo, declaró su preferencia por el Festival de La Habana.

«Siempre digo que es el más hermoso del mundo. Nunca vi tantas personas interesadas, entusiasmadas y ávidas por ver cine. Vi El hijo de la novia, en el 2001, en el teatro Karl Marx, ante cinco mil espectadores. ¡Impresionante! Hoy las grandes empresas han hecho que los cines se reduzcan a una salita para 200 personas. Luego, en Cuba es una modalidad diferente. Allí no participé de ningún programa de chimentos y farándula, todo el tiempo fueron intercambios con colegas cubanos, periodistas y con la gente en la calle. Eso no existe más en ninguna parte del mundo. Si uno quiere verlo y vivirlo tiene que ir a Cuba».

El hijo de la novia, dirigida por Juan José Campanella, fue nominada como mejor película extranjera para los premios Oscar en el 2002. Sus protagonistas pisaron la alfombra roja de Hollywood. No fue la triunfadora.

Luego en 2010, El secreto de sus ojos, otro título protagonizado por Darín y dirigido también por Campanella, fue escogida nuevamente por la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de los Estados Unidos. Esta vez la estatuilla sí fue para la cinta argentina. Pero Darín, por propia elección, y a pesar de haber sido invitado oficialmente, vio la ceremonia desde su casa, por televisión.

«Lo del Oscar está muy claro: es un mercado. No estoy negando su importancia, pero últimamente para mí no es una señal de calidad», declaró recientemente el propio actor en una revista local.

Sobre este aparte contó a JR que «por las experiencias vividas la pasé mejor las veces que fui al Festival de La Habana que en los Oscar. Esto no es necesariamente una declaración política. Es existencial y humana.

«Nosotros fuimos al toque del 11 de Septiembre. Allá todos estaban paranoicos, nadie te miraba a los ojos. Desconfiaban de todos como si en cualquier momento fuera a explotar una bomba. De todas formas el trato y el contacto humano en Cuba se da a otro nivel, donde es muy cálido. Por eso digo que todo depende del lugar».

Más que los premios o el reconocimiento social, Ricardo Darín agradece cada día por gozar de un privilegio único.

«Hago lo que me gusta y puedo trabajar de ello. Soy un afortunado con tanta gente en el mundo que tiene que trabajar en lo que no le gusta», apuntó al final de nuestra charla mientras que, para cerrar, señaló:

«Al público cubano quiero decirle, sencillamente, que lo quiero mucho y le deseo siempre lo mejor. Si me proponen algún proyecto con Cuba me encantaría participar».

Por si no lo sabía

Ricardo Darín nació en Buenos Aires en 1957. Hoy es un actor reconocido, quien asegura que lo que más lo moviliza a la hora de trabajar es una buena historia. Afirma, además, que prefiere los personajes que menos se parecen a él.

De su entrada al mundo de la actuación comentó en una entrevista: «Empecé a actuar desde muy chico; de manera que en la Primaria, yo ya era actor. Pero tanto los maestros como mis compañeros lo tomaban con naturalidad. Yo mismo lo tomaba así. Nací en una familia de actores, o sea que para mí estar con mis padres en un escenario era lo mismo que para otro chico ayudar a su papá en la farmacia. Y en la escuela actuaba cuando actuaban todos o nos integrábamos todos al coro.

«Yo no asistí nunca a ningún taller, seminario ni escuela de teatro. No tuve un aprendizaje basado en lo formal ni en lo técnico; sino a partir de la observación de aquellos que, con mayor o menor generosidad, me hicieron parte del oficio. Yo siento como maestros a todos aquellos que alguna vez me permitieron aprender, aunque más no sea que mostrándome algo o hablándome de lo que les pasaba.

«Mis padres eran muy queridos en el oficio, pero no me refiero a la farándula sino a los laburantes y, justamente, fueron esas personas las que me dejaron respirar el oficio, muy pegadito a ellos. De modo que mi aprendizaje fue dándose de manera imperceptible, más bien sensorial. Así aprendés de las actitudes generosas y también de las que no lo son. Hay que agradecer a esas personas con las que no coincidís, porque te evitan perder tiempo, ya que te muestran rápida y claramente lo que no querés ser».

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