La trova en las venas

Rey Montalvo trabaja desde el 2011 en la preparación de su primer disco, con la ayuda de figuras emblemáticas de la música cubana

Autor:

Hugo García

MATANZAS.— Cuando lean este nombre: Reynaldo Armando Montalvo Vasallo, seguro gran parte de los lectores no lo conocerá. Es un joven matancero nacido en 1989 y que a la edad de cinco años participó en el Festival de la Canción Infantil Cantándole al Sol en Matanzas, en el que obtuvo premio.

Creció en un ambiente favorecido por la buena música. Ahora estudia la Licenciatura en Sociología en la Universidad de La Habana y su amor por la trova lo convierte en un talentoso cultor de la canción pensante en la Isla.

—¿Por qué apuestas por la música inteligente?

—La música es aquello donde refugiarse de la banalidad y lo obvio. Apuesto por la poesía cantada, consecuente con mis raíces y la génesis de mi personalidad.

—¿Consideras que los jóvenes músicos cuentan con espacios suficientes para desarrollar su arte?

—En todo el país sufrimos los espacios inutilizados, y somos muchos los jóvenes músicos dispuestos a tomar riendas en el asunto. Los espacios para el arte joven no se corresponden con la cantidad de músicos en el país, y aunque así fuera, para el ímpetu y el dinamismo de la juventud cubana nunca serán suficientes.

—¿Qué te ha aportado la Asociación Hermanos Saíz (AHS) en tu vida artística?

—La AHS constituye un espacio fundamental de socialización para los artistas jóvenes del país. En la sede de la organización en Matanzas, con la ayuda de otros artistas asociados y amigos, organicé desde el mes de noviembre de 2010 el espacio mensual Tres Trovadores y punto, en el que confluyen manifestaciones artísticas.

—Postal de peces ha tenido aceptación entre músicos y lectores. Cuéntanos de este libro.

Postal de peces (2011) es un regalo para mis canciones y para el público que las prefiera. El trabajo se materializó gracias al diseño y los dibujos de Frank David Valdés, el prólogo de Vicente Feliú, la edición compartida de Agustina Ponce y Leticia Hernández, esta última encargada de los manuscritos musicales, y la ayuda de mi familia y amigos.

—Apreciamos a un joven Rey inmerso en varios proyectos a la vez: universidad, compositor, la peña…

—Las composiciones que antecedieron mi carrera universitaria carecían de una perspectiva sociológica. Con esta ciencia social aprendo a desentrañar los enigmas de los fenómenos en nuestro mundo, perfecciono mi lenguaje, amplío el conocimiento y ejercito el manejo de mi subjetividad a la hora de ofrecer un criterio; a la par salen canciones.

—¿Como joven qué te gustaría mejorar institucionalmente para desarrollar la trova, sobre todo de los jóvenes?

—Lo que más atenta contra el desarrollo del arte joven en Cuba es el prejuicio y la falta de voluntad en el personal de algunas instituciones a la hora de apoyar determinado proyecto artístico novel.

«La mayoría nos iniciamos ansiosos por mostrar lo que podemos hacer y es difícil abrir puertas cuando tu nombre todavía no ha sido mencionado por los medios de comunicación masiva, o no tienes los contactos ni el presupuesto adecuado.

«En el caso de los trovadores (que somos muchos), no se trata en primera instancia de que nos graben discos, nos ayuden a fundar espacios o nos faciliten el ingreso a una empresa musical. Lo primero es que todos merecemos el derecho a ser escuchados.

«Es injusto menospreciar el trabajo de la AHS en favor de los trovadores jóvenes del país; todavía en eventos nacionales de trova el espacio para los “desconocidos” es minúsculo, hay que extenderse a lo nuevo».

—¿Quiénes han influido más en tu creación y en tu personalidad de trovador?

—Aprendo a hacer canciones escuchando a Silvio, Noel, Pablo, Vicente, Serrat, Aute, Jorge Drexler, Alejandro Filio, de cada trovador o cantautor que aporte algo nuevo, ya sea desde su poesía o de la armonía en su acompañamiento. Silvio Rodríguez es la influencia omnipresente, cada creación es una clase magistral de cómo lograr la convivencia perfecta entre la música y la poesía; gracias a Vicente Feliú aprendo cuál es el camino para llegar a ser trovador; crear y exponer tu arte defendiendo la ética, fiel a tus principios, tu guitarra y tu público, guerrero con el machete en la mano y la guitarra al ristre, antimediático, enamorado de la vida y tan crítico como revolucionario; censor de uno mismo, primero, y del mundo después.

—Los textos de muchas composiciones musicales padecen de cierta vulgaridad con el propósito de arrastrar a un sector. Cuando Rey escucha esas letras chabacanas, ¿cuánto sufre su espíritu?

—Ojalá pudiera decir que no las escucho, pero desgraciadamente existe un mecanismo, que las instituciones culturales atribuyen ajeno, que convierte la vulgaridad en las canciones en una moda. Esto conlleva a que aparezcan constantemente representantes de una música con letras chabacanas. Me avergüenza escuchar esas composiciones, y me insulta que algunos asocien esas exposiciones vulgares con música nueva y cubana. El arte no envejece pero sí sufre, no es importante mi espíritu, pero la música cubana y su historia no merecen tales golpes.

—¿Por qué en tu obra cobra especial lugar la figura del Comandante Guevara?

—Mi madre, como eterna guevariana, me enseñó desde entonces a amarlo y respetarlo, a comprender sus ideas. De la juventud del Che aprendí la constancia; de sus diarios de guerra, el sentido de la amistad y el amor; de sus discursos, la consonancia entre el decir y hacer. En mi vida intento parecerme a lo mejor del Che, con ese afán asoman canciones. Mi “obra” (todavía en ciernes) son criterios musicalizados, opiniones que lanzo gracias a que existe el Che.

—¿Qué te interesa más del futuro de tu país como joven y artista?

—Espero graduarme y hacer mi sociología con la canción, en vista de que entendamos cuánto nos falta por hacer en el ámbito social–económico y político de Cuba, para encaminarnos con los intereses bien definidos. No hay Revolución completa, ni futuro mejor posible hasta que el cosmos humano no entienda que es más importante concentrar las fuerzas para luchar contra las guerras, el hambre, la contaminación ambiental y la globalización neoliberal; no hay desarrollo posible mientras permanezcan oportunistas en cargos, reproduciendo patrones gastados y leyendo discursos falsos con una sonrisa prestada del Diablo.

«Es urgente que todos los “adelantados” (sobre todo los jóvenes) empiecen a trabajar en función de lo que falta, para garantizar próximos años de vida».

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