Uruguay en la literatura de un continente - Cultura

Uruguay en la literatura de un continente

En Montevideo, hacia 1900, surge una generación literaria conocida como Generación del 900 de gran trascendencia dentro y fuera del país sudamericano

Autor:

Lourdes M. Benítez Cereijo

Desde los tiempos en que los primeros poemas se copiaban en hojas sueltas y eran recitados de memoria, la poesía tuvo un papel primordial en la historia literaria de Uruguay. La producción poética nació con Bartolomé Hidalgo, iniciador de la corriente gauchesca que ha llegado hasta nuestros días.

Gran popularidad y un importante número de adeptos alcanzó el Clasicismo, que tuvo entre sus seguidores a Francisco Acuña de Figueroa, autor del Himno Nacional; a Petrona Rosende, Dámaso Antonio Larrañaga y José Benito Lamas.

De la mano de Esteban Echeverría y los otros escritores argentinos que huyeron del régimen de Juan Manuel de Rosa, llegó a Uruguay el Romanticismo. Se considera el primer poeta romántico uruguayo a Adolfo Berro, que confiere a la poesía romántica un cariz social y político. Dicho movimiento se extendió hasta entrado el siglo XX y contó con más de 65 escritores que trabajaron la poesía, la narrativa y el teatro, entre los que sobresalen Melchor Pacheco y Obes, Juan Carlos Gómez, Alejandro Magariños Cervantes, Francisco Xavier de Acha, Ramón de Santiago y Heraclio Fajardo.

Al Clasicismo, el Romanticismo y la Poesía Gauchesca se sumó el Realismo, que retrató con minucioso detalle lo sucedido en la época. Entre los autores de este movimiento destaca Eduardo Acevedo Díaz, creador de importantes novelas de corte realista.

En Montevideo, hacia 1900, surge la primera generación literaria, conocida como Generación del 900. De gran trascendencia dentro y fuera del país, sus integrantes —que comienzan a publicar hacia el año 1900, en revistas como La nueva Atlántida, La revista del Salto, Vida moderna, entre otras— son aún considerados grandes exponentes de la poesía, la narrativa breve y el teatro.

La Generación tiene una destacada influencia del Modernismo e inclusive Ruben Darío mantuvo relaciones de amistad y admiración con varios de los escritores uruguayos, especialmente con Delmira Agustini y José Enrique Rodó.

Entre los más recordados en narrativa breve figuran los nombres de Javier de Viana, Carlos Reyles, Horacio Quiroga y Ernesto Herrera.

La Generación del centenario fue otro movimiento de relevancia, en el cual se instala con fuerza el Criollismo, cuyos principales autores fueron Francisco Espínola, Juan José Morosoli y Serafín J. García. Por su parte, la poesía que cada vez es menos modernista, se vuelve más próxima a las vanguardias y sobresale con Juana de Ibarbourou, Clara Silva, Esther de Cáceres, Emilio Oribe, Juan Parra del Riego y Alfredo Mario Ferreiro, entre otros.

En tanto, la llamada Generación del 45 o Generación Crítica, contó con un grupo de destacados autores que se dedicaron tanto a la producción como a la crítica literaria y la docencia. Nació en torno a las figuras de Carlos Quijano, padrino político de la Generación y de Juan Carlos Onetti, padrino literario. Se destacan entre sus autores Mario Benedetti, Idea Vilariño, Carlos Martínez Moreno, Ángel Rama, Carlos Real de Azúa e Ida Vitale, entre otros.

Cargada de convulsiones sociales que anteceden el golpe de Estado de 1973, entró la década de los 60. La literatura no escapó a esos procesos, por lo que se volvió más comprometida, no solo con lo nacional sino con una ideología que abarcó a toda América Latina, y adquirió un tono más político y social.

Estas particularidades se hicieron notar más en la poesía y el teatro, con una literatura de protesta, que dejó autores como Mauricio Rosencof, Antonio Larreta, Ibero Gutiérrez, Hiber Conteris, Eduardo Galeano, Cristina Peri Rossi, Jacobo Langsner, Alfredo Fressia, Clemente Padín, Ricardo Prieto y Dino Armas.

La dictadura cívico-militar que abarcó la década de los 70 y la mitad de la década de los 80 significó un corte trascendental para la literatura uruguaya, ya que muchos autores fueron prohibidos o tuvieron que exiliarse. En 1980 surgió el Grupo Uno, conformado por jóvenes poetas con destacada labor performática, entre los que se encuentran Luis Bravo, Alvaro Buela, Julio Inverso y Andrea Blanqué.

Las décadas de los 80 y 90 representaron el auge de la narrativa para las letras uruguayas, con la llamada Generación Tardía y autores que alcanzaron gran reconocimiento tanto nacional como internacional: Tomás de Mattos, Mario Delgado Aparaín, Henry Trujillo, Rafael Courtoisie, Hugo Burel, Alicia Migdal, Roberto Echavarren, Amir Hamed, Carlos Rehermann, Ercole Lissardi, Leo Maslíah, Carlos Liscano y Claudia Amengual.

La llegada del siglo XXI trajo una heterogeneidad de estilos, géneros y autores para la literatura uruguaya. Con el incremento de sellos editoriales independientes, el crecimiento en las ferias y exposiciones de libros y el desarrollo de las tecnologías de la información y la comunicación muchos autores encontraron más lugares donde manifestarse.

En ese período destacan escritores tan diversos como Dani Umpi, Lalo Barrubia, Rodolfo Santullo, Pedro Peña, Laura Santullo, Gustavo Espinosa, Martín Bentancor y Melisa Machado.

Una buena oportunidad para aproximarnos a esa producción literaria nos llega en esta edición 25 de la Feria Internacional del Libro, que nos entrega interesantes propuestas.

Antología de narrativa nueva/joven uruguaya y Antología de teatro uruguayo en el siglo XXI son dos de los títulos que no podemos pasar por alto, pues ambas obras consituyen un muestrario necesario de una intensa y fructífera producción literaria.

El rastro de la serpiente, de Hiber Conteris; 100 preguntas sobre Uruguay, de Lillían Moreira de Lima; y Cartas desde la selva y Anaconda y otras narraciones, de Horacio Quiroga son otros volúmenes que el público puede encontrar.

A esos textos se suman Ariel, de José Enrique Rodó; Artigas, de Carlos María Ramírez; Crónica de un mal amigo, de Tabaré Vázquez; Narraciones, de Felisberto Hernández; Juanita Fantasma, de Magdalena Helguera, y Veinte cuentos, de Mario Arregui.

No faltan en esa travesía obras de figuras imprescindibles. De Eduardo Galeano tenemos El tigre azul y otros artículos, y Espejos. Una historia casi universal; de Daniel Chavarría, Viudas de sangre; y Poesías de amor hispanoamericanas, con selección y prólogo de Mario Benedetti. Es esta una muestra de lujo para adentrarnos, desde la lectura, en la riqueza literaria no solo de un país, sino también de todo un continente.

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