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Mil y una revelaciones en los cines de verano

Dentro del casi inextricable panorama de ciclos, temas, géneros y autores, tal vez sea útil la recomendación para ciertos cinéfilos precisados de información, y que pudieran perderse el filme memorable en una marea de títulos

Autor:

Joel del Río

Entre los grandes legados a Occidente de la cultura árabe y medio oriental se encuentra aquella celebérrima colección de relatos picarescos, fantásticos o de perfil moral, conocida como Las mil y una noches. La influencia de estos cuentos ha sido tan poderosa que hasta el modo de hablar coloquial, y el refranero, se ven condicionados por aquellos relatos, y vienen a la mente a diario los ladrones de Alí Babá, los viajes de Simbad y la lámpara de Aladino. También cuando algo abunda y prospera, hasta el punto de lo incontable, como las excelencias cinematográficas en la presente temporada estival, hablamos de «mil y una» maravillas.

Ciclos temáticos como Anime en proyección, A solas con Johnny Depp, Decir con música, Cine cubano de lo poco visto a los grandes éxitos, Ciclo erótico «entre la pasión y la venganza», Universos reales vs. imaginarios-La ciencia ficción de hoy, y 12 aventuras para un verano distinto, entre otros, colmarán la programación estival de las principales salas de estreno, desde el Chaplin y el Yara, hasta La Rampa, Riviera, el multicine Infanta y el centro cultural En Guayabera. También destaca la programación infantil, con proyecciones sábado y domingo, a las 10:00 a.m. o 12:00 del mediodía, en todos estos cines, incluyendo acento especialísimo en el Cubanima, la muestra internacional con obras muy notorias de muy amplia procedencia y diversos estilos.

Dentro del casi inextricable panorama de ciclos, temas, géneros y autores, tal vez sea útil la recomendación para ciertos cinéfilos precisados de información, y que pudieran perderse el filme memorable, de mérito, cuando se diluya la presencia de lo excepcional en una marea de títulos, habida cuenta del mínimo espacio concedido a las carteleras en la prensa escrita, los sitios digitales, la radio y la televisión. Y como los géneros cinematográficos son un auxiliar indispensable para orientar los gustos y la cinefilia, comienzo por los ciclos orientados a partir de ese concepto.

Oscuras premoniciones sobre el futuro de la especie, bajo el imperio de la tecnología, en un universo de policías-robot y titanes en guerras devastadoras, predominan en el ciclo Anime en proyección, que incluye sendos clásicos como Ghost in the Shell (1995) y Ataque a los titanes (2014) y sus respectivas secuelas o continuaciones de 2004 y 2015. En la misma línea (ese es el sentido de un ciclo) también se programa la distópica Appleseed: Alpha (2014) y la hermosa Miss Hokusai, que se diferencia de las anteriores en tanto se ambienta en 1814, e intenta hacer justicia al talento de una joven independiente y terca, cuyos bellísimos dibujos se atribuyeron injustamente a su padre, el célebre pintor del Monte Fuji.

En el grupo de filmes reunidos por el factor común de la ciencia ficción, debe mencionarse, primero y ante todo, el clásico soviético, filosófico y reflexivo, Stalker (1980, Andrei Tarkovski) que comparte con los animes la preocupación por un futuro en el cual la humanidad se adentra en el hastío o la impotencia. Representan la variante más propensa a la peripecia, la acción física y las aventuras Gravedad (2013), El hombre hormiga (2015) que recrea las hazañas del más diminuto de los superhéroes, La guerra de las galaxias: El despertar de la fuerza (2015) ¿alguien no sabe de qué se trata?, y las notables, por los giros de sus tramas hacia la fantasía melodramática, Soy un cyborg (2006, Corea del Sur) y Un amor entre dos mundos (2012).

Otros tres ciclos se estipulan, ya para agosto, de acuerdo con la variante biográfica del cine histórico: Genios de la pluma y el escándalo y Grandes genios de la pintura. En el primero de ellos, se destacan la norteamericana Mishima: una vida en cuatro capítulos (1985, Paul Schrader) cuya impactante monumentalidad se ve perjudicada, a ratos, por su tono excesivamente literario y casi didáctico, y la francesa Los amantes del siglo (1999, Diane Kurys) que sobresale, entre otras muchas razones, por las apasionadas actuaciones de Juliette Binoche y Benoit Magimel, quienes le dan vida a los amores de la novelista George Sand y el poeta Alfred de Musset.

En el acápite de los pintores, hay biografías también francesas, y muy prestigiosas, de Van Gogh y Lautrec, genios mayores del postimpresionismo, dos hombres cuyos desgarramientos existenciales se tradujeron, inexplicablemente, en la creación de belleza y armonía. Al lado de Van Gogh y Lautrec, están Los fantasmas de Goya, que el checo Milos Forman dedicó al genial artista español y a su lidia con la censura y la Inquisición, y Mr. Turner, una de las mejores y más recientes biografías de pintores, en este caso consagrada al más significativo paisajista en la historia del arte británico.

Las 12 aventuras para un verano distinto se mueven entre títulos paradigmáticos del oeste polvoriento y estilo espagueti (El bueno, el malo y el feo, 1966, Sergio Leone) y las películas péplum o romanas (Espartaco, 1960, Stanley Kubrick) hasta títulos cuya contenido queda expresado en sus títulos: La espada vengadora, El corredor del laberinto-Las pruebas, y El príncipe de Persia. Las tres suenan a videojuegos y ocasionalmente tuvieron versiones electrónicas para manipular desde dispositivos, o controladores, dotados con imágenes virtuales.

El erotismo cinematográfico nunca ha sido considerado propiamente un género, en tanto se vincula más bien con el cine de autor cuando los cineastas se proponen reflexionar sobre la pasión unida al deseo sexual, a la sensualidad y las capacidades de atracción física entre los seres humanos. Desde ese punto de vista, sobresale la presencia de la japonesa El imperio de los sentidos (1976, Nagisa Oshima) que narra, de manera bastante explícita, la excesiva dependencia sexual entre una exprostituta, que trabaja como parte de la servidumbre de un hotel cuyo propietario es su amante, y la acompaña en la búsqueda, por cualquier medio, de la más intensa voluptuosidad.

Un neoyorquino sexodependiente abocado a la desintegración y el vacío en Vergüenza (2011, Steve McQueen), el más extraordinario cineasta soviético de su época descubriendo en México el poder del homoerotismo a través de Eisenstein en Guanajuato (2015, Peter Greenaway), dos mujeres decididas a complacerse mutuamente en la sofisticación del arte amatorio (Kamasutra, una historia de amor, 1996, Mira Nair), la versión esperpéntica y subversiva de La Caperucita roja en Molina’s Ferozz (Jorge Molina), un rey enamorado sin remedio del jefe máximo del ejército (La flor congelada, 2008, Corea del Sur, Ha Yu) constituyen algunos de los protagonistas memorables en este recorrido por los desbordes de la pasión y el deseo.

Decir con música se conforma a partir de importantes documentales sobre músicos de tremenda relevancia cultural, desde el Shine a Light (2008) que Martin Scorsese dedicó a The Rolling Stones, hasta el injustamente poco visto Machín, toda una vida, donde la realizadora española Nuria Villazán pasa revista a los principales acontecimientos de un cantante cubano que fue ídolo en Europa. Tampoco faltan biopics de figuras como Héctor Lavoe (El cantante, 2006, dirigida por el cubano Leon Ichaso, y con Marc Anthony), los Four Seasons (Jersey Boys, 2014, Clint Eastwood), el compositor brasileño Angenor de Oliveira (Cartola, 2007) o la Alta Sacerdotisa del Soul, Nina Simone (Nina, 2016).

Fuera de este trabajo, excluidos para no hacer demasiado extensa la enumeración, quedarán numerosos filmes excelentes, programados en uno u otro de estos ciclos. Se impone mencionar al menos, por lo inédito y poco común en nuestro ámbito, el ciclo Andy Warhol al desnudo, y por las razones justamente opuestas, por su notable popularidad en Cuba, cabe hacer alusión a la agrupación de filmes titulada A solas con Johnny Depp. Al artista plástico y cineasta vanguardista, rey del pop art norteamericano, se consagra un espacio donde destacan dos etapas, la primera etapa más improvisada y contemplativa con My Hustler y Vynil, y un segundo momento, más comercial y genérico, con los filmes dirigidos por Paul Morrissey y protagonizados por el exhibicionista Joe Dallesandro: Trash (1970) y Sangre para Drácula (1971).

Veremos a Johnny Depp cambiando enloquecidamente de maquillaje y disfraz a través de filmes fantásticos (Alicia en el país de las maravillas, Descubriendo Nunca Jamás), de aventuras (Piratas del Caribe: en el fin del mundo), musicales (Sweeney Todd: el barbero diabólico de la calle Fleet) e incluso thrillers y gansteriles (Black Mass, y El turista), románticos (Don Juan de Marco, y Chocolate) y del oeste (El llanero solitario). Después de repasar estos títulos pudiera pensarse que estamos en presencia del actor más versátil del cine norteamericano, aunque vale observar que se trata con frecuencia de cambios exteriores, que atañen sobre todo a los departamentos de vestuario, maquillaje y peluquería.

Alicia en el país de las maravillas.

Para no perderse los Éxitos del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana, y si no vio la venezolana Pelo malo, la argentina Paulina, la mexicana Heli, la chilena Gloria, la brasileña Amarillo mango, o la peruana La teta asustada, esta es su ocasión, no las deje escapar, porque se trata de obras extraordinarias, comparables con cualquiera de las mejores que se realizan en Europa y Norteamérica.

Idéntica recomendación vale para Los grandes éxitos del cine cubano, aunque es más difícil encontrar cubanos (tal vez los más jóvenes) que no hayan visto esas gozosas celebraciones de cubanía que entrañan La bella del Alhambra, Vampiros en La Habana, Se permuta, Una novia para David, Guardafronteras, Retrato de Teresa o Los pájaros tirándole a la escopeta. Este verano el Icaic se apresta a competir, desde la diversidad y la calidad artística, sin olvidar el entretenimiento, con Multivisión o el Paquete semanal. Solo falta que el esfuerzo sea atendido por un público muchas veces negado a abandonar la comodidad de la sala, el sillón y el ventilador, junto con el televisor con varios canales y la computadora conectada a un disco duro repleto de teleseries. Lo entiendo. Solo decirle que hay muchos otros mundos aguardando en otras pantallas, más grandes.

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