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Evocación del Auditorium y Pro-Arte Musical

La cultura cubana celebra dos importantes efemérides, estrechamente vinculadas entre sí: el centenario de la Sociedad Pro-Arte Musical de La Habana y los 90 años de la apertura del hoy Teatro Auditorium Amadeo Roldán

Autor:

Ahmed Piñero Fernández

Por estos días, la cultura cubana celebra dos importantes efemérides, estrechamente vinculadas entre sí: el centenario de la Sociedad Pro-Arte Musical de La Habana y los 90 años de la apertura del hoy Teatro Auditorium Amadeo Roldán. La primera fue una importante organización fundada el 2 de diciembre de 1918 por María Teresa García Montes de Giberga, una emprendedora y amante de las artes, a cuya iniciativa, determinación y sensibilidad se debió, también, la posterior construcción del coliseo de calle Calzada, en el Vedado.

La vida de Pro-Arte duró hasta 1967. A lo largo de 49 años de existencia dio a sus asociados la oportunidad de disfrutar de grandes espectáculos artísticos: conciertos, óperas, ballets, arte dramático, por los mejores instrumentistas, cantantes, bailarines o actores del mundo.

Con el tiempo, por la altísima calidad de los artistas que contrataba, Pro-Arte alcanzó renombre internacional. La Sala Espadero, en la calle Galiano, donde se realizaron los primeros recitales, ya resultaba insuficiente. Entonces las presentaciones comenzaron en los teatros Nacional (hoy Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso) y Payret, hasta que se impuso la necesidad de poseer un local propio con las condiciones necesarias para ofrecer los espectáculos. Así se empezó a levantar el Teatro Auditorium el 6 de agosto de 1927.

Dieciséis meses después, su inauguración constituyó un gran acontecimiento a finales de los años 20. Era tal su magnificencia, que obtuvo el primer premio en el Concurso de Fachadas del Rotary Club de La Habana. Desde su apertura, el 2 de diciembre de 1928, y hasta la catástrofe que lo destruyó en 1977, asistimos a una de las épocas más interesantes en la historia del espectáculo escénico y de nuestra ciudad.

El Auditorium fue llamado en su tiempo «el primer teatro de La Habana». Para tal designación, los críticos y periodistas hacían resaltar sus condiciones acústicas y visuales, el lujo y la elegancia de su sala, la comodidad de sus localidades —que sobrepasaba la cifra de las 2 700 butacas—, el grato ambiente que proporcionaba su sistema especial de ventilación laminar, el confort de todos sus servicios e, incluso, la rápida y fácil comunicación desde cualquier barrio de la capital.

Al respecto puede leerse una curiosa y hasta simpática nota en el diario La Lucha, del 6 de diciembre de 1928: «[…] La administración del teatro se ha preocupado de ofrecer mayores facilidades al público, obteniendo de la Compañía de Ómnibus de la (sic) Habana, y de la Empresa Cubana que sus vehículos se detengan a la puerta misma del Auditorium en las noches de funciones. Además, a la hora de la salida, habrá siempre un número suficiente de ómnibus a la disposición de los espectadores».

Todas las artes, desde la literatura hasta el cine, tuvieron cabida en el prestigioso recinto. En su escenario se presentaron imprescindibles personalidades de la cultura musical cubana como Ernesto Lecuona, Gonzalo Roig, Rodrigo Prats, Jorge Bolet, Esther Borja, Rita Montaner, Rosita Fornés, Amadeo Roldán, Bola de Nieve, Benny Moré, Leo Brouwer, Frank Fernández o Jorge Luis Prats. De igual forma, acogió en diferentes etapas a la Orquesta Filarmónica de La Habana y a la Sinfónica de La Habana. Por no olvidar que fue la sede de la Sinfónica Nacional, desde la fundación, el 11 de noviembre de 1960.

Resultó asimismo escenario ideal para notables conjuntos musicales, directores y solistas que nos visitaron, entre ellos, la Orquesta Sinfónica de Filadelfia, con su titular de entonces, Eugene Ormandy; los Niños Cantores de Viena, Herbert von Karajan, Leopold Stokowsky, Erich Kleiber, quien fue director titular de la Orquesta Filarmónica de La Habana durante varios años; Ígor Stravinsky, Heitor Villa-Lobos, Sergei Prokofiev, Vladimir Horowitz, Arthur Rubinstein, Claudio Arrau, Andrés Segovia, Yehudi Menuhin y Jascha Heifetz.

También recibió a agrupaciones teatrales como las de Ernesto Vilches, la Compañía Zuffoli de Alta Comedia, con la italiana Eugenia Zuffoli; la Compañía de Margarita Xirgu, la Comedia Francesa o la aplaudida compañía de títeres Marionetas de Salzburgo.

Grandes temporadas de ópera, que le devolvieron a La Habana su reputación como una de las capitales mundiales del canto lírico, se desarrollaron en el entonces Auditorium. Allí tuvieron sus estrenos mundiales la zarzuela La flor del sitio y las operetas Lola Cruz, Sor Inés y Mujeres, de Lecuona, o se realizaron las primeras representaciones en Cuba de títulos como Tristán e Isolda, de Wagner, con la poderosa Kirsten Flagstad; El rapto de Lucrecia, de Britten; Angelique, de Ibert; Hansel y Gretel, de Humperdinck; Baltasar, del compositor cubano Gaspar Villate; Adriana Lecouvreur, de Cilea; Suor Angelica, de Puccini; Don Carlo, de Verdi, o Amahl y los visitantes nocturnos, la primera composición lírica de Menotti que se presenció en nuestro país.

Asimismo acogió los debuts en la Isla de figuras emblemáticas del mundo de la lírica como Jussi Bjoerling, Victoria de los Ángeles, Elisabeth Schwarzkopf, Giulietta Simionato, Zinka Milanov, Fedora Barbieri, Mario del Monaco, Leonard Warren y Renata Tebaldi, cuyas interpretaciones constituyen una de las cimas de la historia teatral cubana.

Las escuelas de pro-arte

Quizá sin proponérselo, una de las contribuciones culturales más importantes de Pro-Arte fue la creación de tres escuelas: Guitarra, de corta existencia, que tuvo como directora a Clara Romero de Nicola; Declamación, dirigida al principio por Jesús Tordesillas e inmediatamente después por Guillermo de Mancha; y muy especialmente la Escuela de Baile, bajo la dirección inicial de Nicolai Yavorsky. Gracias a esta última, iniciaron sus estudios los patriarcas del ballet cubano: Alicia, Fernando y Alberto Alonso.

Y fue en el Auditorium donde Alicia Alonso nació como artista. En la danza lo hizo el 29 de diciembre de 1931, interpretando una de las damas en el «Gran vals» de La bella durmiente, en la primera función pública ofrecida por la escuela. Antes, el 26 de septiembre, en ese mismo coliseo, había realizado su debut escénico entre las alumnas de la Escuela de Declamación con la comedia El recreo, de María Soto.

A partir de entonces, el nombre de Alicia Alonso estaría destinado a unirse a la leyenda de este teatro y a prestigiarlo. Aquellas presentaciones infantiles fueron las iniciales de una numerosa serie, entre las cuales se hallan su participación en los estrenos de títulos Dioné (1940), de Eduardo Sánchez de Fuentes, y Antes del alba (1947), con coreografía de Alberto Alonso. Encarnó aquí por vez primera su mítica creación de Giselle el 5 de junio de 1945, fecha que constituye uno de los momentos cumbres de la historia danzaria de este teatro.

No puede olvidarse que en el Auditorium y con la ayuda de Pro-Arte Musical, protagonizó la función pública inaugural del entonces Ballet Alicia Alonso, hoy Ballet Nacional de Cuba, el 28 de octubre de 1948. Durante varios años se convirtió, además, en el escenario habitual de la compañía.

En cuanto a la danza se refiere, otros conjuntos y bailarines de gran relevancia actuaron allí: los Ballets Rusos de Montecarlo, con Tamara Toumánova, Alexandra Danilova, Irina Barónova, Tatiana Riabouchinska o Leonide Massine como figuras principales; Martha Graham y su compañía, el Ballet de Kurt Jooss; el Ballet Márkova-Dolin, con sus estrellas inglesas Alicia Márkova y Anton Dolin, el Ballet Caravan, el Ballet Theatre (hoy American Ballet Theatre), con sus estrellas Alicia Alonso, Ígor Youskévitch. Nora Kaye, John Kriza, y el concurso de otras insignes personalidades como Antony Tudor, Lucia Chase, Muriel Bentley y Donald Saddler; la pareja de bailarines españoles Rosario y Antonio, Antonia Mercé, «La Argentina»; Mariemma, Yvette Chauvirée, André Eglevsky, Erick Bruhn, Cynthia Gregory y Paolo Bortoluzzi, por citar solo algunos de los nombres más ilustres.

A partir del 3 de marzo de 1961, por decisión del Gobierno revolucionario, el Auditorium pasó a denominarse Amadeo Roldán, en homenaje al importante músico cubano.

En 1977, después de una función del Conjunto Folklórico Nacional, el antiguo Teatro Auditorium ardió en llamas. Luego de casi 22 años, el sábado 10 de abril de 1999, abrió nuevamente sus puertas, restaurado esta vez como la mayor sala de conciertos de Cuba. Poco tiempo más tarde se acordó nominar a la institución del Vedado como Teatro Auditorium Amadeo Roldán.

Hace varios años que «el Amadeo» permanece cerrado. Actualmente está en proceso de reconstrucción. Ojalá que cuando abra sus puertas, no lo haga limitando su espacio a las necesidades de una sala de conciertos, por espléndida que esta sea, y que el nuevo Teatro Auditorium Amadeo Roldán, en una ciudad en la que no abundan los teatros con condiciones idóneas, sea propicio para el gozo y plenitud de todas las artes, fiel a su historia como uno de los grandes escenarios mundiales.

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