¿Un pasaporte a prueba de balas?

El deporte mundial sufrió el azote del dopaje en el año que termina, pero se avanzó en nuevas medidas para combatir este flagelo

Autor:

Yurisander Guevara

Las nuevas medidas para combatir el dopaje, especialmente ligadas al pasaporte sanguíneo, marcaron este año 2009.

La aplicación del pasaporte, donde se tienen en cuenta los valores biológicos, permitió sancionar a varios deportistas. Entre ellos estuvo el ciclista español Igor Astarloa, campeón mundial de ruta en 2003.

Otro tema que provocó una sonada polémica fue la de los controles por sorpresa y la obligación de informar la localización de los atletas en cada momento. Algunos famosos, entre ellos los tenistas Rafael Nadal y Andy Murray, consideraron la medida como un «ataque» a su intimidad.

«La eficacia de los controles antidopaje tiene mucho que ver con el factor sorpresa y el hecho de estar expuesto a los análisis durante los 365 días del año. Los deportistas se dopan precisamente cuando saben que no serán controlados», dijo a la agencia AFP el presidente de la Agencia Mundial Antidopaje (AMA), John Fahey.

Después de sonados escándalos, la descalificación del campeón Floyd Landis en 2006 y la aparición de la eritropoyetina (EPO) de tipo Cera en 2008, el Tour de Francia quedó al margen de nuevos «terremotos». No obstante, al finalizar la «Grand Bouclé», se encontraron restos de medicamentos en cubos de basura durante un registro realizado por agentes policiales en los hoteles donde se hospedaron los atletas.

Sin embargo, hasta el momento no apareció el primer fantasma dentro del Tour 2009. Ojalá técnicas futuras no «descubran» a otros timadores.

De todas formas, el ciclismo volvió a verse salpicado por la controversia. Esta vez Italia acaparó portadas, sobre todo con el positivo por EPO Cera de Danilo di Luca en el Giro a su país, donde quedó segundo.

Asimismo, el español Alejandro Valverde fue sancionado a dos años sin competir en Italia, por su supuesta implicación en la Operación Puerto. En este escándalo, que estalló en 2006 alrededor del doctor español Eufemiano Fuentes, se vieron involucrados otros muchos atletas.

Sombrío fue el capítulo protagonizado por el pedalista austriaco Bernhard Kohl, quien acusó de corrupción en las pruebas antidopaje a varios colaboradores de laboratorios acreditados por la AMA en Europa central. El caso, todavía bajo investigación, presume la ejecución de pruebas preventivas ilegales a varios atletas para determinar hasta qué punto pueden hacer trampa sin ser descubiertos.

Otro protagonista negativo del año fue el también italiano Davide Rebellin, medallista de plata en la prueba de ruta de los Juegos Olímpicos de 2008. Este vio cómo le retiraron su presea tras dar positivo.

También «manchó» su expediente el campeón de los 1 500 metros en Beijing, Rashid Ramzi, de Barhein, quien igualmente fue desposeído de su medalla olímpica. En ambos casos, la detección de EPO Cera estuvo detrás de la sanción.

Descalificados quedaron en sus respectivas pruebas olímpicas otros atletas, como el alemán Stefan Schumacher (ciclismo, contrarreloj), la griega Athanasia Tsoumeleka (atletismo, marcha 20 kilómetros) y la croata Vanjia Perisic (800 metros planos).

El tenis se vio sacudido por otros casos de consumo de sustancias prohibidas. Por ejemplo, el retirado estadounidense Andre Agassi reconoció en un libro haber dado positivo en un test de drogas en 1997, y que mintió entonces para evitar una sanción.

Por su parte, el francés Richard Gasquet, ex top ten del circuito masculino, dio positivo por cocaína, aunque aseguró que fue por besar a una chica que sí había consumido la droga en una discoteca de Miami. El Tribunal Arbitral del Deporte avaló su inocencia durante el presente mes.

En cambio, reincidió con cocaína el ciclista belga Tom Boonen. Esta droga está prohibida por el Código Mundial Antidopaje.

En el deporte latinoamericano, los casos más sonados llegaron en el béisbol, donde fue sancionado el dominicano Manny Ramírez. Mientras, se hizo público que su compatriota Alex Rodríguez consumió esteroides al menos durante tres años, entre 2001 y 2003.

Finalmente, por tercer año consecutivo el «caso Marion Jones» volvió a tener consecuencias. Por fin, el Comité Olímpico Internacional redistribuyó la mayoría de medallas ganadas por la californiana en la cita estival de Sydney 2000.

Si bien la lucha contra el dopaje tiene un largo camino por recorrer, en medio de tantos alborotos destaca que Cuba no tuvo ningún caso deshonroso. Ello es otra muestra de la ética profesional y personal que caracteriza a nuestros atletas.

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