Hubo garra y hay historia en Mundial de fútbol Sudáfrica 2010

Volvió Uruguay al ruedo, y con dos chispazos de genialidad salió airoso de su cita con la historia. Los ghaneses también con total merecimiento colocaron por tercera vez en la historia al llamado continente negro en unos cuartos de final

Autor:

Raiko Martín

Volvió Uruguay al ruedo, y con dos chispazos de genialidad salió airoso de su cita con la historia. A 60 años de la conquista de su segunda corona, a dos décadas de su última llegada a una ronda de cuartos de final, los celestes regresaron al grupo de los «ocho magníficos» de un mundial.

La nueva hazaña, lograda después de una agónica clasificación, lleva muchos nombres y apellidos, pero ninguno de ellos tan imprescindibles como los de Diego y Luis, los de Forlán y Suárez.

Si uno simboliza el total compromiso con la causa por encima de cualquier protagonismo, el otro encarna la mejor versión del centro delantero listo, rápido, incisivo, y con un toque de egoísmo que, combinado con su juventud, le hacen temible bajo cualquier circunstancia.

Juntos se encargaron de validar el esfuerzo de una sufrida tropa, superada en todo, menos en oficio. Fue Corea del Sur la encargada de boquetear una defensa hasta ese momento invicta, y lo hizo tejiendo pases cortos, rápidos y verticales, con los Park afincados en el puesto de mando. Chu Yuong, el del Mónaco, y Ji Sung, el del Manchester, desbordaron con su dinamismo a una zaga que, por lo visto, descarrila a altas velocidades.

Apenas hubo un respiro en el fondo celeste cuando Forlán recogió un mal pase, y lo convirtió en un medido centro que se paseó increíblemente por el área chica antes de que Suárez la incrustara en las redes.

Ya va el «matador» del Ajax por 55 goles repartidos entre los 61 partidos que este año ha disputado con su club y la selección. El más fresco de ellos, que de seguro aparecerá en el «top ten» del certamen, fue un gancho al estómago. Y que mejor golpe para desinflar a un duro rival, el más complicado de los asiáticos, que hizo siempre méritos para una mejor suerte.

Entre gol y gol se había visto el partido con ojos rasgados, pero este juego es así. A veces la historia inclina la balanza.

África resucita

Cuando todo apuntaba al estrepitoso fracaso del fútbol africano en su Mundial, llegaron los ghaneses en plan rescate, y con total merecimiento colocaron por tercera vez en la historia al llamado continente negro en unos cuartos de final.

Ya habían dado alentadoras señales ante Alemania, pero terminaron desencartonándose ante una lenta y vulnerable defensa estadounidense, frente a la que exhibieron un mejor semblante y nervio de cara al gol.

Costó mucho a los incombustibles alumnos de Bob Bradley romper las inercias, y lo pagaron caro. Los goles nacidos de la velocidad y el físico de los atacantes africanos pesaron mucho, sobre todo el de Asamoah Gyan, que a muy poco de comenzar las prórrogas sonó como un tiro de gracia a prueba de milagros.

El gran reto de los ghaneses será mantener esta tesitura frente a los uruguayos, en un duelo trascendental para las ilusiones de todo un continente. Desde hace 40 años la garra charrúa no anima una semifinal, y hace dos décadas África llegó impulsada por Camerún a sus primeros cuartos de final. Tendrá ahora la historia la última palabra.

Revanchas en cartelera

Algunos trazan referencias con la II Guerra Mundial, pero los referentes más socorridos del duelo de hoy entre Inglaterra y Alemania están en la final de hace 44 años, cuando los británicos salieron airosos gracias a un gol cuya polémica no será jamás olvidada.

Ambos llegan a este nuevo episodio «bélico» muy lejos de su mejor fútbol, pues los alemanes se han apagado desde la goleada sobre Australia, y los británicos no se han reencontrado del todo con los buenos desempeños que los llevaron a este Mundial.

En el otro cartel, la hasta ahora brillante Argentina sale como la favorita de las mayorías ante un México de altibajos, pero con ganas de vengar la derrota sufrida frente a los gauchos hace cuatro años, en esta misma fase. Entonces no goleó Messi, ni estaba Maradona. ¿Será posible una historia diferente?

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