El «pollo» de la pollona

Tras las cinco derrotas en el reciente tope beisbolero frente a Estados Unidos, se impone asumir con absoluta voluntad, y a todos los niveles, la misión de conformar un proyecto estratégico, bien pensado y articulado, con esa «luz larga» que tanto necesita nuestro béisbol

Autor:

Raiko Martín

Siempre he escuchado decir que lo que mal empieza, mal termina, y esa máxima se cumplió durante el reciente tope beisbolero entre las escuadras de Estados Unidos y Cuba. La primera, integrada por jugadores con dos años o menos de experiencia en la categoría universitaria. La nuestra, una mezcla de jugadores jóvenes e inexpertos con otros de mucha más carretera, cuya «reacción» —entiéndase como resultado de la fórmula— nos dejó a todos insatisfechos.

Como es sabido, se perdieron los cinco desafíos, cuatro de ellos por la mínima diferencia, y dos decididos a través de la Regla IBAF o Schiller. Hasta ahí, nada que objetar, pues si bien aún no estamos preparados para asumir «racionalmente» las derrotas, lo más importante en una confrontación de esta naturaleza debía ser la evaluación de figuras con perspectivas, el tanteo de las posibles proyecciones, el diseño de un ciclo que se extenderá durante los próximos cuatro años, la suma de experiencias.

Pero, ¿realmente la composición del elenco cubano respondía a tales presupuestos? ¿Fue consecuente la dirección del equipo y las máximas autoridades del béisbol cubano con esos intereses? Me parece, como le ha parecido a colegas, especialistas y aficionados de toda índole, que no.

Lo primero que sorprendió fue la integración del grupo, que solo fue divulgada cuando este ya casi aterrizaba en la sede. De ahí que nunca pudimos conocer de antemano los elementos tomados en cuenta para su formación, ni los objetivos que se perseguían.

A golpe de vista se podía suponer que unos estaban por sus posibilidades futuras, para otros era el estímulo a cierto esfuerzo, y los más renombrados, muchos de ellos presentes en cuanta confrontación asumió el béisbol cubano durante la temporada, iban a garantizar la victoria. Demasiados intereses para una conjura feliz.

A Rótterdam viajó recientemente el equipo campeón del Juego de las Estrellas y en Canadá se presentará el elenco de Ciego de Ávila, titular de la 51 Serie Nacional. Sin dudas, son dos lógicas y necesarias posibilidades de estimular a sus integrantes, pues por ahora —no es un secreto— es la única alternativa a mano para premiar a quienes animan nuestros clásicos domésticos.

De tal forma, se perdió durante este tope frente a los colegiales estadounidenses la única oportunidad que tendremos en el presente año de conformar un proyecto estratégico, bien pensado y articulado, con esa «luz larga» que tanto necesita nuestro béisbol. Y esa lección no puede pasar desapercibida para todos aquellos a los que les ha sido encomendada la responsabilidad de trazar estrategias rumbo al próximo Clásico Mundial.

Como saldo positivo —siempre hay que sacarlos— estuvo la oportunidad de confrontación con un béisbol de reconocida calidad y tradición. Fuera de eso, quedó la sensación de que, entre los jugadores con perspectivas de ser tomados en cuenta para el futuro, hubo alentadores desempeños. En contraste, otros se comportaron muy por debajo de las expectativas. Mas, de conjunto, y comparados con sus similares en edad y experiencia, es evidente que no alcanzan por ahora el nivel de los rivales enfrentados, por muy universitarios que sean.

Claro que las derrotas dolieron, pero mucho más la imagen de impotencia dejada en casi todos los desafíos, en los que los errores, tangibles y mentales, estuvieron a la orden del día. Lograr que nuestros muchachos salgan al diamante pensando solamente en el juego, es tan o más importante como que aprendan a seleccionar los mejores lanzamientos en el cajón de bateo, a ejecutar con exactitud un toque de sacrificio o anticiparse a una jugada.

En el plano técnico-táctico, los bateadores cubanos, no hace mucho «mareados» ante lanzamientos lentos y colocados, se vieron desbordados por los certeros «misiles» salidos de los brazos de casi todo los serpentineros norteños. Y sufrieron con la zona de strike de los árbitros locales —que también se equivocan—, más amplia y estable que los anárquicos límites que acostumbran a ver en casa.

Dentro del staff de lanzadores, como era de esperar, se extrañó la especialización, esa asignatura que seguiremos arrastrando hasta que no se tomen medidas efectivas que vayan más allá de la limitación de los lanzamientos.

Y si seguimos enumerando, la lista de deficiencias vistas en esta corta gira se nos acaba la página, y ese no es nuestro objetivo. La leche está derramada, así que lo más importante y necesario ahora es reconocer que andamos con malos pasos, para asumir desde este momento con absoluta voluntad, y a todos los niveles, la misión de enderezar el camino para que este mal comienzo, bien termine. Luego sería demasiado tarde.

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