Un parche para la herida

Existe el ranking de la IAAF, y mirar ahí, sirve para vaticinar un posible futuro en el atletismo cubano

Autor:

Abdul Nasser Thabet

Los Juegos Panamericanos de Toronto son pasado. Pero ya de nada vale mirar atrás, salvo para partirse el pescuezo. Si acaso, ayudaría a sacar conclusiones, identificar algunas fallas, corregir el rumbo. Al atletismo cubano allá en Canadá le faltó aquello, le sobró lo otro, padeció de esto… La culpa, claro, no es de nadie, o de todo el mundo, que es casi lo mismo. Ahora es tiempo de enfocarse en el futuro. El Campeonato Mundial del deporte rey está a un pestañazo. Nuestro pasado más reciente en esas justas es bien doloroso, el mañana es incierto.

Otro resbalón como en Moscú 2013 o Daegú 2011 —parece que últimamente andamos con un jabón en cada pie— sería la hecatombe. Recuerden que en Rusia quedamos en el puesto 23 del medallero, con un metal plateado y dos bronceados. En Corea del Sur anclamos en el sitial 18 (0-1-3).

Sin embargo, ¿qué hace falta para maquillar la mala cara de la Mayor de las Antillas en las recientes citas universales a cielo abierto?

Primero hay que ser objetivos. No se puede restaurar el atletismo cubano en un año. Se necesita un cambio muy brusco (infraestructura, mentalidad, recursos, atenciones). Pero quizá baste con el aporte de cuatro figuras para agarrar uno de los diez primeros escaños. Hoy no vamos a arreglar el universo desde una hoja. Simplemente veremos cómo nos puede ir en la tierra de la Gran Muralla.

Vayamos a nuestro punto fuerte: los posibles títulos —sin desestimar que una simple anomalía estomacal puede aguarnos la fiesta—, así que nada es seguro.

Como todos saben, hay una cosa llamada ranking de la IAAF. Dentro de esa cosa tan citada y que media humanidad amante de los brincos, tiros y carreras sigue como a un oráculo, hay listados por especialidad. No es que exactamente estemos hablando del primogénito de Delfos, pero funciona, a veces. Mirar ahí sirve para vaticinar un posible futuro. Pues bien, esa cosa —no yo— dice que Cuba puede obtener dos coronas en la capital china. Por supuesto, a veces un antojo divino echa por tierra todo el trabajo profético apoyado en las estadísticas, porque nada es perfecto.

Según el escalafón de 2015, el triplista Pedro Pablo Pichardo no debe comerse al estadounidense Christian Taylor —al menos no crudo—, pero bien puede vencerle en pos del título. De acuerdo con los números, la bronca será bien reñida. El cubanito cuenta con dos intentos por encima de los 18 metros (18,08 y 18,06) en lo que va de campaña. En tanto, Taylor alardea con tres (18,06-18,04 y 18,02). No obstante, el santiaguero presenta cuatro saltos más allá de los 17,90 (17,99-17,96-17,94 y 17,93), por solo uno del norteño (17,96). En esta escena el ranking-oráculo no da una imagen muy clara, así que de cada lado vemos lo que nos conviene, apoyados en los santos más cercanos.

Lo mejor es que el récord mundial (18,29) en poder del británico Jonathan Edwards puede estrellarse con semejante prueba de fuerza entre saltamontes alfas.

Otra corona en el ambiente se anuncia con la firma de la pertiguista Yarisley Silva. Su reciente cetro en Toronto, con plusmarca para la lid (4,85 metros) y mejor vuelo de la campaña, la señalan con dedo dorado. La griega Nikoleta Kyriakopoulou (4,83), la estadounidense Jennifer Suhr (4,82) y la brasileña Fabiana Murer (4,80) serán para ella como un viaje en guagua a las cinco de la tarde.

En el lanzamiento del disco mandan Croacia y Cuba. Si no se abre la tierra y no aparece un aparecido la pugna será entre Sandra Perkovic (70,08 metros) y Denia Caballero (70,65). A la guerra de ovnis deben sumarse la cubana Yaimé Pérez (67,13), la alemana Nadine Muller (65,72) y la australiana Dani Samuels (66,21).

Aquí no cuenta mucho el tiro más distante, sino la estabilidad. La Perkovic posee seis de los disparos más potentes de la campaña actual. Caballero ostenta cuatro. Eso sí, de tú a tú la croata tiene más historial, fuerza y lauros. Pero como todo en la vida, un día cambia todo. Para la cubana el podio es casi seguro. El oro sería un orgasmo en la Luna.

Corriendo 800 metros pueden caer sorpresas. Apostarle a una medalla de Rose Mary Almanza no sería cosa de locos. Pero lo cierto es que sus 1.57,70 minutos (válidos para el segundo puesto del presente ranking) no se ven como algo accesible justo ahora.

Con estas breves cuentas (por desgracia no hay para mucho más), Cuba podría descansar en el puesto ocho. Una pequeña alegría que no debe camuflar grietas más profundas.

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