Y los indocumentados siguen ahí

EL cese de las deportaciones moviliza a los inmigrantes en EE.UU. este Primero de Mayo

Autor:

Marina Menéndez Quintero

Foto: AP Si el racista proyecto Sensenbrenner fue la gota que rebosó la copa y sacó a las calles de EE.UU. a un millón de inmigrantes en 2006, ahora, sin que se haya aprobado esa ni ninguna otra ley que los «regularice», sigue sobre ellos la misma mano dura de aquella propuesta que motiva, otra vez, sus manifestaciones de este Primero de Mayo.

Entonces pedían la reforma migratoria. Hoy demandan el cese de los arrestos arbitrarios, las redadas que irrumpen en cualquier centro fabril, y las deportaciones que han dejado sin sus padres a más de 500 niños de origen latino nacidos en EE.UU.

Incluso pareciera que la abierta represión o la amenaza velada fueran más fuertes una vez sufrido el remezón que propinaron los inmigrantes hace dos años, con sus protestas.

La presentación, después, ante el Congreso, de otros proyectos de ley menos drásticos que el de Sensenbrenner y donde se abría la posibilidad de regularización a solo algunos millones de los ilegales según cumplieran distintos y difíciles requisitos pareció, más que todo, una maniobra para dividir a un movimiento que asustó cuando mostró su fuerza.

Sobre todo porque a partir de 2006, los indocumentados no actuaron solos. Tal vez por primera vez se habían manifestado aquel Primero de Mayo acompañados por un representativo espectro de organizaciones civiles y de defensa de los derechos humanos de EE.UU., inconformes también con la manera en que sectores dotados de tanta xenofobia como el legislador Sensenbrenner le secundaban en su pedido de la masiva deportación, olvidando, y eso también es importante, el aporte real que las manos sin cédula de los inmigrantes dan a la economía.

Congelado el proyecto de reforma, a pesar de los pedidos de Bush, por la falta de acuerdo entre las cámaras del Congreso y el inicio de la campaña electoral, los hechos demuestran que la política implementada en torno a los inmigrantes mientras se acuerda esa «otra política», tiene una esencia tan racista y represiva como la del frustrado proyecto.

A las denuncias que dieron cuenta de las advertencias y sanciones con que se castigó a los jóvenes estudiantes y los trabajadores que engrosaron las protestas multitudinarias de 2006 —se estima que cientos perdieron sus empleos—, han seguido después, con insistencia, las que reportan igual nivel de persecución mediante las redadas selectivas, el arresto sin razón, las deportaciones, o la criminalización que propicia toda esa hostilidad... sin contar el muro fronterizo con México, donde perecen cientos de los que desean entrar.

Voces del Centro de Derechos Humanos y Ley Constitucional acaban de presentar 114 demandas federales en representación de igual número de ciudadanos estadounidenses y extranjeros ¡con estatus legal! quienes, no obstante, también fueron víctimas de los arrestos.

Es lo que alguien calificó también como un «ambiente antiinmigrante» que ha afectado, incluso, el envío de remesas a América Latina más que la propia crisis que planea sobre la primera economía mundial.

«Se ha convertido en «un mar de lágrimas» lo que era «un río de oro», ha dicho Sergio Bendixen, analista del Banco Interamericano de Desarrollo, al afirmar que los envíos de dinero de los latinos que trabajan en EE.UU. son ahora un 73 por ciento menores en comparación con 2006.

«Políticas enfermas», ha dicho el coordinador de la Red Fronteriza, Fernando García, que han creado un clima de temor, persecución e intolerancia, para identificar a los indocumentados como el enemigo.

Ese es el telón de fondo que matizará otra vez la conmemoración de este Primero de Mayo en muchas de sus ciudades.

La Alianza de Comunidades Latinoamericanas y Caribeñas ha anunciado actos en Texas, Massachusetts, California, Washington, Carolina del Norte, Nueva Jersey, Illinois, Nevada, Miami y Nueva York, donde la Coalición 1ro. de Mayo también ha llamado a otros estados a sumarse a su convocatoria bajo la demanda: Alto a las redadas.

En Los Ángeles, tres marchas confluirán después bajo una consigna que expresa la firmeza del reclamo de los trabajadores indocumentados, y la necesidad de que EE.UU. afronte una situación irreversible: «Estamos aquí... y no nos vamos a ir».

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