Ciencia y conciencia desde la cultura

Instructores de arte y artistas cubanos junto a activistas y cultores venezolanos de la misión Corazón Adentro estudian su quehacer creativo

Autor:

Juana Carrasco Martín

CARACAS.— Con una pincelada cultural de canto y poesía se inició la II Jornada Científica Nacional Cultura Corazón Adentro, que durante tres días —20, 21 y 22 de abril—reunirá a cubanos y venezolanos integrantes de esa misión socialista con el objetivo de analizar, debatir e intercambiar experiencias, acumuladas ya por tres años de trabajo fructífero y extendido a cinco estados de la República Bolivariana.

En representación de los 1 300 cubanos, poco más de un centenar estaban presentes en el Salón Cota 880 del Hotel Alba-Caracas, y de ellos 45 trajeron ponencias que recogen una vasta actividad, testimonio de la contribución que Cultura Corazón Adentro ha hecho a los procesos de integración comunitaria para la transformación social de Venezuela, en la creación y formación de valores, y sobre el papel de la familia y la comunidad en el afianzamiento de la identidad venezolana.

Esos son precisamente los temas centrales de un trabajo práctico y del impacto en aquella población venezolana que recibe directamente este beneficio, ya sean niños o abuelas, los principales grupos pero no los únicos que participan con mayor entusiasmo y número en clases, talleres de creación o espectáculos, algunas de las variantes del quehacer diario, que comenzó en los barrios más humildes de los cerros de Caracas, donde se mantienen y renuevan, y que ya alcanza a Miranda, Barinas, Anzoátegui y Portuguesa.

Las palabras primeras de Rafael Hernández, vicecoordinador de la Misión, y la responsable de docencia, Silvia Montano, fueron breves, las imprescindibles para fijar objetivos y organizar el trabajo en plenaria y en tres comisiones, presidido por Alejandro Gumá Ruíz, coordinador nacional de la Misión Cultura Corazón Adentro.

De inmediato se abrió paso a una sustanciosa conferencia del profesor camagüeyano Alfredo Lima Peláez, donde abordó la identidad de los cubanos y de los venezolanos con enjundia criolla, exposición histórico-antropológica que llevó a la importancia y trascendencia del mirar y no solo el ver, del dar y a la vez aprender de los saberes populares, camino que lleva a un indispensable hermanamiento, integrador en un concepto y un ideario más abarcador, una identidad del ALBA presente en el pensamiento de Bolívar y de Martí.

Se habló de cómo el trabajo constante, serio, eficaz, ha abierto puertas que saben cuándo se les entrega el conocimiento y el corazón, elementos de la espiritualidad necesarios para construir esa identidad nueva, propia, diversa y de unión.

Del bregar diario en escuelas, casas comunitarias, bibliotecas, parques, teatros, espacios libres, refugios de damnificados y hasta en cárceles -que también deben ser transformadas-, cuyos resultados permiten ir palpando un crecimiento social, una sedimentación de valores y el rescate de los saberes populares y sus tradiciones.

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