Cantos africanos a un hermano

La Revolución alcanzó una dimensión amplia, en la que la igualdad y la libertad plenas y el ser tratado y tratar a los demás como seres humanos no se reducía al entorno del hogar nacional

Autor:

Marylín Luis Grillo

Fotos de Fidel abundarán en estos días. Acompañarán escritos sobre su vida a cientos artículos de prensa, a miles o millones de mensajes en Facebook, en Twitter… Fidel le ha dado nuevamente la vuelta al mundo, esta vez muy a nuestro pesar, con esa capacidad que tenía —que tiene—, de aglutinar las miradas y los sentimientos.

Más que un adiós es un hasta siempre, es una nueva, vigorosa, diferente bienvenida al amigo que sabemos nunca se irá o una suerte de saludo-despedida que sobrepasa las fronteras de Cuba. No sorprende, él nos enseñó que a veces los sentimientos no solo se comparten, se multiplican. En otros rincones del planeta, que también contaron con sus esfuerzos, lo reciben en sus memorias.

Veo ahora sus fotos con Mandela, pienso en África. Imagino que quizá allí, donde en más de una ocasión lo acogieron cantando de felicidad, cantan ahora en su nombre, porque los africanos conocen mejor que nadie el valor de la música sobre o a pesar del llanto.

Como buenos amigos, Fidel y Mandela se saludan. Foto: Archivo de JR

Algo especial unió a Fidel con África. Algo complejo, difícil de precisar, que conocimos y sentimos como nuestro todos los cubanos que vivimos con la Revolución.

El continente cuna de la civilización fue también elemento progenitor de la cubanía, de nuestra nacionalidad que alcanzó uno de sus puntos máximos en la persona del Comandante en Jefe, amigo de quienes lo recibieron, para trazar puentes, al otro lado del Atlántico.

Imágenes de archivos muestran hoy a Mandela y a Fidel sonrientes, como hermanos, en La Habana y en Pretoria. Otras ilustran al Parlamento de Sudáfrica cuando estalló en cantos de alegría por su visita o a un emocionado Sam Nujoma, presidente fundador de Namibia, en el momento en que le agradeció por ayudar a liberar a su pueblo. Entre los africanos, sigue siendo un héroe y muchos niños en la región llevan los nombres Fidel o Castro.

Bajo su guía, la Revolución, ese sentido del momento histórico, alcanzó, casi desde sus inicios, una dimensión más amplia, en la que la igualdad y la libertad plenas y el ser tratado y tratar a los demás como seres humanos no se reducía al entorno del hogar nacional. En el año 2000, Fidel aseguraba que esa era la base de nuestro patriotismo, nuestro socialismo y nuestro internacionalismo, pero desde 1962 ya se ponía en práctica.

Argelia fue el bautismo de fuego de las tropas solidarias de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y el país pionero en recibir brigadas de médicos cubanos.

Médicos cubanos brindan su servicio en África. Foto: AFP

El apoyo brindado a la República Argelina Democrática y Popular creció por todo el continente. Mozambique, Guinea Bissau, Guinea, Guinea Ecuatorial, Sierra Leona, República Democrática del Congo, entre otros, fueron escenarios donde los cubanos lucharon codo a codo con los africanos, siguiendo con convicción propia las palabras de Fidel.

Y, por supuesto, Angola. Años después del desembarco del yate Granma, también en noviembre de 1975, un pequeño grupo de cubanos libraban en la excolonia portuguesa los primeros combates de una batalla que se prolongaría por unos 15 años. En la tierra hermana murieron más de 2 600 internacionalistas de la Isla.

Los internacionalistas cubanos en Angola. Foto: Archivo de JR

Acciones militares como la de Cuito Cuanavale —protagonizadas por hermanos de armas nacidos a uno y otro lado del mar— lograron mantener la independencia de Angola, propiciar la posterior emancipación de Namibia y disparar el tiro de gracia en contra del apartheid sudafricano.

El politólogo argentino Atilio Borón refirió en uno de sus escritos que «Cuba pagó un precio enorme por este noble acto de solidaridad internacional que, como lo recuerda Mandela, fue el punto de inflexión de la lucha contra el racismo en África». Al rendirle homenaje al insigne luchador sudafricano, también se debe recordar el «heroísmo internacionalista de Fidel y la Revolución Cubana», agregó.

Pero es más, en Fidel, el pueblo africano y sus próceres encontraron un aliado firme en solitarios momentos, una guía hacia la libertad, un ejemplo de descolonización y de desneocolonización, un hermano que nunca dejó de tender la mano. Hoy día, muchos países del continente reciben ayuda en medicina, educación, ingeniería. Lazos de solidaridad unen a la región con Cuba.

Nuevas fotos aparecen. Fidel sonriendo junto a Agostinho Neto, padre emancipador de Angola; junto al ghanés Kwame Nkrumah, al tanzano Julius Nyerere; junto a Amílcar Cabral, el prócer de Guinea Bissau y Cabo Verde. Recuerdos de intercambios con Patricio Lumumba, de la República Democrática del Congo; con Thomas Sankara, de Burkina Faso; con Robert Mugabe de Zimbabwe.

Y, aún más emotivo, diálogos con el pueblo africano que encontró en esta nación del Caribe un segundo hogar donde vivir, cuando no podían hacerlo en su patria; donde estudiar, para luego retornar y hacer el bien; donde curarse, crecer, hacerse mejores hombres y mujeres.

Por ello, quiero pensar que África entona hoy múltiples cantos, tan variados y diversos como lo es su propia gente. Cantos a un amigo: tristes pero llenos de esperanza, que dicen adiós al tiempo, que ofrecen una bienvenida. Porque África nunca dejará que Fidel desaparezca, estará presente, en la verdad y en las ideas que él tanto defendió. Como antes, la lucha continúa, aunque los objetivos sean otros, y la victoria es cierta.

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