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Alepo abre camino a la paz en Siria

El escenario bélico de casi seis años da un vuelco importante y las fuerzas que propician la guerra pierden espacio con la derrota terrorista en la segunda ciudad del país

Autor:

Leonel Nodal

Alepo, segunda ciudad de Siria, importante centro industrial y comercial, situada al noroeste del país, próxima a la frontera con Turquía, se mantuvo ajena durante más de un año a las acciones subversivas emprendidas a partir de marzo de 2011 por opositores al presidente Bashar al Assad, empeñados en derrocarlo con el apoyo de Estados Unidos y sus aliados en la región.

Sin embargo, desde julio de 2012 elementos armados y financiados desde el exterior, provenientes de más de 80 naciones,  se apoderaron del legendario centro urbano de más de 7 000 años de historia, en claro afán de convertirlo en su capital y dividir al país.

Alepo o Halab, apetecida por invasores de todo tipo a lo largo de los siglos, terminó siendo escenario de la cruenta batalla en la que fuerzas gubernamentales apoyadas por Rusia e Irán acaban de asestarle un golpe mortal al terrorismo, que abre la ruta a una solución política del conflicto.

La decisiva victoria militar del Ejército Árabe Sirio ocurre solo 15 meses después de que el presidente Vladimir Putin anunciara la entrada en acción de las Fuerzas Aeroespaciales rusas en la guerra contra los terroristas, en respuesta a una solicitud formal del presidente sirio Bashar al Assad.

Esta semana, tras casi seis años de una guerra impuesta, que le ha costado al pueblo sirio cuantiosas pérdidas económicas y humanas, así como el desplazamiento de millones de personas, la televisión siria pudo mostrar escenas en vivo de pobladores de Alepo agitando banderas nacionales y fotografías de su Presidente, celebrando el triunfo sobre los terroristas.

La supuesta rebelión de 2011 —inspirada y promovida desde la Embajada de Washington en Damasco— que a semejanza de lo ocurrido en Libia, debía provocar el desmoronamiento de Assad en cuestión de semanas, derivó en una de las más sangrientas aventuras bélicas contra la única nación árabe regida entonces por un Gobierno laico, respetuoso de la diversidad confesional.

A pesar de las atrocidades cometidas por los terroristas y mercenarios que impusieron una guerra de tierra arrasada, de sometimiento de las poblaciones locales a las más absurdas y penosas condiciones, todavía hay comentaristas en la prensa occidental —presuntamente democrática y defensora de los derechos humanos— que acusan a la administración de Barack Obama de ofrecer un tímido apoyo a la llamada «oposición armada» o «rebeldes».

Alegan que ante la previsible caída de Alepo, Estados Unidos y sus aliados de la OTAN debieron actuar como en Libia en 2011, cuando lanzaron una intervención militar directa e impusieron zonas de exclusión aérea, para impedir que Muammar Gaddafi —al que después asesinaron brutalmente— dominara a los «rebeldes» de Benghazi.

Ahora en Palmira

Hay quienes apuestan a que el regreso de los terroristas a Palmira, ocupada en una acción sorpresiva, permita una prolongación del conflicto, que retarde una solución en una mesa de negociaciones sin cuestionamiento a la legitimidad del presidente Assad, a lo que Washington se opone obstinadamente.

Todo indica que esas suposiciones están condenadas al fracaso. Analistas militares en la prensa rusa opinan que la situación creada por el regreso de los terroristas a Palmira solo demandará un reajuste táctico para ser retomada. La lógica indicaba que el próximo objetivo del Ejército Árabe Sirio fuera la captura de la ciudad de Idlib, al sudeste de Alepo.

De hecho, una vez terminada la evacuación de los elementos armados que aceptaron salir de Alepo con sus armas personales, el mando militar sirio emitió un comunicado en el que deja clara la decisión de proseguir los combates y las operaciones de limpieza en todos los reductos terroristas.

La evacuación de civiles y combatientes de una ciudad destruida por la guerra. Foto: The Independient

El texto afirma que la victoria en Alepo «será un fuerte incentivo para continuar con el cumplimiento de las misiones nacionales de acabar con el terrorismo y restablecer la seguridad y la estabilidad en todo el territorio nacional».

Asimismo, instaron a todo aquel que lleve armas a que «aprenda la lección» y las abandone, porque, aseguraron, la lucha contra el terrorismo seguirá hasta «la liberación del último palmo del territorio».

Por su parte, el presidente Putin apreció que el teatro de operaciones sirio permitió valorar la actuación de las Fuerzas Armadas rusas y el tipo de armamento desplegado en la guerra contra los terroristas, lo que tendrá un valor inestimable para el desarrollo de la cooperación técnica militar.

El Ejército sirio tuvo un apoyo significativo, gracias al cual realizó una serie de operaciones exitosas contra los radicales, argumentó.

Por su parte, el ministro ruso de Defensa, Serguéi Shoigú, señaló que la Fuerza Aeroespacial de Rusia realizó durante su campaña militar en Siria 17 800 vuelos, llevando a cabo 71 000 ataques contra la infraestructura de los terroristas.

Explicó que durante esas misiones fueron destruidos 725 campamentos de entrenamiento, 405 fábricas y talleres de producción de municiones, 1 500 unidades de equipos militares de los terroristas, y resultaron aniquilados 35 000 combatientes, incluyendo a 204 comandantes.

Frente a los datos catastróficos de un supuesto Observatorio de la guerra en Siria, integrado por una persona y localizado en Londres, que a diario sirve de fuente a los despachos de la gran prensa occidental, Shoigú dijo que «ya 1 074 localidades sirias se sumaron al alto el fuego con cerca de tres millones de habitantes, 108 000 refugiados regresaron a sus hogares y 9 000 radicales dejaron las armas».

El famoso Observatorio de Londres ha elevado hasta más de 500 000 los muertos en Siria, mientras expertos de Naciones Unidas manejan en sus informes una cifra que oscila entre 300 000 y 400 000 muertes, sin precisar su fuente.

Esos datos contrastan con una investigación del Instituto de Estudios Orientales de la Academia de Ciencias rusa, basada en los datos del Buró Estadístico Central sirio, que sitúa en 105 000 el total de los sirios muertos en el conflicto, entre ellos 45 000 militares y milicianos, 24 000 terroristas de nacionalidad siria y 36 000 civiles, la mayoría asesinados por los yihadistas y combatientes de la llamada «oposición moderada».

Una alianza con historia

La intervención rusa en el conflicto sirio, a pedido del presidente Assad, puso a prueba una alianza entre dos naciones que se remonta a mediados de la década de 1950, cuando comenzó la colaboración de Moscú con Damasco a favor de su independencia y soberanía. Asimismo, le permitió a Putin demostrar que Rusia es un aliado confiable, tanto como proveedor de armamentos como de cooperación técnica militar.

Las operaciones de la aviación rusa cortaron rápidamente las rutas de suministros de armas y pertrechos, así como las fuentes de financiamiento, incluida la venta ilegal de petróleo robado al Estado sirio.

La contienda puso en tensión las relaciones regionales e internacionales, por ejemplo después que la aviación turca derribó un bombardero ruso.

En apenas unos meses, sobre todo después que el presidente turco Recep Tayyip Erdogan logró abortar un oscuro intento de golpe de Estado —según algunas fuentes gracias a un aviso de la inteligencia rusa— ambas partes recompusieron sus relaciones y en el terreno militar Ankara concluyó que la protección de su frontera con Siria era mucho más rentable que su coqueteo inicial con los yihadistas y el juego a la guerra patrocinado por la Casa Blanca.

En la práctica, apenas concluida la evacuación de los armados de Alepo, se reunieron en Moscú los ministros de Relaciones Exteriores y de Defensa de Rusia, Irán y Turquía para elaborar un plan de arreglo político negociado de la crisis siria, que preserve los intereses de todas las partes y devuelva la paz a la región.

Según explicó el jefe de la diplomacia rusa, Serguei Lavrov, en una conferencia conjunta con sus similares de Turquía, Mavlut Cavusoglu, y de Irán, Mohammed Javad Zarif, firmaron una declaración conjunta que compromete a los tres países a respetar la soberanía, la integridad territorial y la unidad de Siria como un Estado multiconfesional, multiétnico, laico y democrático.

La decisión adoptada en Moscú deja en evidencia la pérdida de espacio y capacidad de influencia por parte de Washington, que ha quedado marginado, a pesar de su intrusión en el territorio sirio, sin autorización de Damasco, un asunto que pondrá a prueba el anunciado nuevo enfoque del presidente electo Donald Trump sobre la guerra al terrorismo y la situación en Siria.

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