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La esperanza también es azul

A cuatro años de la desaparición física del Comandante Hugo Chávez, la Revolución Bolivariana sigue en pie. Su ejemplo sembrado en la historia ha prendido en millones de seres dispuestos a seguir dando batalla por el mejoramiento humano

Autor:

Alina Perera Robbio

CARACAS.— Cuando aún el sol no rasga el aire frío del amanecer y el día no se ha quitado de encima el velo de la noche, me llegan las voces a coro de los jóvenes militares que en Fuerte Tiuna acometen sus entrenamientos cotidianos. El lugar es el complejo militar más importante de Venezuela, e incluye la ciudad en la que vivo, la ventana hasta la cual llegan esos ecos adolescentes que siempre me inspiran la misma pregunta: ¿En quiénes de ellos habita el ímpetu de Hugo Chávez?

Difícilmente quien sea revolucionario no busque en estos instantes, en tierra bolivariana, las huellas de uno de los hombres más buenos que ha dado la historia: se le busca en los grafitis, en los rostros mestizos, en las miradas donde uno quiere descubrir la traza aborigen más recóndita. Se le busca en el alma del pueblo.

Él está, definitivamente, en la sabiduría de millones de seres que prefieren la paz a la guerra (aquí las multitudes no entregan sus ánimos a las disímiles provocaciones orquestadas y sustentadas casi siempre en frías oficinas imperiales que enfrentan a muerte a la Revolución cuyo escenario es un país de naturaleza riquísima). Chávez existe, como dijera José Martí, en una verdad que ha despertado y jamás volverá a dormirse. Por los siglos de los siglos.

El pasado 2 de febrero, en el Palacio Presidencial de Miraflores, el presidente Nicolás Maduro recordaba el terrible dolor físico sufrido por Hugo Chávez durante los tratamientos clínicos que intentaron salvarlo de la muerte. El paciente había contado a sus compañeros una sensación inefable de desgarramiento. La emboscada que la vida tendió al hombre gigante resultó inexorable, y aunque hasta el último instante el luchador quiso permanecer en el mundo de los humanos para seguir dándolo todo por su pueblo, eso no fue posible.

Días después de la trasmutación, tan prematura, acontecida en horas de la tarde del 5 de marzo de 2013, el Comandante en Jefe Fidel Castro afirmó en una de sus Reflexiones que Chávez fue el mejor amigo que tuvo el pueblo cubano a lo largo de su historia. Entonces dijo el líder histórico de la Revolución Cubana: «Recordaba las veces que bromeó conmigo diciendo que cuando ambos concluyéramos nuestra tarea revolucionaria, me invitaría a pasear por el río Arauca en territorio venezolano, que le hacía recordar el descanso que nunca tuvo».

Ambos, sin descanso, confluyeron en iguales desvelos como revolucionarios. Fidel comentó el «honor de haber compartido con el líder bolivariano los mismos ideales de justicia social y de apoyo a los explotados. Los pobres son los pobres en cualquier parte del mundo». La lucha de Hugo Chávez, según el Comandante en Jefe Fidel, fue la defensa de los pueblos de América Latina y el mundo que han sido víctimas de la explotación y el saqueo.

En su reflexión del 18 de noviembre de 2009, Fidel definió: «Chávez es un verdadero revolucionario, pensador profundo, sincero, valiente e incansable trabajador. No llegó al poder mediante un golpe de Estado. Se sublevó contra la represión y el genocidio de los gobiernos neoliberales que entregaron los enormes recursos naturales de su país a Estados Unidos. Sufrió prisión, maduró y desarrolló sus ideas. No llegó al poder a través de las armas a pesar de su origen militar.

«Tiene el gran mérito de haber iniciado el difícil camino de una Revolución social profunda partiendo de la llamada democracia representativa y la más absoluta libertad de expresión, cuando los más poderosos recursos mediáticos del país estaban y están en manos de la oligarquía y al servicio de los intereses del imperio.

«En solo 11 años, Venezuela logró los más altos avances educacionales y sociales alcanzados por un país en el mundo, a pesar del golpe de Estado y los planes de desestabilización y descrédito impuestos por Estados Unidos».

Las amenazas del enemigo no han disminuido sino todo lo contrario. La explicación de que la Revolución Bolivariana siga en pie a pesar de todas las adversidades, habita en un personaje histórico al cual Hugo Chávez apostó siempre todas sus esperanzas: el pueblo.

Coherencia

En la entrevista «Nos duele la patria», que hiciera el prestigioso periodista venezolano José Vicente Rangel a Chávez, mientras este guardaba prisión a raíz de los sucesos del 4 de febrero (4F) —día de 1992 cuando se produjo la rebelión cívico-militar que liderada por el entonces teniente coronel Hugo Chávez abrió la etapa de un despertar de la conciencia en Venezuela—, se describe a un militar rebelde, a un hombre que tiene gran sensibilidad artística, al cantante, pintor, historiador nato.

En una exquisita introducción Rangel recoge valoraciones de personas consultadas al azar, en diversos lugares de Venezuela, con posterioridad al 4F: «El Comandante Hugo Chávez Frías es la manifestación de la situación política que tiene ahorita Venezuela, pues»; «se convirtió en el héroe de los venezolanos»; «sinceramente, me da la impresión de que hubiera podido hacer algo bueno por este país»; «es lo mejor que ha podido sucederle a Venezuela»; «en realidad que estoy admirada por lo que ha hecho, dejó como un cargo de conciencia a los políticos más que todo».

Asombrosamente, en un camino de entrevistas de Rangel a Chávez a lo largo de 20 años, se percibe que las esencias del luchador jamás cambiaron: no creía en la incandescencia del protagonismo, sino en «un profundo candelorio que invadió el alma del venezolano»; tenía fe en izar velas y en enrumbar a toda la nación mirando a un «horizonte azul de esperanzas»; creía, como Simón Rodríguez, el preceptor de Bolívar, que «el curso natural de las cosas es un torrente que arrastra con lo que encuentra y vuelca lo que se le opone»; anhelaba desatar las amarras del alma del venezolano; le alegraba, simplemente, «ver a la gente feliz».

Un corazón enorme

En un encuentro con el ministro del Poder Popular para la Cultura en Venezuela, Adán Chávez Frías, resultó inevitable abordarlo para las páginas de nuestro diario sobre un tema que a él le llega a lo más hondo: la desaparición física de su hermano de sangre, y de ideas. Ellos fueron dos seres muy unidos, que compartieron juguetes y caminos para divertirse, criados en la infancia y en la adolescencia, con mucho amor, por la abuela paterna Rosa Inés:

«La desaparición física de Chávez —dijo Adán— nos llevó a una coyuntura nada fácil pero que como pueblo organizado estamos superando. El imperio norteamericano y sus aliados pensaron que una vez que Chávez partió físicamente era el momento de acabar con nuestra Revolución y por eso arremetieron con toda su fuerza y sobre todo con la guerra económica, con ese saboteo económico que nos han montado.

«Lo que se ha mostrado en estos cuatro años es que, efectivamente, Chávez hace falta, Chávez está presente. Chávez se ve y se siente en la mirada de cada niño, de cada niña, de cada hombre, de cada mujer que en estas comunidades muestran lo que les decía: el amor, la pasión, la motivación, los deseos de participación, y esa fortaleza que tiene nuestro pueblo, que se ha mostrado en estos cuatro años.

«Es la fortaleza con la que no contaba el imperio norteamericano. Es la fortaleza que ha permitido mantener esta Revolución. Bueno, es un Gobierno con su pueblo, un pueblo con su Gobierno; y Chávez, aunque haga falta físicamente, está y estará siempre con nosotros».

En la Parroquia 23 de enero, sector La Piedrita en la zona oeste de la capital, Eloy Salazar, chofer de 31 años, confesó extrañar a Chávez: «De él aprendimos humildad, aprendimos a ser unidos, a llevar una vida mejor. Hay que seguir con las mismas ideas, y que Venezuela siga creciendo». Johan Nava, de 30 años y trabajador en el Ministerio del Poder Popular para la Salud, dijo: «Nos hace mucha falta, nos cambió la vida, aunque Maduro ahora sigue sus líneas. Fue un hombre que hizo que Venezuela cambiara. Fue una persona muy dada con el pueblo».

Como muchos jóvenes, Eloy Salazar y Johan Nava extrañan a Chávez. Foto: Alina Perera Robbio

Carmen Briceño, ama de casa de 61 años, comentó que «nunca había llegado un presidente aquí a Venezuela, hasta que llegó Chávez». Habló también de la partida física de Fidel, y de cómo hay que seguir adelante con todo lo que los dos legaron.

El jubilado Freddy Quintero Luna, de 74 años, confesó: «Lo extraño bastante, bastante, bastante…».

—¿Pensó que la Revolución se acababa con la partida de Chávez?

—Yo nunca pensé que esto se caía cuando él no estuviera. Creo que aquí vamos con una Revolución bien fuerte.

—¿Aprendió algo de Chávez?

—Demasiado. Lo de él era un corazón enorme. Eso fue maravilloso.

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