Una ceremonia para reafirmar la tortura

Autor:

Juana Carrasco Martín

 Foto: AP Ya está. La tortura ha sido legalizada en Estados Unidos y en sus cárceles, secretas o no, en otros lugares del mundo. George W. Bush firmó este martes la ley, aprobada previamente por ambas cámaras del Congreso, que le da amplios poderes para determinar que los métodos de interrogatorios empleados por sus agentes de la CIA, policíacos o militares puedan violar los tratados internacionales.

Se trata de la Military Commissions Act de 2006 que también amplia la definición de «combatientes enemigos», inventada por esa administración, inmuniza a los oficiales estadounidenses ante cualquier acusación formulada en su contra por detenidos torturados que hubiesen sido capturados antes del final del año pasado.

Lo inaudito del caso es que no se lanza una campaña internacional para llamar dictador a Bush, porque si fuera otro presidente quien tuviera tales atribuciones habría que escuchar al mismísimo mandatario estadounidense denostando, y con él toda la parafernalia propagandística del imperio que se jacta de llevar «democracia» a este atribulado planeta.

¿Intervendrá el Consejo de Seguridad de la ONU? Debiera, pero no es el caso. Señores, no se equivoquen, se trata de la firma de Bush. No hay ningún signo de algún alfabeto extraño o en otro idioma que no sea el inglés. Todo se le permite en su bienaventurada guerra contra el terrorismo. Ahora, en su declaración a la hora de rubricar la legislación, Bush arguyó que «permitiendo que avance el programa de la CIA, esta ley está preservando un instrumento que ha salvado vidas norteamericanas».

Lo dijo también en la ceremonia de la Casa Blanca para convencer a los estadounidenses a darle un apoyo al que cada vez son más renuentes: «Con esta ley que acabo de firmar, enfrentarán a la justicia los hombres que nuestros oficiales de inteligencia creen que orquestaron el asesinato de cerca de 3 000 personas inocentes».

En realidad los hombres que perpetraron el atentado a las Torres Gemelas de Nueva York perecieron en el acto terrorista, pero Estados Unidos a partir de ese momento practicó miles de detenciones de perfil étnico-confesional (en su inmensa mayoría árabes y musulmanes) tanto en su propio territorio como en el extranjero, lanzó dos cruentas guerras (Afganistán e Iraq), instituyó cárceles secretas manejadas por la CIA (Agencia Central de Inteligencia), y creó prisiones —donde puso en práctica torturas y otros métodos aberrantes— en Afganistán, Iraq y en la ilegal Base Naval de Guantánamo.

En el caso específico de las detenciones arbitrarias y las denominadas «rendiciones extraordinarias», se dice que Estados Unidos tiene en «custodia» a 14 000 personas, la mayoría en Iraq, sin cargos, sin ser sometidos a juicio y bajo régimen de duros interrogatorios, esos que puede autorizar directamente Bush y su secretario de Estado, Donald Rumsfeld, porque la legislación les da la potestad de «interpretar el significado y la aplicación» de los estándares internacionales respecto al trato a los prisioneros de guerra y los detenidos en general.

Apenas una decena de esos hombres han sido llevados a los tribunales militares creados por Bush para la ocasión. Precisamente en esas cortes están los orígenes de la nueva legislación, puesto que en junio pasado la Corte Suprema de Estados Unidos las consideró ilegales al ser violatorias de las leyes norteamericanas y de las internacionales.

Con ellas se eliminan derechos que son comunes en las cortes militares o civiles, como es el habeas corpus o permitir a la defensa que vea las evidencias del caso en cuestión; ahora también esos tribunales pueden tomar en consideración declaraciones obtenidas mediante la tortura o aquellas consideradas evidencias provenientes de rumores o de oídas.

Como elemento adicional hay que recordar que una llamada Ley Patriótica instauró una vigilancia fascistoide de la ciudadanía estadounidense mediante escuchas electrónicas no autorizadas por juez alguno, el control de sus lecturas en bibliotecas y librerías, el seguimiento de correos electrónicos, chateos y navegación en la web, entre otros dictámenes presidenciales que también abarcan similar espionaje a toda la web y a la comunicación mundial.

El cerco se cierra. Estamos hablando entonces, no le quepa la menor duda, de la instauración, paso a paso, de una dictadura globalizada...

El imperio ataca y contraataca.

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