Primeros pasos para otra Nicaragua

Autor:

Marina Menéndez Quintero

Se han dado en Nicaragua los que podrían ser primeros pasos del nuevo Ejecutivo contra el capitalismo salvaje, que fue la línea de gobierno mejor definida y más reiterada por el ahora presidente Daniel Ortega durante su campaña.

Es lo que muchos deben estar esperando, al menos, del paquete de reformas constitucionales propuestas por el mandatario, y aprobado ayer en el Parlamento.

Aunque se han presentado, y de hecho son reformas que tienen que ver con el poder ejecutivo, algunas deben tener peso innegable en la esfera económica y, desde ahí, hacer llegar mejores efluvios al ámbito social donde, lógicamente, se recogen los saldos más dolorosos de los programas neoliberales aplicados en Nicaragua desde 1990 hasta ahora.

En tal sentido pueden interpretarse algunos de esos cambios a la Constitución, recogidos en la llamada Ley 290. Por ejemplo, el hecho de que queden desde ahora a cargo directo del poder ejecutivo 13 ministerios y 37 empresas, y que se haya creado una nueva titularidad: el Ministerio de Energía y Minas, sector priorizado, confirmaron los cables, por el gobierno de Ortega, y que resulta tan estratégico para cualquier nación. Carteras como las de Pesca, Turismo y Mujer, serán autónomas pero «adscritas» a la Presidencia.

Sin embargo, la medida más revolucionaria y, por cierto, una de las más cuestionadas por la oposición, será la que permitirá instaurar los llamados consejos especiales, que el líder del Frente Sandinista había anunciado como entes para garantizar la participación popular. Según los despachos que dieron cuenta del final de la discusión parlamentaria, los consejos serán cuatro y atenderán los 153 municipios del país para «diseñar y ejecutar políticas y proyectos» y garantizar «la democracia directa y la participación ciudadana».

Ello puede resultar trascendental para una nación depauperada, donde las medidas de ajuste de los últimos años y el desinterés de gobiernos corruptos profundizaron las heridas sociales dejadas por la agresión de la contra que armó la administración Reagan, y desangró a Nicaragua durante toda la década de los 80.

Bien podría ser este el comienzo de una nueva etapa.

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