Reminiscencias chapinas

Autor:

Juan Morales Agüero
Cierta mañana, durante la cobertura periodística que realicé en la República de Guatemala en el año 2002, abordé un ómnibus con destino a la bella ciudad de Cobán, capital del departamento de Alta Verapaz. En ambos costados del vehículo, un rótulo llamó mi atención: La Monja Blanca. Evidentemente, se trataba del nombre de la línea. Indagué el origen de semejante apelativo. Y me respondieron: la monja blanca es la flor nacional guatemalteca.

Se trata de una orquídea hermafrodita de singular belleza que vive adherida a otras plantas. Sus frutos contienen millones de diminutas semillitas. Para germinar necesita la acción de un hongo determinado, por lo cual su presencia es muy escasa. El proceso resulta tan complejo que la monja blanca es endémica de la selva centroamericana. Sus flores son triangulares, crecen desde la base del seudobulbo y miden entre 10 y 15 centímetros.

A la monja blanca se le conoce desde 1889, cuando se estableció un intercambio botánico entre científicos de América y Europa. Las orquídeas guatemaltecas se expusieron a la sazón en Viena, la capital de Austria, por iniciativa del profesor Ladislao Cordero. Esta flor habita a una altitud promedio de 1 659 metros sobre el nivel del mar, en zonas húmedas, a salvo así de las elevadas temperaturas del verano y de las bajas del invierno.

En 1933, la señora Leticia M. de Southerland, presidenta de la Exposición Internacional de Flores celebrada en Miami, EE.UU., envió al gobierno guatemalteco la sugerencia de que la monja blanca fuera nombrada flor nacional. La recomendación fue adoptada el 11 de febrero de 1934, por Decreto Presidencial del general Jorge Ubico, después de haber consultado a expertos en la materia. Dos Decretos posteriores le brindaron protección.

La enciclopedia Wikipedia registra que el 9 de agosto de 1946, durante el gobierno de Juan José Arévalo, con el fin de proteger a esta especie de la extinción, se emitió un Acuerdo Gubernativo en el que se prohíbe la recolección y exportación de esta planta. El mismo acuerdo fue modificado el 4 de junio de 1947 para ampliar la prohibición a bulbos y flores, así como para incluir al resto de las especies de esta familia botánica.

Otro nombre reiterado en el país chapín es quetzal. En Guatemala se llaman así gasolineras, aldeas, tiendas, centros nocturnos, artículos de consumo, cines, pueblos y funerarias. Quetzal es también la unidad monetaria oficial, establecida por el presidente José María Orellana mediante Decreto del 26 de noviembre de 1924. Un quetzal tiene cien centavos. Por cierto, en 1997, la República de Guatemala comenzó a acuñar monedas de a 50 centavos en cuya cara aparece la monja blanca.

El quetzal es el ave nacional guatemalteca desde 1871, en el gobierno de Miguel García Granados. Se utilizó por primera vez como símbolo patrio cuando se le colocó como parte del Escudo de Armas. Su efigie figura en la bandera del país, posada sobre un pliego que encarna el acta de independencia. Se le llama así en honor a Quetzalcóatl, dios que diversos pueblos nahuas adoraban en época precolombina. Era el ave sagrada de los mayas.

Resalta por sus largas y curvas plumas en la cola, que, en el macho, pueden alcanzar un metro de longitud. En esa parte del cuerpo son iridiscentes, con tonalidades azules y verdes. Fue símbolo de luz y vida para los aztecas y los mayas. En su tiempo, esas plumas desempeñaron un importante rol decorativo en las realezas indígenas y se comercializaron durante siglos.

Cuenta una leyenda que en 1525, cuando Pedro de Alvarado atacó la ciudad quiché de Xela-hu —hoy Quetzaltenango—, los mayas fueron masacrados, entre ellos el cacique Tecún Umán, hoy Héroe Nacional de Guatemala. Miles de quetzales salieron entonces de los bosques y se posaron con las alas abiertas sobre los cadáveres. Permanecieron así toda la noche. Al amanecer remontaron vuelo manchados con la sangre de los guerreros muertos. Desde entonces el quetzal tiene el pecho de color rojo.

El quetzal simboliza libertad y muere de tristeza si se le confina al cautiverio. Actualmente es una especie en extinción y, como la monja blanca, solo se le encuentra en ciertos lugares del departamento de Alta Verapaz. En su honor, la máxima condecoración guatemalteca se llama así: Orden del Quetzal.

Comparte esta noticia

Enviar por E-mail

  • Los comentarios deben basarse en el respeto a los criterios.
  • No se admitirán ofensas, frases vulgares, ni palabras obscenas.
  • Nos reservamos el derecho de no publicar los que incumplan con las normas de este sitio.