Un nombre para la Ciudad Deportiva: Teófilo Stevenson

Autor:

Elio Menéndez

La idea nace del veterano colega Héctor de Arturo, prestigioso escritor y periodista: ¿por qué no «bautizar» a la Ciudad Deportiva habanera con el nombre de Teófilo Stevenson Lawrence?...

Convencido estoy de que tan feliz sugerencia será acogida con calor no solo por la gran familia del boxeo, sino incluso por quienes sin ser fervientes seguidores de este deporte, saben de la grandeza de este hombre que, al decirnos adiós en fecha reciente, dejó para la historia hazañas difíciles de repetir.

A sus tres títulos olímpicos y tres mundiales, Stevenson sumó otros en juegos regionales y por invitación a los que asistió: dos en Juegos Panamericanos, y dos en Centroamericanos; ganó el Torneo Amistad (1984), en La Habana, y seis Campeonatos Centroamericanos de boxeo; tres veces se impuso en la Copa Química de Halle y seis en el Giraldo Córdova Cardín, coronándose campeón nacional 11 veces.

En sus casi 20 años entre las cuerdas obtuvo 301 victorias y solo resultó derrotado en 20 ocasiones. En su carrera enfrentó a 16 púgiles estadounidenses frente a los cuales obtuvo 14 victorias y sufrió dos reveses, contra Duane Bobbick en Cali 71 y con el mediocre Craig Payne, favorecido por una infame decisión en las eliminatorias efectuadas en Luisiana, con vistas a integrar el equipo América para la Copa del Mundo.

Bastaría este abreviado currículo para sustentar la iniciativa del fraterno Héctor de Arturo, pero existen muchas más razones. Al cumplirse en Atlanta 1996 el centenario de los Juegos Olímpicos de la era moderna, Stevenson estuvo entre el limitado número de grandes atletas de la centuria invitados a los festejos por tal acontecimiento.

Teófilo, poseedor de todas las distinciones que otorga la Asociación Internacional de Boxeo Amateur (AIBA) fue honrado con el premio Fair Play, que otorga la Unesco a los atletas de más limpia ejecutoria: comportamiento frente a los rivales, respeto a las reglas del olimpismo…

Un detalle más: el coliseo de la Ciudad Deportiva fue el escenario en el cual Stevenson ganó su primer título mundial y el escenario en el que celebró su último combate en Cuba, en ocasión del Torneo Amistad celebrado paralelamente a los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 1984. En esa cita derrotó por RSC en el segundo asalto al miura soviético Valeri Abadzhan, en uno de los combates más fuertes que he visto en el boxeo amateur.

No fue el gigante del Central Delicias un hombre perfecto…, ¿acaso existe alguno? No obstante, sus virtudes atléticas y humanas sumaron mucho más que sus errores, porque Stevenson no fue solo un superdotado para el boxeo sino también un patriota cubano desde las zapatillas al protector de cabeza.

En la Olimpiada de Munich 1972, en la cual se catapultó al estrellato tras su victoria sobre Duane Bobbick, Teófilo patentizó su amor a la Patria al rechazar ofertas millonarias para saltar a las filas del profesionalismo, ripostando con un recto de derecha a las proposiciones: «No cambio a mi pueblo por todo el dinero del mundo».

En las Reflexiones publicadas el 13 de junio pasado, Fidel despedía al campeón de campeones: «Se nos ha ido Stevenson. Después de las cuatro de la tarde de ayer llegó la noticia. Ningún otro boxeador amateur brilló tanto en la historia de este deporte. Podría haber obtenido dos títulos olímpicos adicionales, si no hubiese sido por deberes que los principios internacionalistas impusieron a la Revolución. Ningún dinero del mundo habría sobornado a Stevenson.

«¡Gloria eterna a su memoria!»

Honrar honra, sentenció el Apóstol. ¡Y qué mayor honra para nuestra Ciudad Deportiva capitalina que llevar el nombre del boxeador amateur más grande de todas las épocas!

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