Tinieblas en territorio de la polio

Autor:

Julio César Hernández Perera

Pudiera parecer un cuento que la poliomielitis sea capaz de sojuzgar a niños en pleno siglo XXI. De origen viral y altamente contagiosa, ella causa terribles secuelas infantiles (como las parálisis, y hasta la muerte).

La mayoría de los médicos cubanos solo conocemos esa enfermedad por referencias extraídas de diferentes textos. Y en sentido general, los cubanos aprecian ese mal como algo prehistórico, imposible de padecer, porque sus hijos reciben una salvadora vacuna.

La erradicación de esa afección en Cuba se advierte como colosal hazaña emprendida desde hace medio siglo, cuando el 26 de febrero de 1962 tuvo lugar la Primera campaña de vacunación contra la poliomielitis. En aquella faena se inmunizó a la población de cero a 14 años con una vacuna oral tipo Sabin, de fabricación soviética.

El hito se logró en medio de una rabiosa propaganda hostil patrocinada por los enemigos de la naciente Revolución. Fueron momentos donde la inicial labor de convencimiento, «puerta a puerta», contó con la preciada ayuda de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), hasta que los incuestionables resultados demolieron por completo las intrigas contrarrevolucionarias.

El hecho punteó como otra de las tantas diferencias entre el antes y el después de 1959. Nos anticipábamos, en más de dos décadas, a un esfuerzo global instaurado en el año 1988 durante la 41 Asamblea Mundial de la Salud: la Iniciativa de erradicación mundial de la poliomielitis.

En el mundo de aquellos tiempos la población de más de 125 países sufría la enfermedad, y era la causa de parálisis en cerca de 350 000 niños, anualmente.

Después tuvieron lugar importantes progresos al disminuir el número de casos de poliomielitis en más del 99 por ciento. Pero nos cuesta pensar, sobre todo a los cubanos, en por qué no se alcanza el total destierro de este mal en el mundo.

La posibilidad de que sea la segunda enfermedad infecciosa en desaparecer del orbe —tras la erradicación de la viruela en los años 70 del siglo XX—, aún es como el horizonte, eternamente inalcanzable. En la actualidad existen tres países relegados (Paquistán, Afganistán y Nigeria) donde la temible afección es endémica: adversa situación que no deja de ser preocupante si se tiene en cuenta el constante riesgo de expansión del virus fuera de las fronteras de esos territorios.

De estas naciones, Paquistán es la que más ha centrado la atención de los medios. Un trabajo publicado en octubre del año 2012 en el Boletín de la Organización Mundial de la Salud (OMS) aseveró que la poliomielitis no será erradicada en la nación asiática a no ser que un programa nacional consiga llegar a los padres de los niños pertenecientes a los grupos de alto riesgo.

Las dificultades que enfrentan los diferentes organismos internacionales en ese «territorio de la polio» son inmensas. Junto al analfabetismo y la ignorancia, toparemos con las malas condiciones higiénicas, ser el único país en el mundo donde se aíslan dos tipos diferentes de poliovirus (virus de la polio), los conflictos armados, las inundaciones, los servicios deficientes de inmunización y las numerosas poblaciones nómadas y de desplazados internos.

Por si no bastara, los obstáculos no terminan ahí. En mayo de 2012, un médico que estaba a cargo de un llamado «programa de inmunización» fue condenado por haber colaborado con la Agencia Central de Inteligencia (CIA). Su objetivo real era descubrir el paradero de Osama bin Laden, y gracias al falso programa de vacunación la siniestra agencia de inteligencia obtuvo, además, muestras de ADN de habitantes de una localidad paquistaní.

El hecho constituyó un duro revés para los tantos esfuerzos desplegados que pretendían difundir la necesidad de la inmunización entre la azotada población: los temores a la vacunación se agravaron al punto de que muchos paquistaníes piensan que ella es una conspiración norteamericana para hacer infértiles a sus hijos, reducir la población de musulmanes y debilitarlos en la capacidad de defender el Islam.

Hoy, cerca de 150 000 niños paquista-níes no están vacunados contra la polio. El país continuará sufriendo, bajo tinieblas, la enfermedad. En ello mucho tiene que ver la rapacidad del imperio: además de sus drones, ha diseñado múltiples estratagemas para impedir todo esfuerzo y voluntad por hacer del mundo un espacio llevadero y amable.

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