De pediatras y encantamientos

Autor:

Liudmila Peña Herrera

Uno nunca quiere tener que ir a verlos, a no ser de visita, para darles un abrazo o contarles que anda todo bien con nuestros niños, que solo nos preocupan boberías; pero a consulta no. Ojalá esas siempre estuviesen vacías.

Mas, como pasa casi siempre con la vida, todo lo que uno quisiera no es. Y entonces las salas de espera están repletas de pequeños con gripe, asma, algún «granito» sospechoso, fiebre… y todo lo que anda en el ambiente y ellos «pescan» como buenas esponjas que son.

Entonces, como no queda más remedio cuando al peque de casa no le baja la fiebre o no para de toser, uno echa en el bolso lo fundamental y se va al cuerpo de guardia, a consulta o hasta a casa de alguno de ellos, con el alma hecha una trapecista y la preocupación latiendo en el pecho.

Ellos allí, pausadamente, lo revisan todo, hacen que los niños abran la boca, se dejen auscultar y hasta cojan el «humito» del aerosol con tranquilidad. Pareciera como si los pediatras tuviesen poderes mágicos para «adivinar» por qué llora tanto la pequeña de dos meses y cuánta inexperiencia posee aquella madre primeriza y descuidada.

«Magos no, ni adivinos», seguramente me diría el profe Julio Grave de Peralta y añadiría su razón: «experiencia». Creo que la china Gliset Hunt diría algo parecido, porque ser madre y pediatra concede un «ojo clínico» difícilmente confundible. Pero yo sigo insistiendo en que sí usan artificios de encantamiento; si no, ¿por qué una doctora del cuerpo de guardia del Hospital Pediátrico holguinero anda con Piolina colgando de un estetoscopio o tiene una colección de muñequitos colorines para atrapar la atención de los llorones y poder detectar si hay estertores, sibilancias u otro «ruido» extraño en sus pulmones?

Por eso, cuando mi hijo llega al Pediátrico ya no llora ni entra en pánico. Por más que yo quiera que se esté quieto, para que cuando pase no lo sientan agitado, él se dedica a saltar, a cantar y a correr —hasta que una enfermera nos regaña— y parece que no fuese él quien se sintiera mal, sino su mamá.

Después, puede ser que algo inesperado o desconocido le despierte los temores; mas la especialista, con todo el cariño del universo, le explica bien bajito: «Alex, yo nunca te he mentido: esto no va a doler». Entonces, como él sabe que es verdad, se queda quieto y se deja hacer. Y en eso, repito, hay mucho de encantamiento. No hay otra manera que buscarle «las cosquillas» a la imaginación de los niños para que el pediatra, tenga el nombre que sea, en vez de un brujo(a) malo(a), se convierta en un hada o hechicero bueno. Esa es la dificultad mayor y, a la vez, la magia de la ciencia que se ocupa de la salud y la curación de los niños.

Y no solo lo digo yo: pueden confirmarlo los miles de padres que han acudido con no pocas inquietudes y han salido más tranquilos o, al menos, con un tratamiento, una solución, una respuesta y hasta un consuelo…

Después del paso de Irma —miren que esta dichosa «mujercita» ha dado de qué hablar—, han sido frecuentes las infecciones respiratorias u otras dolencias asociadas a la humedad y el «cambio de tiempo», lo que ha inundado de pacientes, otra vez, nuestros hospitales. Pero justo en medio del paso del huracán, la doctora Aracelys Hernández compartía, en su perfil de Facebook, varias fotos de sus colegas de guardia en el Hospital Pediátrico Octavio de la Concepción, de Holguín, con el siguiente texto: «Ya sintiendo la fuerte lluvia y los vientos de Irma. Siguen acudiendo pacientes a nuestro servicio de urgencias. Hasta ahora 31 atendidos. Todos protegidos. Nosotros de guardia, salvando vidas y sin dejar de sonreír. Miles de bendiciones para todos los cubanos y para nuestros niños».

Anoche, gracias a ella, supe que hoy era el Día del Pediatra Cubano. Me dijo que Piolina estaba triste porque el catarro y el asma se ensañaban con ella justo cuando debería estar bien para celebrar su jornada. Ya ven, hasta los pediatras se enferman, pero uno quiere verlos plenos, con tal de que su magia siga siendo esperanzadora para nuestros peques. Así que, para todos ellos, en su día, un encantamiento «a lo cubano», en favor de su salud.

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