Las lluvias, ¿únicas culpables?

Autor:

Nelson García Santos

Viendo recientemente las imágenes del agua, por raudales, señorear por sembradíos, carreteras, caminos, poblados y hasta en las mismísimas ciudades, me atribulaba en la memoria una incógnita: ¿Y todo esto solo por culpa de las intensas lluvias?

Más allá de la magnitud del estacazo de los pasados días, también recordaba esa realidad en la que se han convertidos los cauces de ríos, arroyos, cañadas y hasta el alcantarillado, obstaculizados por aquellos que lo utilizan como verdaderos basureros, incluida la tiradera de escombros.

Un buen ejemplo de ese desparpajo está en cualquier lugar de nuestra geografía, donde suele ser normal apreciar grandes cantidades de desechos sólidos hasta en calles de alcurnia.

No sé ya cuántas veces, por ejemplo, se han limpiado, y hasta realizado el   dragado del cauce, y limpiado las márgenes de los ríos Bélico y Cubanicay de Santa Clara, pero la gente vuelve a la carga con inmundicias de todo tipo.

Tampoco se puede quedar fuera un razonamiento de esta realidad: presas abajo, los cauces de los ríos se han ido achicando porque normalmente circula menor cantidad de agua  y hay falta de una limpieza sistemática. 

Luego, cuando vienen las torrenciales lluvias, más el agua de los embalses que alivian, no hay cauce suficiente para tanto líquido y este se desborda incontrolable y llega en algunos poblados hasta donde nunca ojos humanos lo habían visto. La secuela aflora después en casas, otras instalaciones y carreteras dañadas y cosechas agrícolas perdidas totalmente o seriamente afectadas.

Es obvio, pienso, que el drenaje por las causas descritas, sin descontar otras, no anda bien. En cuanto a la agricultura, duele ver cómo el esfuerzo y el gasto de recursos económicos se desvanecen súbitamente por esas aguas que golpean y se estancan.

En honor a la verdad, muchos recursos se invirtieron en nuestro país para garantizar un buen desagüe en las tierras agrícolas, pero tampoco este frente ha escapado, al parecer, a las limitaciones de recursos o, especulo, también al descuido.

Quizá lo que acaba de ocurrir promueva una mirada filosa hacia cómo está el tema del drenaje, incluida la protección a las carreteras, y lleve a que se acaben de aplicar medidas drásticas para aquellos que contribuyen a menguarlo sin el menor recato. Porque, realmente, no sé, mientras me sigo preguntando: ¿Y todo esto que ha pasado ha sido solo por culpa de las intensas lluvias?

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