Doctor, ¿dónde busco la medicina para Gala?

Qué situación tiene hoy la atención veterinaria en el país. Cómo está diseñada la red de abastecimientos de los fármacos en esta especialidad. Cuál es el final de los clientes y sus animales, cuando no se encuentran los medicamentos necesarios para tratar una enfermedad

Autores:

Mayte María Jiménez
Yahily Hernández Porto
Marianela Martín González

Gala es una pizpireta perra salchicha color canela, de cinco años de edad. En la casa nunca está tranquila. Es muy juguetona y no para de correr de un lado a otro. Así la describió su dueña al traerla en brazos a la clínica veterinaria, pues hace varios días la ve triste, con los ojos «mustios» y el vientre inflamado.

Laura llega en busca de un diagnóstico que explique lo que sucede con su mascota. Al pasar por la consulta el médico dictamina que la perrita padece la enfermedad de la garrapata. El susto es grande, pero mayor aun es la incertidumbre de no poder suministrarle el tratamiento, pues ella vive muy lejos y no puede venir dos veces al día a ponérselo vía intravenosa.

La otra alternativa son las pastillas. El doctor le indicó un antibiótico, un diurético y el cloruro de potasio durante 21 días. Sin embargo, ninguno de estos fármacos se expiden en el consultorio veterinario, y no hay una red de farmacias para comprarlos.

Ante tal situación, Laura hace una revisión mental al botiquín de su casa. Hace tiempo que no compra antibióticos, así que no tiene el que le mandaron, como tampoco cuenta con los otros compuestos. Respira profundo, se detiene un momento a la salida de la clínica, y acto seguido cruza la calle. Camina hacia el final de la cuadra y entra en el policlínico. Minutos más tarde sale de allí con unas recetas en la mano.

Similar experiencia vivió Madelaine, quien tenía a su Beagle de un año con amebas y necesitaba urgente un suero de metronidazol para frenar las pérdidas de sangre que ya sufría el perro.

En el veterinario hacía meses que no entraba este medicamento, así que tuvo que probar suerte en un hospital. Al llegar al Cuerpo de Guardia se encontró con un amigo del preuniversitario a quien le pidió resolver un pomo de metronidazol para su mascota.

Historias parecidas son frecuentes en clínicas y consultorios veterinarios de todo el país donde, a pesar de tener la mayoría de las veces una buena atención médica, el servicio asistencial se limita ante la falta de algunos medicamentos, máxime si se trata de una urgencia.

En esos casos es muy complejo determinar la conducta que se debe seguir, pues los animales afectivos son considerados parte de la familia, se les tiene gran cariño, y cuando se enferman los dueños tratan de hacer hasta lo imposible por curarlos… ¿Quién no lo haría?

El problema es que tras esas limitaciones se genera una crisis que solo se alivia al buscar soluciones alternativas, las cuales van desde expedir recetas para falsas enfermedades en seres humanos, hasta el desvío directo en centros de atención primaria y hospitales.

Para entender y develar algunas de las causas que generan estas contradicciones, un equipo de este diario se acercó a veterinarios, clientes y directivos de esa especialidad en el país. Con ellos buscamos respuestas sobre cómo está diseñado actualmente el abastecimiento de los medicamentos veterinarios, y qué situación tiene la industria farmacéutica de este sector a nivel nacional.

Realidades contradictorias

Al igual que en La Habana, en provincias como Camagüey son numerosas las dificultades a las que se enfrenta una familia cuando sus mascotas se enferman. En la Clínica Veterinaria Lázaro Peña, uno de los criterios que anticipó la complejidad del tema fue el de la directora de esa institución, Marbelyz González Salotén.

La doctora explicó que la reclamación permanente de los clientes en esta unidad es la carencia de una farmacia veterinaria que expida los medicamentos de uso animal a la población.

Con más de una década de experiencia en este sector, la especialista señaló que la inexistencia de los fármacos origina que los aquejados busquen la solución en cualquier lugar y al precio que sea necesario. «La clínica no cuenta con variedad y cantidad de medicamentos, material desechable para tratamientos de calidad, y laboratorios para efectuar diagnósticos, por lo que cada quien busca resolver como puede».

La mayoría de los entrevistados aseguró comprar los medicamentos en la calle, o conseguirlos en un centro asistencial, antes de dejar morir a su animal; mientras que otros prefieren acudir a las denominadas clínicas particulares, aunque sean ilícitas.

«Siempre acudo a veterinarios particulares, pues tienen de todo y a cualquier hora. No me importa pagar lo que sea por tener un tratamiento efectivo y completo, algo que muchas veces en las clínicas estatales no existe», dijo la joven Yenifer Valdés, dueña de Keli, una perrita cocker.

Similar criterio aportó la abuela Graciela Larraurri. «Tengo aguja y jeringuilla por si se enferman mis perros, porque en las clínicas carecen de esos recursos, y por lo general solo acudo a estas para que me los vacunen, después de conseguirlo todo», declaró.

Ambos enfoques no estaban lejos de la realidad, porque la doctora veterinaria Yailé García Sánchez aseveró que en el centro asistencial no pocas veces faltan la duralgina para aliviar el dolor, sueros para la deshidratación y anestésicos imprescindibles para realizar cirugías.

Pero más preocupante fueron los señalamientos de la directora González Salotén: «Tal situación impide realizar diagnósticos certeros o ingresos como en otras clínicas veterinarias del país».

Además, alertó cómo se multiplican las personas que practican esta profesión sin tener una certificación y conocimientos necesarios, pero como en sus estantes poseen medicamentos que el centro asistencial no puede ofertar, pues los clientes acuden a esos que aparentemente son mejores. Esta situación no es exclusiva de los animales afectivos, pues en ocasiones la sufren también los productores ganaderos del territorio.

Una solución

Con cerca del ciento por ciento de la producción de fármacos veterinarios de la nación, el Grupo Empresarial Laboratorios Biológicos Farmacéuticos (Labiofam) ha tenido un gran impacto en el impulso de la medicina de esta especialidad.

El Doctor José Antonio Fraga Castro, director de la institución, señaló que la misión de la entidad es producir vacunas, medicamentos y medios diagnósticos para uso veterinario —tanto farmacéutico como biológico— con vistas a garantizar la salud animal de nuestra masa en los sectores estatal, cooperativo y privado.

A inicios de los años 90, a partir de la desaparición del campo socialista, se hizo necesario buscar fuentes de financiamiento con el propósito de garantizar los medicamentos, vacunas y medios diagnósticos para la ganadería del país.

«La necesidad nos dio la oportunidad de diversificar nuestras producciones, de manera que se vincularan con la calificación técnica y el equipamiento con que contábamos. Iniciamos también la búsqueda de soluciones a problemas existentes en diferentes regiones del mundo, acordes con el conocimiento de tecnologías que pudieran promoverse y dieran respuesta a esas necesidades», abundó.

Entre las vacunas virales producidas por Labiofam —especificó— están las que combaten la bronquitis infecciosa aviar, newcastle, gumboro, viruela aviar, encefalomielitis aviar, cólera porcino y moquillo, entre otras. Para ello obtiene antídotos para la Brucella abortus cepa 19, septicemia hemorrágica bovina inactivada, Salmonella dublin typhimurium, choleraesuis inactivada, erisipela porcina, colibacilosis porcina inactivada y septicemia hemorrágica, y otra amplia gama.

Actualmente Labiofam produce anestesia local, antihistamínicos, antiparasitarios, antipiréticos, una gama de sueros con nutrientes, pero aún no cuentan con diuréticos o esteroides, añadió.

El Doctor Fraga recordó que las primeras farmacias veterinarias en Cuba se desarrollaron en 1909 y, lógicamente, cuando triunfa la Revolución estas estaban en manos privadas y luego pasaron a manos del Estado.

«A partir de entonces en cada municipio prácticamente existía una entidad. Nosotros modernizamos las farmacias entre 1997 y 1998 y vendíamos los productos veterinarios a la población, y con esos ingresos financiábamos los productos para las empresas estatales y las cooperativas de producción agropecuaria», comentó.

Luego se cerraron todas las farmacias veterinarias, y desde entonces no existen los lugares para ofertar los medicamentos a la población.

Sobre esta determinación el especialista confirmó que, al no existir farmacias para ofertar a las personas la medicina para sus animales afectivos y productivos, el problema se está solventando, por una parte con la misma medicina para los humanos, y por otra mediante el mercado «subterráneo».

Actualmente está como un problema que se debe resolver, pues el país sigue produciendo medicamentos desde este centro.

Fraga afirmó que Labiofam dispone de volúmenes importantes de medicamentos e instrumental veterinarios, pero las clínicas no disponen del presupuesto necesario para adquirirlos.

Entre la espada y la pared

La experiencia de jóvenes veterinarios dedicados a la atención de animales de producción ha sido bastante positiva con los productos de Labiofam. Andy Acosta Hernández, médico de la cooperativa de producción agropecuaria Héroes de Yaguajay, en Alquízar, provincia de Artemisa, señaló que casi el ciento por ciento de los medicamentos que emplea provienen de esa institución.

Los 604 animales del cebadero, de estos 199 búfalos y más de 290 vacas, son desparasitados, vitaminados y curados con fármacos como labiozol, labiomec, levamizol, vitaminas A, B y B12, y reconstituyentes de vasos, entre otros.

«Me dan buenos resultados, pero el quid está en cómo aplicarlos y garantizarles la alimentación previa a los animales», explicó.

Sin embargo, uno de los problemas de los medicamentos provenientes de Labiofam, según este especialista, es que cuando se trata de animales más pequeños, se despachan en envases muy grandes.  Además, no siempre se cuenta con todos los fármacos que se necesitan en la asistencia médica.

El Doctor en Medicina Veterinaria Juan Soto Mederos, director en funciones de la Clínica de Animales Afectivos José Luis Callejas, de Carlos III, en la capital, explicó que efectivamente casi el 90 por ciento de los medicamentos que llegan a la clínica provienen de Labiofam.

Pero hay algunos en falta como los sueros, anestesia, antihistamínicos, analgésicos. Señaló, sin embargo, que algunos son producidos por esa institución, pero el recipiente de los mismos dificulta su racionalidad.

«La situación de los reactivos para los laboratorios y el instrumental sí es más compleja. Dependemos de donaciones, o alguna gestión de los mismos clientes, porque no contamos con un surtido frecuente de estos productos en la clínica», advirtió.

A ello añade el Doctor en Medicina Veterinaria Pío Álvarez, que hay medicamentos que son imprescindibles para el trabajo en el Cuerpo de Guardia, y no los tienen. Dependen de lo que puedan conseguir los clientes.

Como ejemplo citó los antipiréticos, analgésicos, anticonvulsivos, esteroides, antihistamínicos, antidiarreicos, anestesia.

Sin embargo, habrá que indagar qué otros fenómenos están incidiendo ante tal situación, porque resulta contradictorio que Labiofam produzca algunos de ellos y las clínicas no cuenten con existencias.

Ambos doctores coinciden en que estas situaciones complejizan mucho más la atención, pues el desvío de los centros asistenciales no puede ser la solución, aunque es muy duro decirle a una persona que deje morir a su animalito porque no hay una medicina, que ella sabe que existe en la asistencia médica.

De afectos y afectaciones

El Doctor en Medicina Veterinaria Manuel Peláez, director de Epizootiología y Asistencia Veterinaria del Instituto de Medicina Veterinaria, señaló que actualmente esta institución es la encargada de regular el empleo de los medicamentos en las diferentes instancias.

Explicó que los fármacos deben llegar a las personas que lo soliciten, ya sea por los animales afectivos o productivos, a través de las sucursales de Labiofam y las direcciones provinciales de Veterinaria, así como en los consultorios.

Precisó que en Cuba la empresa productora fundamental de medicamentos veterinarios es Labiofam, aunque existen otras instituciones, como el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología, que también desarrolla productos como el Gavac, vacuna contra la garrapata.

«Debemos entender que los medicamentos para humanos no son los mismos que para animales, o sea, no es una buena práctica emplear los que están asignados para las personas en las mascotas enfermas», advirtió.

«Estamos conscientes de que en estos momentos hay dificultades con algunos fármacos, pues no existe en la industria farmacéutica veterinaria esa disponibilidad. No podemos olvidar las dificultades económicas que vive el país, y las afectaciones que ello ocasiona en los diferentes sectores de la economía y la sociedad. No obstante, a través de Labiofam existen variantes de medicamentos para esos ideales que no tenemos», agregó.

El especialista explicó que actualmente la contratación de medicamentos para las clínicas veterinarias solo se puede hacer entre Labiofam y las direcciones provinciales de Veterinaria.

«Aunque en estos momentos no hay farmacias veterinarias, se tiene previsto que en un corto período de tiempo se reabran estos servicios en toda la nación. Mientras ello no ocurra, está diseñada una red de clínicas y consultorios para el abastecimiento de estos productos, aunque no está cubierta la demanda de todos los medicamentos», subrayó.

En el caso de las clínicas de animales afectivos, estas también reciben una cantidad determinada de medicamentos, pero no es todo lo que se necesita, pues muchos son los mismos que se emplean para los animales de producción.

—Cuando las personas no encuentran los medicamentos que necesitan para curar a sus animales, ¿qué pueden hacer?

—Es cierto que aún tenemos demandas insatisfechas, pero debemos reconocer que la situación ha ido mejorando. Al igual que la industria farmacéutica nacional, la red de clínicas veterinarias se está sobreponiendo a la crisis sufrida en los años 90.

En estos casos, el servicio veterinario es el calificado para solventar una situación médica con un animal, argumentó. Si faltaran determinados medicamentos, la pericia y la sagacidad de los especialistas es esencial para buscar alternativas que les permitan solucionar el problema.

El Doctor Peláez dijo que en todos los municipios está dispuesta una red de clínicas y consultorios veterinarios para brindar estos servicios. «En el caso de los medios y el instrumental para los procederes médicos, también estamos reabasteciendo a los centros de atención en la medida de lo posible», precisó.

«Existe una red de laboratorios de diagnóstico en todo el país. No obstante, tenemos un déficit de reactivos, y estamos trabajando con equipos con varias décadas de explotación, pero a pesar de estas circunstancias tratamos de hacer lo mejor posible, y exhortamos a los médicos a emplear el diagnóstico clínico con mayor intensidad».

Sobre los precios de estos servicios el experto aclaró que, tanto para las consultas como para los diversos procederes, está establecido un listado que es el mismo para todo el país.

Sin lugar a dudas —advirtió— la medicina veterinaria desempeña un papel esencial en la seguridad alimentaria y sanitaria de la sociedad, pues garantiza el estado de salud de los animales productivos y, por ende, incide en la economía.

Además hay que recordar la importancia del control de un número de enfermedades que pueden afectar a los seres humanos.

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