Adolescencia protegida (I)

Para la sociedad, tan importante como la formación académica y moral de la generación más joven es cuidar su salud, de la cual depende el futuro económico y demográfico del país

Autor:

Mileyda Menéndez Dávila

Cerca del 15 por ciento de la población cubana tiene hoy entre 12 y 19 años. De estos adolescentes, tres cuartas partes viven en zonas urbanas, y la mitad son mujeres. Para la sociedad, tan importante como la formación académica y moral de esa generación es cuidar su salud, de la cual depende el futuro económico y demográfico del país.

Conscientes de ese reto, desde el año 2000 se consolida en Cuba el Programa Nacional de Atención Integral a la Salud de la Adolescencia, que estableció entre otras medidas la extensión de la edad pediátrica hasta los 17 años, 11 meses y 29 días en todos los niveles de atención; las consultas diferenciadas en la atención ambulatoria y la creación de salas o servicios especiales en los hospitales para garantizar el máximo de calidad.

Otro paso importante fue la creación de centros de atención integral a la salud del adolescente en las provincias, conocidos como CAISA, donde profesionales de diferentes disciplinas interactúan con adolescentes, familiares y personal docente a fin de conocer las necesidades y problemas de esa edad, además de desarrollar cursos, investigaciones y jornadas científicas en los que participan activamente muchachas y varones de todo el país como promotores, ponentes o beneficiarios de esta labor.

Actividad esencial de esos grupos es hacer el diagnóstico biopsicosocial de la población adolescente de su territorio e identificar factores de riesgo en la familia y comunidad que pueden estar incidiendo en la calidad de vida y salud física y mental de este grupo poblacional.

Así se detectan núcleos con tendencia al caos familiar, la falta de jerarquía o límites precisos, aquellos que sufren la incomunicación con el padre o la madre, e incluso entre estos y el resto de las personas significativas en su vida.

Igualmente se estudian familias que no constituyen una fuente eficaz de apoyo ante las dificultades cotidianas propias de esa edad, con desligamiento afectivo o de bajo grado de satisfacción vital, y se observan las rutinas hogareñas para detectar si escasean los espacios y momentos para nutrir afectivamente a sus menores, error que muchas veces impulsa a estos a buscar cariño, apoyo y orientación en grupos ajenos a la familia, no siempre eficaces.

Además de ofrecer diagnósticos, consejería y consultas, el CAISA organiza encuentros educativos en comunidades y centros escolares para aclarar dudas, promover autocuidado y apertrechar a los adolescentes de herramientas para mejorar sus relaciones o manejar eventos de violencia doméstica.

Experiencias como las de Santiago de Cuba, Matanzas y Ciego de Ávila, llevadas al Congreso de Educación Sexual celebrado en el país en 2010, demuestran su eficacia para brindar especial atención a la salud sexual y reproductiva de esa población adolescente, principal motivo de consulta a todos los niveles, sobre todo relacionado con inflamaciones pélvicas, embarazos no deseados o complicaciones en el parto, y en ambos sexos el incremento de las infecciones de trasmisión sexual (ITS) y del abuso sexual.

En especial llama la atención el descenso en la edad de inicio de las relaciones sexuales, alerta la máster Caridad Teresita García, quien lo asocia llamativamente a un evento sociocultural que recobra fuerzas para esta generación: la celebración de los 15.

Posterior a las consabidas fotografías, muchas jovencitas deciden tener sexo con su novio o con una pareja ocasional, «como si asistiéramos a la creación de un ritual pagano contemporáneo», apuntó en el Congreso Nacional de Ginecología y Obstetricia: «Es una nueva elaboración de lo que en otras épocas fue la presentación de la muchacha en sociedad».

Sobre la iniciación sexual hay un triple discurso adolescente con marcadas incoherencias entre lo que se conoce, lo que debe hacerse y lo que ocurre realmente, estima la especialista.

Hay diferencias notables por géneros, pero en ambos casos se perciben respuestas estereotipadas en relación al uso del condón, sobre el que la mayoría maneja un discurso positivo, bien informado y enérgico, pero eso no significa que en verdad lo usen todo el tiempo, tema que analizaremos en la página del próximo sábado.

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