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Raymel abona sus sueños

La historia de Raymel, un pionero de Isla de la Juventud que siente pasión por la agricultura, es muestra de la influencia de los Círculos de Interés en la formación vocacional y orientación profesional para el futuro

Autor:

Roberto Díaz Martorell

LA REFORMA, Isla de la Juventud. — El reloj marca las seis y media y Raymel sale de la cama como todos los días. Sale al patio, observa sus plantas, le dice algo a Campeón, su perro, le pasa la mano a Machito, el gato, y desayuna. Se asea, prepara la mochila y sale caminando para al escuela.

Este pudiera ser el inicio de un día normal de cualquier niño cubano, pero Raymel Durán Sierra, de 12 años, tiene una motivación especial, porque además de las clases, los amigos, los juegos… es el líder de otros 17 pioneros, quienes construyen todos los días sus sueños de convertirse en futuros hombres de la tierra.

Agrupados desde que cursaban el cuarto grado en el círculo de interés dedicado a fomentar la vocación por las labores agropecuarias, estos pequeños aportan con su trabajo diario en el huerto escolar a la dieta del resto de los alumnos de la escuela primaria Antonio Briones Montoto, en La Reforma, a más de 30 kilómetros de Nueva Gerona.

«Antes no comía vegetales porque decía que eran hierbas, pero después que conozco sus propiedades y lo bueno que es para la salud, lo como todos los días, sobre todo disfruto los que siembro yo mismo», comenta Raymel.

«Mi papá es ganadero y me gustaría seguir sus pasos en el futuro, aunque prefiero ser ingeniero agrónomo. En casa tengo sembrado yuca, plátano y espinacas. Mi abuela y mi tía ayudan y me motivan. Lo que he aprendido en el círculo de interés, lo aplico también en la casa», dice.

Para un territorio eminentemente agrícola como lo es Isla de la Juventud, los círculos de interés vinculados a esa rama deben estar en la preferencia de niños, adolescentes y jóvenes. Este ejemplo evidencia que cuando se trabaja con intencionalidad, amor y dedicación, se despierta la vocación porque estos 18 niños ya aspiran a ser productores, veterinarios o ingenieros agrónomos.

Ana Iris Gallego Ávila, asistente educativa al frente de este grupo de pioneros con interés agrícola, es una de las responsables que por cuatro años consecutivos su círculo de interés agropecuario ostente la condición de Referencia Nacional, que otorga el movimiento de la Agricultura Urbana y Suburbana.

«Funcionamos desde que estos 18 niños estaban en cuarto grado y ya están en sexto. Trabajamos todos los programas y subprogramas de la agricultura urbana, como el reino vegetal, reino animal, plantas medicinales. Entre las tareas fundamentales del grupo está la atención al huerto escolar del centro», explica.

Entre los conocimientos relevantes se destacan organizar el huerto escolar, la identificación por variedad de las plantas, el intercalamiento de los vegetales, la limpieza del área, aprender sobre los cultivos, sus ciclos y sobre el aporte de vitaminas y minerales a la salud humana.

Sin embargo, Irma Castañeda Cabrera, directora del centro escolar, tras reconocer los resultados en la formación vocacional y orientación profesional de los niños, sugiere que «se deben estrechar más los vínculos con las diferentes especialidades de la Agricultura, a fin de aportar los conocimientos a los estudiantes, porque no todos los maestros o asistentes educativos los dominan», acota.

No obstante, tanto Raymel como el resto de sus compañeritos continúan cosechando —además de vegetales, viandas y hortalizas en el huerto de su escuela— el éxito de lograr incorporar una cultura de consumo de estos productos en los demás pioneros e involucrar a sus familias en el difícil empeño de construir un sueño sembrado desde la vocación y la orientación profesional de sus maestros.

Amor y respeto por el trabajo

Raymel llega a la escuela y se suma, como jefe de Exploración y Campismo del colectivo pioneril, a la organización de la formación matutina. Da las voces de mando al estudiantado, y participa en los primeros minutos de la clase con información sobre la importancia de consumir vegetales y hortalizas.

Pasa el tiempo y después del almuerzo, donde nunca faltan los productos que cosechan en el huerto, Raymel y sus compañeritos se cambian de ropa y se adentran en su «planeta verde» al fondo de la escuela, donde pasan el resto de la tarde trabajando y aprendiendo.

«Los muchachos aquí hacen de todo. Nosotros los asesoramos, pero ya son casi expertos. Lo mismo los varones como las hembras guataquean, riegan las plantas, sacan las hierbas, siembran y atienden los canteros de plantas medicinales», dice el jefe del huerto.

Pero para Raymel el círculo no solo le enseña a trabajar la tierra y sacar sus frutos. «También aprendemos a ser solidarios porque nos ayudamos en todo y nos ha ayudado a ser mejores estudiantes», dice risueño este pequeño que adora el color azul, le gusta la música romántica y el reguetón, pero que siempre saca tiempo para el estudio.

Cae la tarde y se impone el retorno al hogar, quitarse el uniforme, jugar un rato con Campeón, dedicarle algunas caricias a Machito, regar las plantas del patio, ayudar a la abuela y a la tía en los mandados, estudiar, el baño, la comida, algo de televisión y a la cama, donde antes de dormir le dedica varios minutos a la lectura.

Raymel y este grupo de niños pineros apasionados por la agricultura —ninguno es hijo de campesino—, son el ejemplo vivo de que «el hombre crece con el trabajo que sale de sus manos», como dijo José Martí. Son ellos una franca demostración de que los círculos de interés pueden influir con éxito en la formación vocacional y orientación profesional de los estudiantes.

El círculo de Interés que dirige ahora Ana Iris, asistente educativa, es Referencia Nacional por cuatro años consecutivos.

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