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La Juventud ha sido para mí escuela y casa

Belkis León Gómez, la jefa con más años de experiencia en el país al frente de un departamento ideológico de la UJC, asegura haberse formado en la organización juvenil como persona, profesional y madre

Autor:

Lisandra Gómez Guerra

SANCTI SPÍRITUS.— Todavía el olor a estudiante y la huella del uniforme carmelita estaban frescos cuando asumió el timón de un aula. Como pudo, ocultó en su delgaducho cuerpo y baja estatura el manojo de nervios propio de toda primera vez. Solo el sonido del timbre la hizo poner los pies en la tierra, después de tantos minutos dejándose arrastrar por las tecnologías.

Bastó esa jornada para confirmar que no se había equivocado: Belkis León Gómez disfrutaba impartir clases en el otrora Instituto Politécnico de Informática (IPI) Armando de la Rosa.

«Tras estudiar cuatro años y medio el técnico de nivel medio en ese mismo centro, me propusieron quedarme como profesora. Fue esa una de las etapas más lindas de mi vida, porque además de ser un reto contar con 18 años —prácticamente la misma edad de mis alumnos—, me permitió crecer en lo personal».

Para esa fecha el anhelo incumplido de cursar estudios en la escuela militar Camilo Cienfuegos, de Sancti Spíritus, ya no dolía tanto: se había enamorado de una profesión que aún le apasiona.

«Éramos un grupo de más de 15 jóvenes que empezábamos a caminar en ese mundo. Recuerdo que en la primera reunión de padres de ese curso escolar, el director comentó que por la inexperiencia quizá alguno no tendría condiciones para estar al frente de ese proceso, y nosotros decidimos no dar el encuentro. Si creía eso, ¡¿cómo darnos la responsabilidad de ser guías de grupo e impartir dos asignaturas?! Al poco tiempo demostramos que estaba totalmente equivocado».

Junto a los surcos de tiza en las manos, guarda otras muchas anécdotas. El centro Armando de la Rosa —distante unos kilómetros de la urbe del Yayabo— se convirtió en su otra casa.

«Obtuve la Licenciatura en Educación en la especialidad de Informática, sin dejar de dar clases. Fui testigo cuando el politécnico fue centro de la Batalla de Ideas, cuando crecimos de tres naves a una construcción con excelentes condiciones. Limpiamos, pusimos ladrillos… Permanecí allí por 40 días cuando el brote de conjuntivitis y asumimos la responsabilidad como si fuéramos los padres del alumnado.

«Nunca olvido a un estudiante que tenía que sentar en la primera mesa porque si no perdía la concentración. Me pedía que lo aprobara y ya porque él sería panadero, no informático. Le exigí muchísimo. Hace poco lo vi y supe que es operador de audio. Recordamos aquellos días y me dije: valió la pena el esfuerzo de ambos».

Del aula al terrero

Entre los planes de clases, a la profe Belkis se le mezclaban varios documentos de la Unión de Jóvenes Comunistas. Fue miembro del Comité UJC del IPI, primero. Luego, miembro del Comité Municipal de la organización. Más tarde resultó seleccionada como miembro no profesional del Buró Provincial e incluso fungió como secretaria general del Comité UJC del plantel. Un camino largo, recorrido paso a paso.

«En 2010 llegó el momento de aceptar el siguiente reto: funcionaria en el Comité Municipal. Estuve al frente de la actividad de Cuadros, asuntos generales y planificación, además de las organizaciones de base».

Desgrana historias y no parece que importara el poco tiempo que le quedaba para su vida personal. Dos años después una noticia la obligó a tomarse un año de respiro: Leinier, su primer hijo, le robó las horas.

«Cuando me tocó reincorporarme, Julio Jiménez —entonces secretario del Comité Provincial de la UJC en Sancti Spíritus— me pide que le acompañe en las tareas. La decisión no fue fácil, después de largas conversaciones en casa para saber lo que quería, asumí como funcionaria en la esfera educacional, atendiendo la Federación de Estudiantes de la Enseñanza Media (FEEM) y el sector del deporte. Estuve ahí más de un año, hasta que salí embarazada de mi pequeño Leodanis».

El retorno —asegura— fue complejo. Sobre sus hombros recayeron entonces la Federación Estudiantil Universitaria (FEU) y el sector de la Salud.

«Al poco tiempo deciden que pase al frente del Departamento Ideológico. Cinco años después lo agradezco: los retos y las exigencias me han obligado a prepararme y formarme como cuadro y persona, porque las transformaciones son muchas y tenemos que estar en constante intercambio con la juventud, esa que hoy prefiere estar muchas veces en las redes sociales que en los espacios físicos».

Entre sus homólogos, Belkis es la jefa de departamento de más experiencia en el país. Pero en ese tiempo no ha dejado a un lado la academia. Esta espirituana es de las que apuesta por sumergirse en los libros para transformar la práctica.

«Hacerme máster en Ciencias Pedagógicas fue una necesidad. Mi esposo, Renay, cumplía misión en Angola y desde allá me dijo: ¡Arriba, que puedes! En la retaguardia con los niños estuvo mi mamá, Ada Milagros.

«El apoyo de ellos y de toda la UJC hizo que terminara la maestría. Fue duro porque me coincidió con actividades y procesos que no podía delegar. Incluso la defensa de la tesis coincidió con la recuperación de mi mamá tras un accidente, mis niños en casa por estar de vacaciones y yo enferma por una caída. Pero la defendí, y me ha servido de mucho en mi labor».

A Belkis León —con 35 años— ya le han anunciado que otras responsabilidades le esperan. Y en cada diálogo siente como si el pecho galopara desbocado.

«Lloro cuando me dicen que me queda poco en la UJC. Esta ha sido mi escuela y mi casa. Mis compañeros, mi familia… Son 12 años de entrega a una organización donde me he formado como persona, profesional y madre.

«Pero reconozco que la UJC tiene que parecerse a sus jóvenes y ya hoy no soy tan cercana. Nuestra juventud es de movimiento. Imagínate: digamos que ya no podemos subir a Caballete de Casas, asistir a una acampada o dominar las tecnologías porque estamos “mayorcitos”», razona sonriente.

«Te aseguro que cuando ya sea inevitable el tránsito al Comité Municipal del Partido me llevaré muchísimos momentos lindos, porque siento a la Juventud como parte mía, y cuando hay un proceso que no sale o hay dificultades para el cumplimiento de una tarea lo sufro, porque vivo cada uno de sus pedacitos de historia».

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