Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

Al compromiso llaman, Sancho

Autor:

Luis Sexto

Sea más explícito cuando se refiera a la burocracia y al daño que ella pueda causar, me impele un lector. Y le agradezco la perentoria sugerencia. Porque a veces el comentarista escribe teniendo en cuenta las referencias vigentes en determinado momento de la sociedad. Habla suponiendo que los lectores están al tanto. Hay, pues, excepciones. Y lo primero que he de aclarar es que no suelo referirme a la burocracia, sino a la mentalidad burocrática.

No son lo mismo. Entre varias definiciones, el diccionario dice que burocracia es el conjunto de los funcionarios públicos. Con lo cual uno se percata de que tienen una tarea que cumplir: establecer, controlar, servir de intermediarios con la mayor eficiencia entre la organización social y los ciudadanos… Ahora bien, la mentalidad burocrática es lo opuesto. Y es a ese sentido contrario al que yo me refiero cuando intento alertar, casi machaconamente, del posible papel distorsionador del burocratismo en el proceso de actualización de la economía.

Y ese cuerpo de actitudes y visiones dogmáticas surge y crece en la sociedad, a mi modo de juzgar, cuando la burocracia, prevalida de una exagerada verticalidad en el orden socioeconómico, pretende pasar de servidora pública a ser servida por el público, convirtiéndose en un fin en sí misma, en un objeto «para sí». Por tanto sus intereses empiezan a diferenciarse de los intereses generales, tanto como para practicar una conducta que aparente acatar sin mostrar que incumple, o aceptar las soluciones descomponiéndolas en lo que no son. De ahí que sea una de las prohijadoras del igualitarismo y el paternalismo como formas de distribución y relación social que implican una subordinación entre el que recibe y el que da, aunque estas concepciones solo subsistan ya como ilusión.

Este ha sido un resumen más o menos teórico. Pero sé que hace falta algún ejemplo. Y la semana anterior me refería a que en algún sitio la descongestión de las plantillas afronta el peligro de ser mal aplicada por el ejercicio de la mentalidad burocrática. ¿Dudaríamos, dada nuestra experiencia, de que le acomodaría dejar las cosas como están, para menos compromiso? ¿Duro el juicio? Tal vez no tanto. Porque el país está lo suficientemente maduro para saber y explicarse cuántas iniciativas revolucionarias muy útiles y creadoras perdieron alguna vez efectividad por la influencia de la distorsión burocrática.

Más cercanamente hemos sabido de procederes que han intentado confirmar en la plantilla al trabajador que le conviene, y no el que conviene a la producción o a determinada ocupación. Porque si de verdad esos actos tan negadores de la voluntad y la metodología del Gobierno, reaccionaran como copropietarios de los medios de producción, siempre confirmarían al que, con su aptitud, garantizaría la costeabilidad o la rentabilidad. Por lo tanto, las palabras no pueden usarse en el significado que no poseen. Si decimos racionalizar las nóminas laborales, ello implica que para «racionalizar» hay que emplear métodos y visiones «racionales». Pues razón con razón se paga.

No sobra, así, recalcar la urgencia de movilizar los «cien ojos» del control horizontal, democrático. Los expertos, funcionarios y dirigentes sindicales encargados de decidir en tan sensible decantación han de observar y oler —por todo cuanto se echaría a perder— el desvío de los conceptos más válidos. Porque, y quienes me lean no se sorprendan, ya en algún lugar han pretendido que los sectores no básicos del centro de trabajo ejerzan el papel de víctimas propiciatorias, reduciéndolos al máximo para no tocar al resto. Total, el piso puede estar sucio. Parece correcto. Pero en la práctica resulta una distorsión. Porque, de acuerdo con mi punto de vista, las labores fundamentales, cuando cuentan con exceso de trabajadores, y aunque la plantilla global se haya empequeñecido, se exacerban en sus costos y se amenguan en la productividad.

Bueno, no sé mucho de estas cosas. Y aunque he abonado lo mismo con lo mismo, he cumplido con el deseo de un lector. Y lo cumplo porque el periodista está comprometido con los fines e intereses de su nación.

Comparte esta noticia

Enviar por E-mail

  • Los comentarios deben basarse en el respeto a los criterios.
  • No se admitirán ofensas, frases vulgares, ni palabras obscenas.
  • Nos reservamos el derecho de no publicar los que incumplan con las normas de este sitio.