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Cuba y los derechos humanos: una obra y un reconocimiento

Autor:

Juana Carrasco Martín

El Examen Periódico Universal del Consejo de Derechos Humanos de la ONU sobre la Isla y su quehacer puede catalogarse de un rotundo éxito para el pueblo cubano

Durante casi 20 largos años, la fenecida Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas fue una maquinaria donde Estados Unidos y un pequeño grupo de países industrializados imponían políticas y criterios para juzgar selectivamente a quienes etiquetaban como violadores en ese campo tan abarcador del respeto a la dignidad humana.

Washington promovió allí un ejercicio de peritaje anticubano que buscaba refrendar su criminal bloqueo económico y comercial, una práctica que sufrió rotundo revés cuando, como consecuencia del desprestigio de la CDH, surgió con un mandato y un procedimiento bien diferente, con participación universal y naturaleza objetiva, el Comité de Derechos Humanos, al que ni siquiera el imperio pudo acceder como Estado miembro, y menos aún doblegar voluntades mediante sus habituales tácticas de presión y chantaje.

En ese contexto de transparencia y sin exclusión de ninguna clase, todas las naciones del planeta deben rendir cuentas de su actuación ante el Grupo de Trabajo del Mecanismo de Examen Periódico Universal. El 5 de febrero le correspondió a Cuba.

El Informe presentado por la ministra de Justicia, María Esther Reus González, quien encabezó la delegación integrada por el viceministro primero del MINREX, Bruno Rodríguez Parrilla, y representantes de diversas instituciones, recogió la obra cubana en la promoción y la protección de la dignidad y el bienestar de cada ser humano, y su empeño y cooperación para que esos derechos florezcan en diversos rincones del planeta.

En el debate de aquella jornada, hablaron 60 países y se puso de manifiesto el apoyo internacional a Cuba, pues 51 alabaron con justeza, reconocieron y respaldaron la actuación cubana, y nueve —por cierto todos de aquel grupo rico y otrora poderoso en la CDH— dejaron caer gotas de acíbar, cuestionando el desempeño de la Isla en materia de derechos civiles y políticos; así ignoraron intencionadamente que fue la Revolución la que permitió a cubanas y cubanos el pleno disfrute de la libertad y la independencia.

Por supuesto, tales señalamientos «fueron respondidos con la dignidad y firmeza que han caracterizado la resistencia e inspirado la convicción de victoria de nuestro pueblo, pues no admitiremos jamás que se intente socavar el disfrute del derecho a la libre determinación ganado en dura lucha», comentó a JR uno de los delegados.

Poco días después de la presentación, exactamente el 9 de febrero, y como parte de las actuales normas, el Grupo de Trabajo del Mecanismo de Examen Periódico Universal del Consejo de Derechos Humanos, adoptó el documento de evaluación de la presentación y defensa del Informe de Cuba ante dicho mecanismo.

Para Cuba, convencida de la utilidad del diálogo respetuoso y constructivo, fueron meses de intensa preparación del Informe, en que desarrolló un amplio proceso de consultas a instituciones estatales y de gobierno, al Parlamento y a centenares de organizaciones de la sociedad civil cubana.

Ahora, cuando el apoyo de amplios sectores de la comunidad internacional se hizo patente, puede considerarse que el pueblo cubano ha tenido un nuevo y rotundo éxito en su reivindicación de la verdad y la justicia, emanado del justo reconocimiento a la obra y al desempeño de la nación cubana en esta esfera.

¿Qué se dijo?

En primer lugar, debe destacarse algo conocido y refrendado en numerosas ocasiones por la inmensa mayoría de los países miembros de las Naciones Unidas en su Asamblea General, el debate en el Palacio de las Naciones de Ginebra explicitó la desaprobación mundial al criminal bloqueo, que impacta negativamente en el disfrute de los derechos humanos de cada cubano.

Un segundo y generalizado elemento fue el respaldo a los éxitos cubanos en el área de los derechos económicos, sociales y culturales, y los elogios a la cobertura universal, la gratuidad y la excelencia de los sistemas de salud y educación.

Una veintena de oradores añadió, como paradigmas de humanismo y fraternidad, la cooperación internacional cubana en estos campos con decenas de países de África, Asia y América Latina. Dicen los presentes en las jornadas del CDH en Suiza que emocionaba escuchar las alabanzas al método de alfabetización Yo, sí puedo y a la atención oftalmológica de la Operación Milagro, ejemplos de prácticas solidarias de un pueblo al que también se le reconoció su capacidad de resistencia y su voluntad de victoria, a pesar de los graves obstáculos que ha debido enfrentar.

Algunas frases tomadas de los discursos validan el prestigio cubano: «Cuba ha sido un campeón de la justicia social», dijo la delegación filipina; «Es un modelo de Cooperación Sur-Sur, al compartir con otros países en desarrollo sus mejores prácticas en educación, salud, protección al empleo, mitigación de desastres naturales e igualdad de géneros», expuso la representación de Bangladesh.

Túnez reconoció que «miles de estudiantes procedentes de diversos orígenes se han beneficiado de una educación de calidad en las universidades cubanas», y Paquistán el humanismo y entrega de los colaboradores cubanos «en el enfrentamiento de las secuelas del terrible terremoto» que asolara a ese lejano país asiático.

Argelia, Cote d’Ivoire, India, Sri Lanka, Libia y Honduras admiraron esos logros o la práctica de la solidaridad, tanto por el envío de brigadas médicas cubanas, como por el otorgamiento de becas para el estudio de Medicina.

Sudáfrica rindió «tributo al pueblo cubano por su solidaridad, apoyo y el papel crucial desempeñado por varias décadas en la lucha por la libertad del pueblo sudafricano durante la era del Apartheid», lo que calificó como «desinteresado acto de valentía» que «coadyuva a reforzar la dignidad y el valor del ser humano».

Brasil expresó que «el informe de Cuba muestra equilibrio sobre todo cuando reconoce los desafíos todavía existentes en un país en desarrollo», a lo que añadió que «estas dificultades son aún agravadas por un bloqueo económico incompatible con la promoción y protección de los derechos humanos».

Elogiosos comentarios de otros testigos del quehacer cubano fueron expresados por las delegaciones de Ecuador, Nicaragua, Bolivia y Venezuela, que hablaron tanto de los esfuerzos y la voluntad política comprometida con hacer realidad los derechos humanos para todos, como de una práctica de la democracia sólida y participativa.

No solo fue el Sur del planeta el que hizo justicia, Ucrania «extendió el más profundo aprecio del pueblo y el Gobierno ucranianos por el tratamiento y la asistencia médica brindada por Cuba a numerosas generaciones de niños ucranianos afectados por la catástrofe de Chernobil»; y la delegación de la Confederación Suiza declaró que «Cuba ha tenido durante 50 años resultados ampliamente reconocidos en materia de educación y salud, que pueden servir de ejemplo», e indicó que «el embargo americano a Cuba afecta las condiciones materiales y el buen funcionamiento de la sociedad cubana».

Esto es apenas una muestra de las decenas de países que mostraron su apoyo a la noble y humana obra del pueblo cubano. Quizá el compendio de esos criterios extendidos este reflejado en el párrafo 51 del informe de conclusiones del examen de Cuba:

(...) «Numerosas delegaciones felicitaron a Cuba por la calidad de su informe nacional y su presentación, la que calificaron de muy ilustrativa y abarcadora. Varias delegaciones dieron la bienvenida al proceso amplio y participativo a través del cual el Gobierno incluyó a la sociedad civil en la elaboración del informe nacional. Fue además destacado el que dicho informe haya sido divulgado oportunamente a través de varios medios, como culminación de un proceso que involucró a numerosos ministerios e instituciones no gubernamentales, así como a un elevado número de organizaciones no gubernamentales y otras entidades del país. Fueron también bienvenidos los esfuerzos cubanos en la preparación de su revisión, así como su constructiva participación en el proceso. Muchas delegaciones reconocieron el papel cumplido por Cuba en el Consejo de Derechos Humanos, en su capacidad nacional y como Presidente del Movimiento de Países No Alineados.» (...)

También hubo recomendaciones

Los procedimientos del Consejo determinan que el análisis o examen de cada país lleva las recomendaciones de otros Estados, a partir de sus percepciones sobre el modo de consolidar y perfeccionar el disfrute de los derechos humanos en el país que se evalúa. Eso sí, las sugerencias que pueden ser muy diversas sobre los derechos civiles, culturales, económicos, políticos o sociales, siempre deben asegurar el pleno respeto a la soberanía de los pueblos para determinar su ordenamiento jurídico e institucional. Es norma también que el Estado examinado tiene el derecho de aceptar, rechazar, o enviar posteriormente comentarios sobre esas recomendaciones.

A Cuba se le formularon 89 recomendaciones y aceptó plenamente 60 de ellas: 57 planteadas por países africanos, asiáticos, latinoamericanos y caribeños, así como por Rusia y Belarús y tres sugeridas por países de Europa Occidental. Pero sobre otras 17 el Estado cubano remitirá sus comentarios antes de la adopción formal del informe por la XI sesión del Consejo de Derechos Humanos, en junio próximo.

«Ninguna de estas 17 recomendaciones cuestiona el sistema político o el marco jurídico establecido por el pueblo cubano», explicaron a JR fuentes de la Cancillería, que añadieron «todas son autoría de países occidentales industrializados».

La decisión de objetar otras pocas se sustentó en la resolución 60/251 de la Asamblea General de la ONU

—que establece esa posibilidad—, porque son incompatibles con el ejercicio del derecho a la libre determinación del pueblo cubano. Como ha sido principio, voluntad y práctica, Cuba jamás pondrá en juego su soberanía ni los ideales de su Revolución.

¿Acaso todas las recomendaciones sugieren críticas o rechazo a la actuación cubana? Pues no; la mayoría solicitan que se continúen los esfuerzos para asegurar, tanto como sea posible, el disfrute de los derechos económicos, sociales y culturales de cubanas y cubanos y los objetivos de desarrollo del milenio; recomiendan que sigamos avanzando en los programas de igualdad de géneros y el acceso de las mujeres a cargos de dirección; también en lo referido al disfrute de la libertad de religión y creencia, incluido el derecho a elegir una creencia propia o a no profesar ninguna, como dijo la Federación Rusa; o continuar aplicando los programas que promueven los derechos de las personas con discapacidades.

Muchos instaron a Cuba a continuar: extender y compartir experiencias y logros en la educación y la salud, incluida la creación de condiciones para su gratuidad en todos los niveles. Así dijeron no pocos sobre Yo, sí puedo y la Operación Milagro, acerca de la atención ciudadana mediante los trabajadores sociales, y a la juventud, o el tratamiento a los reclusos con los planes dirigidos a convertir las prisiones en escuelas y centros de mejoramiento humano, o la gestión para prevenir y preservar la vida humana ante los desastres naturales, o el fortalecimiento de la informatización de la sociedad cubana, como recomendaron en cada caso Ghana, Venezuela, Bután, Malasia, China, Yemen, la República Dominicana, Vietnam, Uzbekistán, Djibuti y Qatar, por citar algunos.

Laos, Vietnam, Venezuela, entre otros, recomendaron que mantengamos y fortalezcamos nuestro modelo económico, político y social, el que libremente hemos escogido, el socialismo que garantiza justicia para todos.

Palestina no fue el único en recomendar que Cuba siga apoyando el derecho a la libre determinación de los pueblos y a su independencia.

Cuba, a su vez, confirmó el compromiso de fortalecer el CDH y su mecanismo de Examen Periódico Universal, como vía válida para la cooperación internacional, porque respeta los principios de universalidad, objetividad, imparcialidad y no selectividad.

Por supuesto, este ejercicio que ha sido de claro apoyo y aliento al empeño del pueblo cubano por la causa de los derechos humanos, de la verdad y de la justicia, compromete a Cuba en el estudio y aplicación de aquellas recomendaciones que mejoren la obra de una Revolución que tiene como objetivo las máximas martianas de no descansar hasta alcanzar toda la justicia. Justicia para todos los cubanos y otras naciones del mundo, porque Patria es humanidad.

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