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Coquette: ¿la tendencia de 2024?

Autor:

Edel Alejandro Sarduy Ponce

En un contexto donde el mundo gira en torno al consumismo y bajo la incidencia permanente de una economía de mercado digital, los efectos de la industria cultural continúan perpetuando los esquemas de comportamiento en la sociedad. La revolución constante en el mundo de la moda y los estilos parece aumentar su influencia gracias al universo expansivo de las redes sociales.

Un simple accesorio incorporado a la vestimenta rutinaria, o simplemente su modificación en cuanto a forma de uso, puede generar, con una buena aceptación por parte de las personas, una nueva tendencia.

Si bien no es una novedad el impacto del término aesthetic en el pasado año, cuya búsqueda en los estilos clásicos para renovar su esencia con aspectos actuales llevó a una estética original, el 2024 inició con la viralidad de un nuevo fenómeno para la comunidad femenina.

El término coquette no es más que la denominación en idioma francés de algo o alguien seductivo, coqueto, que busca resaltar lo sensual y, al mismo tiempo, es refinado. Dicha palabra ha generado controversia en los meses transcurridos de 2024, particularmente en alusión a una nueva tendencia en las mujeres con modos de vestir muy originales, entre ellas, figuras de reconocimiento internacional, y por tanto no tardó en expandirse hacia las generaciones más jóvenes.

Empero, como todo fenómeno de índole social, la tendencia ha estado expuesta a muchas interpretaciones erróneas. Si bien el excentricismo de dicho estilo puede no ser asimilado por todos, tampoco debe ser relacionado con ámbitos de carácter puramente sexual, como es el caso de las damas de compañía.

La búsqueda de resaltar lo hiperfemenino no implica una provocación erótica, ni se emplea el nudismo como factor subversivo. Lo excesivo no forma parte de esta matriz de moda, que prefiere realzar lo inocente, algo muy repetido en los memes y reacciones.

Como era de esperarse, a partir de los estilos más recientes asumidos por los jóvenes, la tendencia Coquette recoge aspectos de décadas anteriores. En este caso, el estilo recrea la manera de vestir de las mujeres durante la revolución francesa, el estilo Lolita mantenido en Japón a finales de los años 90 y películas clásicas como María Antonieta, a inicio de los 2000. Todos esos patrones han sido fusionados al modo casual e informal de las chicas actuales, con un look fresco, llamativo y original.

Las plataformas comunicativas y de entretenimiento, así como muchas influencers, han incorporado esta tendencia llamativa en el universo de la belleza, y no son pocos ya los tutoriales en torno a cómo lograrlo realmente. Tanta influencia ha ejercido el estilo que logró incorporarse en el entorno de la moda a nivel profesional, donde figuras representativas como Hailey Bieber o Elsa Hosk ya han demostrado su uso de manera reiterada.

Una vestimenta Coquette busca personificar a la mujer con un aspecto de muñeca sensual y elegante. La imagen de dicha tendencia da preferencia a los llamados colores pastel, con tonos claros sobre lo salmón, verde, azul y en especial el rosado, aunque puede admitir prendas negras o rojas en su conjunto como contraste.

Los vestidos constituyen la prenda predilecta de las modelos Coquette, y su accesorio insignia son los lazos de diferentes tamaños colocados en lugares clave. El satén, el tul y el encaje son los tejidos más significativos dentro de este novedoso estilo.

Entre los accesorios clásicos adjuntados al aspecto Coquette destacan los guantes, perlas refinadas, cuellos grandes y bien cargados de accesorios, en busca de un equilibrio entre lo elegante y lo egocéntrico de la personalidad de quien lo porta. En cuanto a calzados, el tacón bajo es representativo en el estilo.

Egocéntrico, escandaloso, ridículo, hermoso... Muchas son las denominaciones sobre una tendencia en la vestimenta que domina el mercado de la moda en estos momentos. Sin embargo, es una realidad la incitación y atracción por lo diferente en el imaginario social de las generaciones jóvenes de estos tiempos, sobre todo en la adolescencia, pues el cambio de apariencia es sinónimo de avance: un proceso inevitable no solo en la ropa, sino también en los pensamientos.

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